viernes, 30 de marzo de 2012

Entrevista en rionegro.com.ar

Alberto Laiseca "No leo, cuento."

08:57 27/03/2012
El famoso autor comenta a rionegro.com.ar sus experiencias en la escritura, en la vida, sus buenas y malas lecturas y el terror.

Por Guillermo Flores
 
 
En la planta baja de un edificio de Caballito, Alberto Laiseca abre la puerta. A pesar de su porte, su voz es muy suave. Viste una campera marrón, camisa y jeans. Agradece la puntualidad: son las siete de la tarde y un minuto. Hace medio hora había empezado a llover. Hablamos de eso cuando entramos al living: la biblioteca ocupa dos paredes y todos los libros están forrados de blanco y ordenados alfabéticamente. Alberto se sienta frenta a una mesa llena de papeles, ceniceros, botellas de Liberty, una máquina de escribir. "Generalmente escribo en papel y después lo pasó en la máquina". En la pared que va da a la habitación hay un retrato de él más joven, con su gran bigote, sonriendo. Detrás de la silla donde trabaja, hay un cuadro de una plaza que dice Camilo Aldao, el pueblo de Córdoba donde nació, a principios de los cuarenta.
Actualmente se encuentra escribiendo una continuación de la novela Manual Sadomaso Porno, dicta clases de escritura en el Centro Cultural Rojas, y en grupos a domicilio, y recorre los centros culturales y presentaciones interpretando cuentos suyos o de grandes autores clásicos; cuentos de terror que había ensayado en el programa emitido en I-Sat, hoy de acceso libre por Youtube para placer de todos los oyentes.
La entrevista duró una hora porque a las ocho llegaron sus alumnos para las clases particulares. Algunos de los que vendrán le administran el blog y el correo electrónico. (http://albertolaiseca.blogspot.com / albertolaiseca@gmail.com)


¿Qué opina cuando se dice que algo valorable es que usted es que no se vendió, ni cambió su estilo o modificó sus libros por razones comerciales o pubicitarias?
Bueno, lo agradezco. Pero yo me hubiera vendido de buena gana, sólo que nadie me queria comprar. (Risas) No es tan facil. Mira, hace veintitantos años estaba viviendo en Escobar, acababa de terminar Los Sorias (Simurg, 1998) y acababa de terminar tambien El jardin de las maquinas parlantes (Planeta, 1993), seguia viviendo en Escobar…dije estoy podrido de la pobreza, y lei de Segal, que escribió Love Story1. ¿Sabés cuanto ganó ese pibe por haber escrito una novela que no le debe haber llevado mas de un mes? 40 millones de dolares. No sólo el libros vendidos, eso es lo de menos. Traducciónes, derechos de la película. "Puta, tengo que pegar el golpe", decia yo. "Tengo que escribir un libro así" y me puse sinceramente, y me di cuenta que no podia. Para escribir algo como Love Story tenés que ser como el autor, es al pedo que vos quieras simular… te va a salir una mamarrachada, que no la va a comprar nadie, no va a ser bestseller.Claro, si vos querias un bestseller, sos un boludo. Yo soy longseller y me tengo que conformar con eso.

Usted es reconocido por su novela Los Sorias, con más de 1300 pàginas es una de las novelas argentinas más largas de la historia y es considerada como la novela máxima del período 1999 -2003 en nuestro país. Consideró alguna vez que existe alguna limitación en cuanto a la llegada al público.
Yo no quiero limitar. Las obras son escritas como tienen que ser escritas. Así como tienen el tamaño que tienen que tener. ¿Sabes porque ésto (Señala uno de sus últimos libros, Manual Sadomaso Porno, 76 páginas) no tiene el tamaño de Los Sorias? Porque no tenia que tenerlo: acá está lo que tenia que decir. Incluso hasta es más largo de lo que deberia haber sido. Por ejemplo, en el medio estan esas 16 opiniones. No tienen nada que ver ni con el sadismo, ni con el masoquismo, ni la pornografia: son opiniones sobre fisica, sobre economia. Como digo ahí, no tenia donde ponerlas, asi que las pongo ahí en el medio. Son cosas de las que he pensado muchisimo tiempo, de la fisica sobre todo. Y creo en todas y cada una. De todas maneras son opiniones. Un fisico teórico que las leyó, me dijo: "¿Qué pruebas tenes de todo esto?". Yo como soy un caballero no le quise contestar lo obvio: ¿y qué pruebas tenes vos de que el Big Bang sea cierto? Pero no le dije nada. "Es cierto", le digo, "ahí dijiste una gran verdad. Pruebas no tengo". Pero lo que no le dije es eso: "vos tampoco tenes pruebas. El Big Bang es un acto de fe -ustedes tienen fe, no pruebas- yo no. Creo que la curvatura del universo es mas clara a ciertas radiaciones, y a mayor curvatura, a mayor distancia, más son todas las radiaciones que tienden al azul, son más comprimidas, mas detenidas, y quedan solamente las rojas.

