lunes, 7 de febrero de 2011
Télam
Mientras espera el lanzamiento de sus "Cuentos reunidos", el escritor Alberto Laiseca se dedica a narrar célebres "Cuentos de terror" en el ciclo "Noches de luna y misterio", en distintos espacios porteños, que le permite demostrar también sus dotes histriónicas en relatos de Edgar Allan Poe, H. P. Lovecraft, Horacio Quiroga y otros de su autoría.
Juan Manuel Rapacioli
El autor de "Matando enanos a garrotazos" y "El jardín de las máquinas parlantes" es un hombre polifunción: en los últimos años participó del film "Deliciosas perversiones polimorfas", de Eduardo Montes Bradley, además de haber tenido un espacio propio en televisión con el ciclo "Cuentos de terror" y de haber entregado un puñado de obras literarias novedosas como "El artista", su último título.
De hecho, esta novela además revela su afición a vincular distintos formatos artísticos, ya que el libro está inspirado en la película homónima de Mariano Cohn y Gastón Duprat, donde también hace una participación actoral.
El autor del "Manual Sadomasoporno" y de la mítica novela "Los Sorias" adelantó a Télam que en el marco del ciclo "Noches de luna y misterio 2011" -que se desarrolla cada noche de luna llena, en distintos espacios de la ciudad con entrada gratuita- contará algunos relatos en el cementerio de la Recoleta y aseguró que sus libros están atravesados por el "realismo delirante".
-¿Cómo es el traslado de un relato desde la escritura a la narración oral?
-Todos nosotros empezamos por la vía oral, comenzamos a contar cuentos hace miles de años, cuando todavía no sabíamos leer ni escribir. Alrededor de una fogata siempre había uno de nosotros que inventaba historias: ahí nació la literatura. Lamentablemente no quedó registrada, por eso retomar esa tradición no es tan difícil.
-¿Es una manera de acercar la lectura a los jóvenes o a públicos no lectores?
-Estuve tres años con mi ciclo televisivo en Isat y tenía muchos chicos que me seguían. Estaba muy entusiasmado con eso, porque ellos son nuestro futuro. Hoy nadie lee, entonces sugerirle la lectura a los jóvenes me era satisfactorio, por ejemplo, dar a conocer a Poe. "Es bueno este Poe" me decían...(risas). Creo que es importantísimo incentivar a leer.
-¿Es difícil generar el hábito de la lectura en los chicos?
- Es difícil si al niño lo obligas a leer, por ejemplo, Pinocho. Ahora, vos narrale un pedacito de "La posada del cangrejo rojo", donde están el zorro, el gato y Pinocho, y donde todos son unos asesinos menos Pinocho que es un ingenuo, y vas a ver que después se prenden y quieren leer Pinocho a toda costa.
-¿Por qué es mejor contarles cuentos de terror a los chicos y no ocultárselos?
-Porque este es un mundo muy duro y parte de la didáctica es que el niño comprenda justamente que es muy duro. A Pinocho lo persiguen sus dos falsos amigos, sus dos traidores, como le puede pasar a cualquiera en un sentido más metafórico. Los persiguen para matarlo, para sacarle las monedas de oro que Pinocho tiene en la boca. Situaciones donde uno le quiere arrebatar algo al otro ocurren todo el tiempo en la sociedad. Y un chico debe saber estas cosas.
-¿En usted como funcionaron esas historias?
-A mí la literatura de terror, que mamé desde niño, me hizo muy bien. Me daba mucho miedo, no podía dormir de noche, pero era el precio que tenía que pagar para crecer.
-¿Cómo fue su experiencia en la película "El artista"?
-Es mucho trabajo filmar una película, es un quilombo chino para todos: directores, actores, sonidistas y camarógrafos, pero vale la pena porque después que termina quedás contento, todos quedamos satisfechos.
-¿Y cómo le resultó haber escrito una novela a partir del guión?
-Lo de la novela fue una idea genial que se les ocurrió a los directores, es una cosa que no se había hecho antes. Siempre se hace primero la novela y de ahí se saca la película. Acá fue al revés, en la novela puse todo lo que no está en la película.
-¿Cómo se fundamenta el `realismo delirante`?
-Me interesa mucho la realidad: hay una obra que me gusta por su nivel de imaginación que es "Impresiones de Africa", de Raymond Roussel. Me encanta, pero yo jamás escribiría así: a Roussel le importa un carajo la realidad, le interesa el delirio por el delirio mismo, no es mi caso. Igual, cuando yo trato la realidad lo hago a través de las exageraciones del delirio, porque así se magnifica y se ve mejor. Mis obras son realistas antes que nada, nunca he desechado al realismo, pero lo mío es realismo delirante.
-¿La imaginación se estimula?
-La imaginación dura para siempre, yo jamás tengo vacíos creativos. Lo que me falta es tiempo, debo hacer otras cosas para ganarme el mango, cada vez tengo que trabajar más para ganar lo mismo, eso le quita tiempo a mi obra.
-¿Cuáles son sus lecturas recurrentes?
-Mis lecturas son diversas, tengo libros de técnicas militares que los usé para escribir "Los Sorias", técnicas de lavado de cerebro también para mis obras, pero no pienso lavarle el cerebro a nadie (risas). Además, mucha astrología, tratados de psiquiatría completos que he leído para construir mis personajes locos, para saber de qué hablo.
-¿A qué escritores contemporáneos siente cerca?
-Tengo una gran afinidad con Ricardo Piglia, Cesar Aira y Fogwill, pero de todas maneras, algunos de ellos son un poco nihilistas, y yo no me permito el nihilismo. A pesar de todo lo que los admiro y los quiero, no comparto eso. Si somos nihilistas cualquier guerra está perdida de antemano, uno debe tener un gran sentido de la victoria.
-¿Y de los extranjeros?
-Me gusta mucho Edgard Allan Poe. De él hay que leer absolutamente todo: cuentos, ensayos, artículos... es el gran maestro, de quien más cerca me siento. Era muy parecido a mi: un muy buen tipo que a veces no comía por días por los apremios económicos, pero su mujer, Virginia Eliza Clemm si comía todos los días, porque él le daba todo.
-¿En qué se parece a él?
-Me parezco a Poe en el sentido de que yo también soy un buen tipo y que todo mi espíritu perverso en vez de ponerlo en la vida lo pongo en la obra, me lo saco de encima. Eso hacía él: era el mejor marido que una mujer pudiese tener, aunque después en la ficción las enterraba vivas, les arrancaba los dientitos con una pinza.
-¿Usted también ha trabajado mucho y se ha muerto de hambre?
-Yo he sido muy pobre, casi pobre de solemnidad. Recuerdo que en una ocasión comí de un tacho de basura, así nomás.
-¿Qué lo impulsó a seguir escribiendo?
-Mi padre me puso a estudiar ingeniería química. No me recibí por supuesto, pero notaba que lo que más me atraía, en vez de ponerme a estudiar los textos de cálculo diferencial integral, era leer "Sabiduría China" de Lin Yutang. Entonces en un momento me di cuenta que lo mío era la imaginación, no las ciencias exactas.
-¿Está escribiendo algo ahora?
-Mi novela sobre Vietnam está acá, desordenada, no la puedo ni empezar a escribir. Me hago tiempos cuando puedo: de momento lo único que hago es leer los cuentos de terror que voy a contar, no tengo tiempo para otra cosa.
-¿Qué opina de que "Los Sorias" se haya convertido en una obra fundamental argentina?
-Eso está bien, pero mi problema es que no ha sido traducida a ningún idioma, por esa razón he de temer por su destino.
-¿La no traducción puede responder a un cierto nivel de complejidad en la obra?
-Sí, pero lo que no es complejo no sirve. Si a cualquier obra mía la lees con atención vas a entender absolutamente todo.
miércoles, 2 de febrero de 2011
Lai en Diario Z
Alberto Laiseca, con el terror a cuestas

La fila de humanos, silenciosa, atraviesa el jardín andaluz. cielo es una membrana opaca que oculta la luna llena. Los zapatos resbalan, se pegotean en el suelo húmedo, amigo de los helechos y de todas esas plantas que solían llenar los patios de antes. Hay hortensias. Detalle atemorizante para las mujeres de comienzos del siglo pasado, cuando remodelaron el caserón. Hacia el fondo, una luz rosada apunta a un enorme ombú. Es el sitio fijado para la ceremonia de lectura. Suena un violín. olor a tierra mojada se despeja. Desde un costado, el humo de tabaco negro advierte que la sesión está por comenzar.
Nueve de la noche en punto. Público circunspecto, edad promedio 50 años. El escritor Alberto Laiseca es el encargado de conducir la ceremonia. Narrará tres historias de terror y misterio: El pozo y el péndulo, de Edgar Allan Poe; La gallina degollada, de Horacio Quiroga, y uno de sus Cuentos de la Negra Tomasa. La velada en el Museo Enrique Larreta se inscribe en el ciclo "Noches de Luna y Misterio", organizado por la Secretaría de Inclusión y Derechos Humanos del Gobierno de la Ciudad. ciclo continuará con nuevas funciones, programadas para las noches de luna llena de febrero y marzo.
Silencio y la brasa del segundo cigarrillo de Laiseca. Primer acto. el turno de Poe. La historia se pega al oído. Es la subjetiva de un torturado en manos de la Inquisición de Toledo. hombre está encerrado en una celda que consta de diferentes mecanismos para asesinar. Laiseca acentúa en cada palabra la racionalidad del prisionero que busca desarticular la máquina de muerte. Dice que le duele, pero nadie le cree. Es evidente que al narrador le importa destacar la prevalencia de la pulsión vital frente a la necesidad imperiosa de hacer cesar el dolor. En síntesis, las estrategias del torturado para sobrevivir. Final y aplausos.
Siguiente acto, Horacio Quiroga y La gallina degollada. Un clásico trasvasado por Laiseca a fórmulas narrativas orales. Mucho giro expresivo y onomatopeya. Aquí no hay relato subjetivo. La historia se centra en una pareja del campo. Aunque claro que a cualquiera podría ocurrirle una desgracia parecida: niños estigmatizados y apaleados que matan a su hermanita. El temor de que los hijos enfermen o mueran está presente en los padres de aquí y allá. El siglo XXIno tiene por qué escapar de esa pesadilla. El acento de Laiseca está puesto aquí en el horror de la pareja que se echa culpas mutuamente, más que en el mecanismo que promete dolor y muerte.
La velada finaliza con uno de los cuentos de la Negra Tomasa. Laiseca glorifica la capacidad del relato nocturno para revertir los mecanismos de poder, que se esclerosan en la diurnidad. Los cuentos narrados a la noche son como las brujas: meten miedo. Controlan, desde el borde de lo desconocido pero posible, a quienes creen tener todo controlado. El niño Virgilito tortura durante el día a la Negra Tomasa. Y ella se venga metiéndole miedo durante la noche. Y Virgilito se hace adicto a las historias tenebrosas.
Esta vez el relato explota uno de los miedos más elementales: el terror a ser enterrado vivo. Una mulata embruja a una negra y hace que la entierren viva. Al exhumar el cuerpo, se encuentran con el ataúd arañado y el esqueleto dado vuelta. Imposible dejar de remitirse a la leyenda urbana del animador de televisión que, según se contaba antaño, corrió el mismo destino. Final de cuento, aplauso y silencio. El violín del maestro Jorge Gordillo acaricia el clima del retorno a casa.
Es extraño el público de Laiseca. Ala salida no se arman corrillos bulliciosos. Muy por el contrario, persiste la sensación de embrujo. Apenas puede oírse a unos turistas brasileños felicitar a Gordillo por su repertorio de folclore y tango. Son las diez y media de la noche. museo queda vacío. Desde Juramento se ve la luna con agua detrás de los álamos. Todo está bien ahora. Aunque mejor no hablar, mejor no pensar, en ciertas cosas.
Próximas funciones
El ciclo "Noches de Luna y misterio", con Alberto Laiseca y la participación del violinista Jorge Gordillo, tendrá dos funciones más. Están programadas para las próximas noches de luna llena. Las citas son: el viernes 18 de febrero, en el Jardín Botánico, av. Santa Fe y Armenia, y el sábado 19 de marzo, en la puerta del cementerio de la Recoleta Junín 1930.
Las actividades son gratuitas, con cupo limitado. espectáculo comienza a las 21, pero hay que retirar las entradas media hora antes. Se suspende por lluvia.
DZ/km
miércoles, 5 de enero de 2011
Para ir agendando
lunes, 13 de diciembre de 2010
Camilo Aldao
martes, 23 de noviembre de 2010
miércoles, 17 de noviembre de 2010
Otra vez al Zoo
Este sábado a las 21, en República de la India y Cerviño. Entrada gratis.
El Horrísono deleitará a sus víctimas con los cuentos: El gato negro, de E.A.Poe; El alacrán de Fray Gómez, de Ricardo Palma; El brujo postergado, del Infante Don Juan Manuel; y Los chanchos, de su propia autoría.
[Las entradas se retiran a partir de las 20.30]
viernes, 29 de octubre de 2010
Terror bajo la luna



Dicen que el león se quedó en su jaulita con la cola entre las patas, que el hipopótamo se fue al fondo de la pileta, y que los pájaros cerraron el pico... todos impresionados con el balido de la oveja carnívora. No es para menos, noche de luna llena y el Monstruo suelto en el zoo.
martes, 26 de octubre de 2010
El conde & el dandy
sábado, 16 de octubre de 2010
A la luz de la luna

Noches de luna y misterio es un compendio de esas leyendas urbanas que forman parte del imaginario de la ciudad y se transmiten fundamentalmente a través de la oralidad, integrando parte de la cultura popular de los porteños.
Los esperamos en la luna llena del 23 de octubre, a las 21 hs, en el zoológico de la ciudad, ubicado en Republica de la India y Serviño,
La actividad es gratuita con cupo limitado. Las entradas podrán retirarse el mismo día de la función, a partir de las 20.30 hs.
lunes, 4 de octubre de 2010
Berazachussetts II
Alberto Laiseca participó de la 5º Feria del Libro, Artes y Afines de Berazategui “LibrArte” 2010. El sábado 2 de octubre, en la sala Jorge Luis Borges, recreó “El túnel” (relato incluido en la película “Sueños” de Akira Kurosawa); “El entierro prematuro”, de Edgar Allan Poe; y un fragmento de la película “El Padrino”, de Francis Ford Coppola. Al finalizar, Lai habló con sus seguidores y firmó autógrafos.
José María Marcos, enviado especial
jueves, 30 de septiembre de 2010
Berazachussetts I

Sábado 2 de octubre, 20.30: El Conde Laiseca cuenta.
Programación completa click!
sábado, 25 de septiembre de 2010
Spregelburd lee

"Alberto Laiseca, protagonista de la película homónima de Gastón Duprat y Mariano Cohn, reescribe como novela el guión de Duprat. Un experimento de gran sensualidad: el personaje, mudo en la película, es el punto de vista ideal para esta versión. Una rareza literaria."
martes, 14 de septiembre de 2010
Laiseca atraviesa el Paralelo 42
LA GIRA DEL CONDE POR LA PATAGONIA
Entre el jueves 2 y el domingo 5 de septiembre, Alberto Laiseca hizo lo conocido y lo desconocido, lo esperable y lo inesperado, dejando catalépticas a las ciudades de Trelew y Puerto Madryn.
El cometido principal de la invitación al Conde a la Patagonia fue la presentación del tercer número de la Colección Patagonia Ficción, dirigida por Hernán Bergara y producida por la editorial Tela de Rayón, que posibilitó todas las actividades que se desarrollaron en la zona, incluidas la invitación a Puerto Madryn y su participación en la 6ta Ferifiesta del libro y la lectura en Trelew.
(Para leer la crónica completa click aquí.)
domingo, 5 de septiembre de 2010
Avistaje de monstruo en Puerto Madryn
Foto y crónica gentileza de José María Figueras
martes, 31 de agosto de 2010
Trelew
Alberto Laiseca será parte de la Ferifiesta del Libro y la Lectura que se llevará a cabo en Trelew, entre el 2 y el 5 de septiembre.El jueves a las 19.45, entrevista abierta y los cuentos de terror de Il Mostro.
+info: ver cronograma.
miércoles, 11 de agosto de 2010
Reedición de un clásico
martes, 13 de julio de 2010
Laiseca en RADAR Libros
Por Fernando Krapp
domingo, 27 de junio de 2010
Más vendido

jueves, 10 de junio de 2010
Casa de la Lectura
sábado, 5 de junio de 2010
El Monstruo toca el timbre

martes, 25 de mayo de 2010
Este miércoles 26
sábado, 12 de diciembre de 2009
Esta noche sale el Monstruo
A las 23.00 en la librería Hernández. Entrada gratis.
domingo, 15 de noviembre de 2009
Laiseca en la Feria del Libro de Aguascalientes (México)
lunes, 9 de noviembre de 2009
Estás nominado!
lunes, 28 de septiembre de 2009
Se presentó el Segundo Subsuelo, suplemento cultural de EL POPULAR Medios
Se inauguró la Muestra Libros en Olavarría
El escritor Alberto Laiseca fue la presencia destacada de la primera jornada de la tradicional muestra. Hubo un homenaje a Vicente Martín y se presentó el Segundo Subsuelo.
Ayer a las 19 dio comienzo la Muestra Libros en Olavarría. El acto inaugural consistió en un homenaje al escritor local Vicente Martín y contó con la presencia del intendente José Eseverri acompañado por el secretario de Cultura Eduardo Rodríguez. La sala estaba atestada y fue de una emoción a otra cuando en ciertos pasajes de las múltiples muestras de afecto se lo reconocía antes que un buen escritor una buena persona. Algunos pudieron recordar cómo fue que conocieron a Vicente Martín y la sensación que sus textos les causaron como lectores. Entre ellos estuvo Beto Ortiz, también escritor local. Luego de la lectura de algunos pasajes de su obra concluyó con un reconocimiento que le fue entregado por el Intendente y con un sentido aplauso de una sala repleta de amigos.Después le llegó el turno al lanzamiento del suplemento cultural del EL POPULAR Medios, Segundo Subsuelo. El andar cansino de Alberto Laiseca y sus casi dos metros de altura lo hacían sobresalir entre la gente que abandonaba la sala. Su presencia intimaba y casi nadie se le quiso acercar mucho. El camino entre las vitrinas que tenían ediciones del Quijote y cansado, luego de un viaje hasta nuestra ciudad de más de cuatro horas, se sentó en un banco. Mas allá se preparaba la mesa con las sillas que luego ocuparía el staff de Segundo Subsuelo junto con el escritor de la mítica novela "Los Sorias". A continuación Laiseca en persona caminó por el centro del salón del Honorable Concejo Deliberante y fue como si el Monitor, dictador de Tecnocracia, caminase entre sus súbditos que parten a la guerra. Todo se quedó en silencio y solo se escucharon los murmullos de los presentes. Bastantes asistentes para un autor de culto, alrededor de cuarenta personas, entre ellos se encontraban: En primera fila Eduardo Rodríguez, un poca atrás estuvo Aurora Alonso, directora de la revista literaria de Coopelectric y Daniel Fitte, autor de las tapas del suplemento, prefirió quedarse entre el público junto al artista plástico Benjamín Aitala.Mientras que la mesa fue ocupada por Alberto Sánchez Graf, Guillermo Del Zotto, en el centro Alberto Laiseca, a su lado Rodrigo Fernández e Ignacio Hurban. Guillermo Del Zotto comenzó agradeciendo al diario por el apoyo al proyecto del suplemento cultural y luego leyó un "Intramanifiesto" que es la columna vertebral del Segundo Subsuelo ya que en él se asientan las ideas y los conceptos a los que el suplemento apunta. El momento siguiente fue para presentar a los otros colaboradores que fueron comentando sus propias impresiones sobre el acto de escribir y la sensación de saberse leído. Cuando le llegó el turno a Alberto Laiseca habló sobre "el acto heroico de comenzar con un suplemento cultural" y continuó diciendo que Internet les hacia a los jóvenes un daño importantísimo porque los estaba dejando sin imaginación. También se refirió al momento de su infancia donde empezó sin querer a escribir "Los Sorias" y como "los libros, las historietas, la lectura y la imaginación me salvaron la vida". En el final Del Zotto le entregó un diploma por su presencia en la Muestra y Pacho Urban hizo lo mismo con él. Mientras la sala se vaciaba los fanáticos del autor perdieron el miedo y se acercaron a que les firmara sus libros. Laiseca firmó todo lo que le mostraron y contestó las preguntas con mucha tranquilidad.Afuera la noche tenía una luna llena que prologaba la narración de los cuentos de terror que Alberto Laiseca realizaría en el Circo de Poesía.Las actividades del fin de semanaEsta tarde la actividad de la Muestra Libros en Olavarría comenzará a las 17 con un homenaje a Mario Benedetti. A las 18, conferencia de Viviana Torres y exposición de Marisol Farana. A las 18.15, curso de filosofía del licenciado Eduardo Rodríguez. A las 18.30, disertación de Gloria Rodrigué. A las 19.30, conferencia de María Luisa Femenías y presentación del libro de Nilda Baliño. A las 20.30, espectáculo con Canela, quien será declarada Huésped de Honor.El domingo, a las 17, se presentarán producciones literarias por alumnos Escuela Nº 48 Paraje La Moderna. Macondo Creativa expondrá "Libros de artista" juntamente con alumnos Escuela Nº 40 de Espigas. A las 18, taller para niños de Rita Toniutti. A las 19, libro de Ana María de Benedictis. A las 20, presentación del libro de Anabela Loy y Daniel Vidart y muestra "Ellas al desnudo". A las 20.30, presentación de la novela ganadora del Premio Emecé "Lo que nosotras sabíamos" por su autora María Inés Krimer.
miércoles, 9 de septiembre de 2009
Tempestad y asalto
Revista Ñ, sábado 20 de junio de 2009
Tempestad y asalto
Angel Faretta
Sudamericana. 251 páginas.
Es ésta una extraña y bella novela. El autor, por momentos, utiliza un lenguaje de otro siglo. Ello es sin duda deliberado y no choca en absoluto. Al contrario: enriquece.
Parte de la acción transcurre a finales del siglo XVIII y se interna en los primeros años del XIX, faltando minutos para la Revolución de Mayo. Se ha dicho que los grandes imperios, generalmente, caen por no mirar. Se apoltronan y esta estupidez los destruye. Así pasó con estos virreinatos nuestros. La Corona española –si no entendí mal al autor de esta novela– hizo muy mal en disolver a la Sagrada Compañía (a los jesuitas) pues ella prestaba a España su vigilancia atenta.
Pero más allá de que lo arriba apuntado sea o no verdad, lo cierto es que la trama se va organizando alrededor de los partidarios de la Razón (o iluminados). Ellos, como los revolucionarios franceses en su momento, tienen sus propias ideas respecto a cómo debe ser la política y la organización social en estas tierras.
La novela se vuelve misteriosa (tanto como un cuento de Hoffmann) desde el momento en que aparece un ubicuo personaje (mago o charlatán, no sabemos) que pretende imponer a los hechos una impronta mágica. Este loco de verano es lo bastante chiflado como para intentar un acto de alquimia, con sacrificio humano y todo (así lo entendí), para ser él el “salvador” de todas las patrias posibles. La novela se interrumpe poco antes de la Revolución. De haber continuado, no caben dudas de que el “alquimista” hubiese atribuido el triunfo a sus afanes e industrias. La paranoia da para todo.
Pero los tejes y manejes del falso mago (o verdadero: desde el punto de vista narrativo da lo mismo) son deliciosos. Tiene la teoría delirante de que si, por algún medio, logramos “corregir” los sueños de las personas (a medida que el proceso onírico se está gestando) lograremos dominarlas. Para esto organiza grandes espectáculos públicos con enanos, fenómenos de la naturaleza, volatineros, etcétera. Como parte de la puesta en escena de la troup trashumante, de entre los volatineros y liliputienses sale un oso caminando en dos patas y armado con una espada. Se acerca a los espectadores y simula provocarlos a la pelea. “Pero nadie sentía miedo, sólo una helada emoción, casi un congelamiento tibio, como esos calores mórbidos que provocan –según dicen– en el trópico los dardos embebidos en curare”. El “curare” espiritual y ponzoñoso sería, en este caso, la supuesta magia de la efectista puesta. Adentro de ésta y de otras acciones parecidas, el taumaturgo pone magias poderosas y poco a poco así va dominando al Virreinato. Si el lector no está convencido de la factibilidad del sistema sepa que yo tampoco. Pero se trata de ficción, con personajes muy bien diseñados y, desde este punto de vista, hermosamente aceptables. Después de todo si alguien crease un libro con momias estranguladoras y muertos que caminan lo creeríamos todo siempre y cuando esté bien escrito.
Alberto Laiseca
viernes, 28 de agosto de 2009
Cuentos prologados por el Monstruo
martes, 25 de agosto de 2009
Las vírgenes suicidas
Revista Ñ, sábado 8 de agosto de 2009
Mujeres sin hombres
Shahrnush Parsipur
Capital Intelectual. 125 páginas.
No vivir vidas naturales conduce a la soledad y a la locura. La importancia de ir virgen al matrimonio es un concepto que tienen muchos pueblos. En Argentina, por ejemplo, lo tuvimos muy arraigado en la clase media hasta la década del cincuenta inclusive. Se consideraba que la peor desilusión para un esposo era descubrir que su mujer ya había tenido relaciones con otro, aunque todo hubiese terminado largo tiempo atrás. Otro prejuicio: la obligación de casarse con una chica (aunque uno no la amase) por el solo hecho de haberla desflorado. Parsipur nos habla en su novela de la soledad de las mujeres al quedarse sin hombres. También se podría escribir un libro llamado “Hombres sin mujeres”, puesto que la tragedia nos toca a todos. En una obra de Mika Waltari el autor nos dice que a la princesa Baketamón “la virginidad se le había subido a la cabeza”. Lo mismo le pasa a una mujer de esta novela. Cuando la buscan con buenas intenciones ella rechaza indignada. Si su ex pretendiente se casa con otra se pone a llorar. De aquí al delirio completo hay un solo paso. “Mi virginidad es como un árbol”, dice ella. Piensa plantarse en la tierra y reproducir sus virginidades hasta que constituyan un verdadero bosque. Estamos ante un caso extremo de psicosis, pero las “simples” neurosis no son muy divertidas y también arruinan la vida. Vemos así que hombres y mujeres, con la excusa de la religión, la moral social o la diferencia de clase, estamos empecinados en arruinarnos mutuamente la vida. De manera constante, en el libro, irrumpe lo sobrenatural. Esto no cambia ni magnifica la tragedia. Sólo la vuelve alegoría. Ejemplo: una chica se suicida y luego resucita. Sin explicaciones. Tarda unos días en volver a casa y su hermano la mata por segunda vez por creer que la muy pícara ha cometido un desliz. El tema de la virginidad campea como un leit motiv a lo largo de toda la novela. Ella resucita nuevamente e intenta formar una alianza con otras mujeres contra los hermanos que matan hermanas. En estos países es bien visto que una joven desflorada (fuera del matrimonio) sea asesinada a golpes por la familia. La chica se venga de su hermano pero ni resurrecciones ni sobrenaturalezas la salvan de sufrir, a manos de los hombres, las mismas humillaciones que cualquier mujer común. Por momentos la ideología de la autora es confusa. La virgen loca que deseaba ser árbol finalmente lo consigue: se planta en la tierra y echa raíces. Con el tiempo la leche de una ex prostituta embarazada la transforma en millones de semillas que se dispersan por el mundo. Podríamos interpretarlo (distraídamente) como que el “virus” de la virginidad innecesaria (la locura) se propaga. Pero no es así. La dispersión de las semillas implica una forma de redención. Leí este pasaje muchas veces pero no pude desentrañarle el sentido. ¿La Madre Tierra redime? Puede ser. Pero está mal explicado. El desentendimiento entre esposos, por otra parte, es constante. Durante más de treinta años un hombre, con sus ironías, le ha hecho la vida imposible a su media naranja. Cuando por fin se decide a decirle cuánto la ama ella cree que se propone a asesinarla y reacciona violentamente. Vemos que la estupidez de tratar a la propia mujer como si fuese un enemigo termina con toda salida, con toda luz. Transpuesto cierto límite ya está todo perdido aunque haya auténtica constricción y deseo de cambiar.
Alberto Laiseca
domingo, 19 de julio de 2009
El susto hace crecer
La narración oral es la forma más antigua del arte. Cuando aún no se había inventado la escritura, nuestros antepasados, mientras comían reunidos alrededor del fuego, escuchaban a un inventor de cuentos. Si yo les dijese a ustedes, personas contemporáneas: “Hoy, mientras venía para aquí, encontré al sapo más grande del mundo. Creo que medía entre cuatro y cinco metros de alto. Una bruja me atacó furiosa porque yo estaba molestando a su sapo. A duras penas pude escapar”. Ustedes sonreirían. Pero no nuestros antepasados. Se creían todo pues en esa época abundaba la ignorancia y la credulidad. Eran oyentes ideales. Ya quisiera uno tenerlos hoy. Se parecían muchísimo a los niños. El mundo era muy duro en aquella época y esa circunstancia hacía que la gente estuviese más que dispuesta a creer en toda clase de maravillas adversas. Pero si los monstruos estaban ahí afuera y te podían comer en un segundo.
Ahí en Camilo Aldao, mi pueblo, yo fui un niño soviético, sometido a la dictadura paterna. Mi única salida era la imaginación. Me escapaba todas las noches para ir a lo de unas viejitas vecinas que contaban historias espantosas. Según ellas no eran invenciones: “Esto es todo verídico”, decían. La luz mala, el Chupador de Sangre, el Cangrejo de Catorce Patas. “Al Dr. Fulano lo enterraron vivo. Se supo porque cuando lo desenterraron para reducción vieron que estaba todo arañado y dado vuelta”. Papá me había prohibido terminantemente estas salidas, porque decía que después yo no podía dormir. Tenía razón. Pero este era el precio que había que pagar. Podemos considerar al susto como el indispensable tratamiento de shock que te ayuda para que empieces a imaginar. En el siglo XIX todas las historias para niños eran espantosas: a los pibes les serruchaban las piernas para que fuesen juiciosos y estudiaran el piano, o los metían en grandes hornos para asarlos como si fueren lechónidas. Pinocho mismo, de Carlo Collodi, es un libro violento. El muñeco mata de un mazazo al grillo parlante (lloré como una magdalena) y él no se salva de que lo quieran transformar en burro para venderlo. Las ilustraciones de este libro me hacían morir de miedo. La persecución nocturna de Pinocho (todo en blanco y negro), por parte de los dos ladrones (en realidad el Zorro y el Gato, disfrazados con bolsas de arpillera) no tenía para mí nada gracioso: unos bultos enormes y oscuros, de ojos brillantes, que perseguían al muñeco con intenciones de ahorcarle de la rama de una encina.
Yo estoy a favor de estos cuentos decimonónicos pues su objetivo era enseñarles a los niños que los monstruos son una realidad, de modo que pueden defenderse en el futuro cuando sean grandes. ¿No existen acaso los violadores, los asesinos seriales y otra gente encantadora?
Papá también me había prohibido leer a Edgar Allan Poe, de modo que lo frecuenté a escondidas. Los primeros cuentos que conocí de este autor fueron El caso del señor Valdemar, El barril de amontillado y El gato negro. Confieso que no me asustaron, pero en este último la crueldad del personaje para con sus mascotas y particularmente para con el gato me hizo llorar. ¿Cómo podía ser tan cruel al pedo?
Pero mi horror más espantoso era el Monstruo que Vivía Debajo de la Cama. No podía imaginarle forma alguna. No tenía dientes afilados, no babas ni tentáculos. Era in abstractum. Para colmo la casa de Camilo era de planta baja y primer piso y yo dormía arriba. Para acceder a la parte superior era preciso ascender por una escalera de piedra en hélice, la mayor parte de ella envuelta en las más espesas tinieblas pues mi viejo no había hecho poner allí ni una luz. Cuando me mandaban a dormir yo subía hasta el borde que separaba la luz de las sombras. Allí juntaba coraje para enfrentar el espanto que seguía: subir a la disparada hasta el hall superior y encender la luz. Pero los terrores no habían hecho sino empezar. Luego venía la parte de llegar a mi cuarto, pasar mi manito por detrás del ropero y prender el foco. Cualquier con dos dedos de frente sabe que detrás del ropero en sombras acecha el HORRIBLE-BASTATOSO (espan). ¿Ya nos salvamos? No. En absoluto. Ahora hay que prender el velador y retroceder para apagar la luz del hall y la general del cuarto, introduciendo la manito nuevamente detrás del ropero. Ya acostado leía todo lo que podía. Me estaba muriendo de sueño pero no me animaba a apagar la luz del velador, porque bien sabía yo que en esos segundos en que demorase en meter mi bracito adentro de las mantas el Monstruo que Vivía Debajo de la Cama te ¡Aaaarfff! A que te pome. A que te toca. A que te mata pa´ siempre. Toda mi infancia fue así. Tardé décadas en comprender que el Monstruo que Vivía Debajo de la Cama era mi propio padre. Por eso permanecía in abstractum: no me atrevía a darle forma porque eso hubiera equivalido a reconocer que mi enemigo era mi viejo. Plato demasiado fuerte para un niño.
De todas maneras a mi anciano viejecillo tengo que agradecerle por lo menos dos cosas: que me haya iniciado en la lectura es una. Por él conocí mi primera versión de El fantasma de la Ópera de Gastón Leroux, y también el gusto por la música. En casa se escuchaba mucha música clásica. Confieso que al principio no la entendía. Para mí era impenetrable. Se lo dije a papá y éste me contestó: “Y bueno, Alberto, serás un idiota musical”. Cosa curiosa esta frase terrible me hizo bien. Claro está que yo no quería ser idiota en nada. Y una tarde (era casi de noche) en que mi padre estaba escuchando un vigoroso pasaje de Rachmaninoff comprendí. Empecé a seguir la música y me puse tan violento como ella. Empecé a chocar sillas y sillones, a rebotar contra las paredes, etcétera. Estaba eufórico. ¡No era un idiota musical! No necesito decir que mi padre lo tomó como un ataque de locura y me cagó a pedos. Pero el bien ya estaba hecho.
Tal vez a alguien le extrañe que, amando el terror como lo amo, casi no tenga obras por el estilo. Es que yo soy demasiado delirante y escandaloso. Me lleno de buenos propósitos pero después va y me sale otra cosa. El único cuento de espanto que escribí es Perdón por ser médico, de mi libro En sueños he llorado. Otro, de la misma obra, es El cuarto tapiado. Este último es de terror sólo en parte. Cuentos para niños y de terror tienen lineamientos muy precisos. Cualquier desviación y el miedo (o si no el acercamiento a la infancia) se destruye. Supongamos que yo me propongo ser muy remalísimo (como decía mi hija cuando era chica). Naturalmente voy a escribir El castillo de las secuestraditas. Ya estoy puesto en el papel de ogro poseedor de húmedas ergástulas. Secuestro, en efecto, a esas pobres chicas. Pero termino atándolas desnudas a camitas confortables, donde las acaricio con plumitas en axilas y pezones. Esto no asusta a nadie, ni siquiera a las supuestas víctimas. El terror se ha transformado en una pincelada sadomasoporno. Miren en qué termino siempre. Tengo otra cabeza, eso es evidente. En algún lugar una pena, porque para mí el terror no es solamente pasatismo o entretenimiento. Es escuela de imaginación y, por otra parte, desata los miedos más oscuros que tenemos dentro. Todos esos monstruos, si no existen o han existido pueden llegar a existir. Basta echar un vistazo a la sociedad actual. Y atención: creo que lo peor aún no ocurrió. Y lo digo después de los nazis y del stalinismo. Siempre hay gente encantadora esperando por su parte. Es más fácil que ocurra lo malo que lo bueno, y de esto da cuenta el género de terror. Nos gusta verlo escrito en la esperanza de que no suceda.
Hay un genio entre nosotros que, sin embargo, nunca va a ganar el premio Nobel. Stephen King. Se lo considera un escritor menor. Los escritores profesionales lo miran por arriba del hombro. Hace muchos años (aún no lo conocíamos a King) yo intenté defender a Henry Rider Haggard (Ella, Ayesha, Las minas del rey Salomón). Los “profesionales” me taparon la boca con un “eso no se lee”. Así. Pese a que Oscar Wilde, en uno de sus ensayos, dijo que Haggard era un genio. Algo parecido ocurre ahora con Stephen King. Antes de leer El resplandor yo pensaba que el trillado tema de las casas encantadas estaba agotado. Entonces vino King, con su novela, y me probó que me equivocaba. Ese hotel espectral, lleno de fantasmas, es una maravilla originalísima. Las fuerzas maléficas van penetrando al personaje principal hasta transformarlo en uno de ellos. A King no le gustó la adaptación cinematográfica de Kubrick. No sé bien por qué. Yo amo ambas obras y las considero complementarias.
En La danza de la muerte, del mismo autor, hay una escena memorable. Debido a una peste ha muerto la mayor parte de la humanidad. Un loco, potenciado por el demonio, entra a una base nuclear norteamericana. Está intacta pero vacía, puesto que todos sus soldados han muerto. El demente es un bruto, pero el diablo le da toda la información necesaria para que tenga acceso a los silos duros y robe una bomba de hidrógeno. El chiflado la sube a la superficie con un montacargas. Hace mucho frío y el tipo toca la helada superficie de la bomba. Las radiaciones lo están quemando pero a él le parece tocar hielo. En realidad yo hago una síntesis precaria de algo que King describe minuciosa y genialmente. Ahora bien, yo desafiaría a los “profesionales”, tan despreciativos ellos, a que demuestren ser capaces de escribir una sola página como ésta.
Stephen King ha sido un soplo fresco para la literatura. Qué casualidad: lo hizo con el terror, el género más difícil (juntamente con la literatura para chicos).
Durante tres años yo conté cuentos de terror para el canal I Sat. Mis cortos iban luego del horario de protección al menor. Hay muchos cuentos que al miedo unen el erotismo. Hubiese podido contarlos, pero me negué terminantemente. Yo sabía que muchos niños me veían después de hora, autorizados por sus padres. He tenido admiradores muy, muy chicos. Si llego a contar algo así como El ataque de las zombis desnudas (no existe: al título lo acabo de inventar) los papis no hubiesen permitido que sus hijos siguieran viendo mi programa. Y yo tenía particular interés en los niños. Ellos son nuestro futuro. Con el avance de la internet cada vez es menor la cantidad de chicos que leen. Yo tenía la esperanza de que, a través de este género tan atractivo para ellos, terminaran interesándose en la lectura. Si les gustó un cuento de Edgar Allan Poe, contado por mí, es probable que terminen por leer un libro con narraciones de Poe.
Hoy los escritores de cuentos para niños tratan de ser “amables”: nada de chicos abandonados en el bosque porque los mayores no tienen para alimentarlos; nada de padres ogros que obligan a sus hijas a calzar zuecos de hierro para “disciplinarlas”; nada de Hombre de la Bolsa que se lleva a los chicos para que sus nenas les coman los ojitos. Nada de nada. Pues esto me parece una tontería y un error. ¡Pero si lo que los niños quieren es asustarse! Lo que los niños quieren, en el fondo, es crecer. Tenían razón los autores del siglo XIX. Convendría repensar todo esto.
Alberto Laiseca
miércoles, 1 de julio de 2009
El Conde vuelve al ruedo!
Entrada libre y gratuita.
El Conde los espera con los colmillos afilados, fanáticas víctimas!
miércoles, 24 de junio de 2009
sábado, 13 de junio de 2009
Un maestro ruso
Debolsillo. 617 páginas.
CORRESPONDENCIA. Lev Tolstói.
Acantilado. 854 páginas.
Hay quien no se interesa por la vida de los grandes escritores. Toman su obra y desechan todo lo demás. Esto, aparte de ser inhumano, es un grave error literario. Sabiendo de la vida de los genios (Tolstoi, Swift, Poe) aprehenderemos mejor su obra. Esto es particularmente cierto en el caso de León Tolstoi (Lev Tolstói). Era un viejo loco, sin duda, pero genial. En vida y obra abundan las improntas absurdas, vivientemente impracticables, pero muchas otras de grandeza y justicia. Es muy bueno comentar sus relatos y su correspondencia en una sola nota. Y por las razones que ya dijimos.
El primero y el segundo relato están en espejo (De las memorias del príncipe D. Nejliúdov. Lucerna y Albert). El tema es el mismo: el absoluto desprecio de los poderosos para con los desposeídos. Y no les importa que algunos de éstos puedan ser grandes artistas. Pobretones y basta, dirían ellos.
En un lujoso hotel suizo, un ricachón de pronto siente asco de sí mismo y de los demás. Comen y beben cosas carísimas, gozan de la serenidad espiritual del que está convencido de que ocupa con justísima razón un lugar de privilegio en el mundo. Aparece en la calle un cantante vestido con harapos. Todos lo escuchan, disfrutan de su música, pero cuando pasa la gorra nadie le da nada. Es más: se burlan de él. El personaje del principio, también un privilegiado (como dijimos), invita al cantante con champán. Lo lleva al majestuoso hotel, para provocar. Pero nada cambia, porque la gente no cambia. Hasta los camareros desprecian al dúo. Cuando ven que el rico se está enojando por su actitud, todos se agacha, joroba-inclinantes. Está bien: lo aceptamos a nivel capricho de un gran señor.
Tolstoi idealiza bastante a los pobres. Cómo se ve que nunca estuvo abajo. Ser peón de limpieza o trabajar en cuadrilla enseña mucho. También verse obligado a vivir en pensiones-conventillo o tener casa con piso de tierra en el barrio de las latas. Ahí hubiese visto la actitud invasora de los igualmente pobres a vos.
En estos relatos hay lores ingleses, señoras iracundas y riquísimas, pobres idealizados. Tolstoi es un gran diseñador de personajes. Ejemplo (y es sólo un ejemplo): tenemos una enferma incapaz de admitir la fatalidad. Le da gusto culpar a su marido por la sencilla razón de que es el que tiene más cerca.
A veces Tolstoi escribía miniaturas perfectas: “El abuelo se había vuelto viejo. Una vez estaba subiendo a la estufa y no lo conseguía. El nieto, que estaba en la isba, se rió. Qué vergüenza, nieto. Lo malo no es que el abuelo sea viejo y débil, sino que el nieto sea joven y estúpido”.
La mimbrera es un cuento notable. Es la única que sobrevive de la plantación que hizo un mujic. Esta mimbrera es una luchadora heroica, constantemente maltratada por los hombres. Por fin, cuando tiene ya muchos años unos niños le prenden fuego. Ahora, sí, por fin perece. Rato después un cuervo se posa sobre los restos y le dice algo como esto: Ya era hora de que estirases la pata. Nadie como Tolstoi para pintar la inhumanidad. Pero, por desgracia, con el paso de los años terminó pareciéndose bastante a lo que había combatido toda la vida. Se convirtió a un cristianismo acérrimo de su propia cosecha. Un cristiano me diría: ¡Pero eso es bueno! Claro, el problema es que aunque vestido con piel de cordero nunca abandonó sus malos modales aristocráticos. Cayó en contradicciones flagrantes. Por ejemplo: se volvió vegetariano, abandonó el tabaco y no probó nunca más una gota de alcohol. Pero sabemos por los Evangelios que Jesucristo tomaba cantidades moderadas de vino. ¿A qué conclusión debemos llegar: que Tolstoi era más cristiano que Cristo? Esto, por lo menos, es de una feroz arrogancia implícita. Con seguridad Tolstoi no se daba cuenta de ello.
Hay algo que yo he visto a lo largo de mi vida: más “puro” se vuelve un hombre, tanto más intolerante se torna. Aquí no hay otra ley que la mía porque yo soy el único dueño de la verdad. Otra de sus ideas: estaba en contra de la propiedad de la tierra. Podríamos pensar que deseaba la reforma agraria y repartir los latifundios entre los campesinos. Pero no era así. Por algo los soviéticos lo querían tanto: Era un precursor. ¡Uno de los nuestros! Más allá de que estos conceptos económicos sean buenos o malos voy al hecho de que Lev Tolstói siempre se movió en un mundo de excesos. Cuando era un gran señor se refocilaba con sus campesinas. Eso no le impidió decretar la libertad de sus siervos para todo su latifundio, antes de que el zar Alejandro II universalizase dicha libertad para toda Rusia.
Más allá de todo el respeto que Tolstoi me merece como escritor tengo que reconocer que estaba absolutamente loco. Para él Shakespeare era el peor escritor del mundo. Alguien, no sabemos quién, empezó a decir que Shakespeare era bueno y vino una generación tras otra repitiendo eso mismo como loros. Hamlet, por ejemplo, es un asco. El personaje está mal diseñado y se lo toma como ejemplo maestro de un hombre vacilante. Etcétera. Tampoco le gustaba Ibsen (el dramaturgo noruego): sus dramas “son fabulados, falsos y además están muy mal escritos en el sentido de que ninguno de los personajes es ni convincente ni consistente”. Ni hablemos de Wagner: “Anoche fui al teatro a oír la famosa música moderna de Wagner. Siegfried, una ópera. No pude aguantar ni el primer acto; salí a toda prisa, como un loco, y aún ahora no puedo hablar serenamente del asunto. Es un estúpido espectáculo de feria, no apto para niños mayores de siete años; es pretencioso, fingido, falso de principio a fin y carente de música”. Tampoco se salva Nietzsche: “El gran exégeta, el cantor de esta brutalización es Nietzsche, un ser medio demente, de una seguridad en sí mismo rayana en la locura, inconsistente, limitado pero diestro en el lenguaje”.
Lugar aparte merece la misoginia de Tolstoi. Las “testarudas mujeres”: “¿Qué puede ser más absurdo y más nocivo para las mujeres que estas discusiones sobre la igualdad de los sexos, e incluso sobre la superioridad de la mujer frente al hombre?” “... afirmar que la mujer tiene las mismas fuerzas espirituales que el hombre, afirmar sobre todo que la mujer puede guiarse por la razón del hombre, que puede confiar en la razón tanto como él, es exigir de la mujer aquello que no puede dar” (Carta a Alexandr Dunáiev). En su relato El diablo nos dice: “Durante el café, como de costumbre, se entabló una conversación típicamente femenina, que carecía de cualquier nexo lógico, aunque no dejaba de tener algún tipo de conexión, pues fluía sin interrupción”.
En una carta a Eugen Reichel afirma: “Cuando además el enfermo está completamente convencido de que todo lo sabe mejor que los demás, que puede y debe enseñarle a todo el mundo su sabiduría, los signos de la enfermedad mental ya son incuestionables”. ¿Y por casa cómo andamos?, le preguntaría yo.
En cuanto a la famosa polémica Tolstoi-Turgéniev (que casi termina en duelo) poco puedo decir teniendo en cuenta los confusos datos aportados. Me resulta imposible saber quién tenía razón (si es que alguien la tenía: supongo que no). Más bien los veo como a dos malhumorados rusos locos. En Rusia, si algo abundó siempre, es el extremo y la chifladura. Si se me preguntara cuáles son los dos pueblos más excéntricos del planeta contesto sin vacilar: los rusos y los japoneses (independientemente del amor que les tengo).
Quisiera que se me comprendiese: no todas las ideas sociales de Lev Tolstói eran malas: el respeto por los demás, la igualdad de oportunidades que debe brindar el Estado, el arte y los valores espirituales tienen un enorme valor; el hombre no debe ser medido exclusivamente por el tamaño de su billetera, etcétera. Todo esto está muy bien y yo adhiero. El problema con el autos de Anna Karénina es que era tan exagerado que aun sus mejores cosas se le volvían en contra. En él se aplicaba maravillosamente la frase de Hegel: “Si llevamos una idea hasta sus últimas consecuencias se transforma en su opuesta”.
Es cosa clara que ninguno de los enormes defectos de Tolstoi (por calificarlos suavemente) nos van a hacer olvidar su magnífica obra, e incluso su buen corazón cuando éste no se encontraba distorsionado por su locura. Entre sus Relatos tenemos Jolstomer. Historia de un caballo. No hace falta ser una luz para comprender que es la historia del siervo, del esclavo ruso, sin ningún derecho a la felicidad. O qué decir, por ejemplo, de Cuánta tierra necesita un hombre, pequeña obra maestra de esta selección. Vemos aquí que el ladrón y criminal no siempre necesita realmente matar a alguien para desvalijarlo: basta dar rienda suelta a su ambición para que se mate solo.
Para resumir: recomiendo vigorosamente la lectura tanto de los relatos como de la correspondencia de León Tolstoi (Lev Tolstói).
Alberto Laiseca
domingo, 7 de junio de 2009
Laiseca en Inrockuptibles

Alberto Laiseca Con su programa de cuentos de terror en el cable, el autor de Los Sorias y La hija de Kheops debutó frente a las cámaras y dejó a varios con la boca abierta. Ahora vuelve a sorprender pero en el cine, como uno de los personajes principales de El artista.
¿Cómo fue la experiencia de debutar en cine y encima con un papel bastante protagónico? ¿Difícil?
Fue muy nuevo. Yo estaba acostumbrado a salir en cámara, pero la televisión es otra cosa. En lo que hacía en Cuentos de terror, en el cable, mi fuerza residía en la voz. Y acá en esta película mi personaje no habla nunca, salvo cuatro o cinco veces que dice “¡Pucho!”, pidiendo para fumar (risas). Entonces tenía que poner todo el énfasis en mi rostro y en mis manos. Estuve ensayando mucho en casa antes de ir a grabar cada vez. Siempre cuesta, como toda cosa nueva, pero después te alegran los resultados
En El artista subyace una crítica filosa al mundo del arte contemporáneo, ¿la compartís?
Se insiste mucho con eso, y en parte es cierto. Pero yo pienso que no es un ataque frontal contra el arte contemporáneo ni mucho menos, sino contra algunos excesos. Te lo digo tanto por el guionista, que es curador, como por los directores. Yo particularmente prefiero el clasicismo, pero ese es otro tema. Son preferencias personales. Hay mucho exceso que está denunciado ahí, pero no es en contra de todo el arte contemporáneo. De ninguna manera
Tu libro más reciente fue el Manual Sadomasoporno, editado por el sello Carne argentina hace más un año y medio. ¿En qué andás por estos días?
Estoy con los talleres literarios, que por suerte van bien y te mantienen en actividad. Básicamente ando con eso y tratando de conseguir laburo en televisión, cosas así, eso me interesaría. De vez en cuando hago “Los cuentos del Conde Láisek”, que son relatos en vivo. Y de momento estoy escribiendo el Manual Sadomasoporno 2, pero me tomo mi tiempo. Lo escribo tranquilo. Sin ningún apuro.
Matías Capelli
Para leer en su sitio original cliquear acá
domingo, 31 de mayo de 2009
jueves, 28 de mayo de 2009
Estreno nacional
jueves, 14 de mayo de 2009
¡Reserven butaca!
La película se ha presentado en los festivales internacionales de Roma y Mar del Plata, en el festival de cine Pantalla Pinamar, también participó de la Selección Oficial del XXI del Festival Rencontres Cinémas d’Amérique Latine de Toulouse; de la Selección Oficial de la 15 edición de la Mostra de Cine Latinoamericano de Catalunya, y de la Selección Oficial del Festival Internacional de Cine de Copenhagen (CPH:PIX).
Enlaces asociados
"Gran recepción para El artista" en La Nación
"El artista, una película que pinta su propia aldea" en La Capital de Mar del Plata