¿Y que otros autores le gustan?
Wilde me gusta mucho.

¿Qué es lo que más le gusta de Wilde?
Su única novela: El Retrato de Dorian Gray, que he leído muchas veces, es una mina de oro. Tiene montones de maravillas. Como aquella que cito de la diferencia entre el amor eterno y el capricho es que el capricho dura más. Ademas del retrato de Dorian Gray, es obligatorio leer dos obras de Oscar Wilde. Podes leerlo todo si se te antoja, pero sobre todo obligatorio: el retrato en primer lugar y después dos ensayos. Uno se llama El crítico como artista, que es formador hasta el carajo, y el otro es sobre La decadencia de la mentira. Los dos muy formadores. Henry Rider Haggard también, el autor de novelas de aventuras. Como She, Las minas del rey Salomón. Si vos leyeras She (Ella), de Rider Haggard, te caés de culo. Estos escritores de hoy dia que dicen que eso no se lee. "¿Ah, si? ¿A que no sos capaz de escribir una pagina con la imaginación de Rider Haggard? Porque hablás tanto con tanto desprecio, es porque no sos capaz…" Tienen que leer ese. También Julio Cesar es una de mis obras favoritas de Shakespeare. Los he leído todas, las obras liricas, algunas cosas muchas veces. Pero también leí montones de cosas que me malformaron. Para sacarme El lobo estepario de Hesse, que es una obra genial, pero muy oscura y muy jodida. Décadas demoré para sacarme de encima El lobo estepario. Es una obra malsana, es genial, yo lo lei por lo menos veinte veces, si, pero es malsana.

¿Como Dostoievski?
No, es distinto. Mira, Dostoievski era un tipo oscuro, pero era bastante buen tipo. Lo admiro mucho. Por supuesto, no estoy muy seguro de que podriamos ser amigos, no estoy muy seguro, pero era buen tipo. En cambio Hermann Hesse era un tipo muy intratable, vanidoso y arrogante, con todas ideas muy oscuras. Mira, Crimen y Castigo y Los Hermanos Karamázov, son un techado de luz al lado del lobo estepario. Noo el Lobo Estapario que parece una cosa tranquila, no, macana. Esa sí que es oscuridad, una oscuridad genial. Por algo lo lei tantas veces. Como es una obra genial también El Golem de Gustav Merim. Si, pero son obras con un trasfondo jodido, yo lo admiro muchisimo a Gustav Merim, muchisimo, pero el Golem es una obra de ontologia muy jodida, muy jodida…

¿Y los cuentos de terror? ¿Como es que se interesa por ese estilo?
Mira de lo que a mi me gusta leer, el primer terror que conoci aparte de las viejitas de mi pueblo que contaban historias espantosas -"mira, ahí esta, esta es la plaza", señala una foto de una plaza con palmeras, me lo regalo la municipalidad de Camilo". Aparte de las historias de las viejas cuando yo era pibe, me cagaba de miedo pero me hacian crecer esas historias.

¿Edgar Allan Poe?
Edgar Allan Poe, sí.. Hoffman por ejemplo, el aleman, llegó tarde a mi vida. "El hombre de la arena", o "Vampirismo", todas esas obras maravillosas de Hoffman, yo las conoci mucho después, no cuando niño o adolescente siquiera, sino en mi primera juventud. Allan Poe, sí. De muy chico. Te diria en el terror me formó Poe. Me llamaba la atención cómo era. Lo leía a escondidas de mi padre, que no quería que leyese a Poe. Lo leía de prepo, a escondidas, me llamaba la atención cómo estaba escrito, el lenguaje que utilizaba, no me parecía posible que un autor usase esas palabras. Por ejemplo, el gato negro.

Una historia de terror.
Si, pero si vos me preguntas si yo sentí terror con alguna de las historias de Poe, te contesto que no, nunca. Lo que sí he sentido, es admiración, y crecimiento, pero no terror. Es otra cosa lo que me ocurrió con Poe que lo admiro tanto.. No, terror he sentido con alguna novela policial, donde no hay un sólo hecho sobrenatural, nada adentro. O en el cine. Yo veía películas en el unico cine de mi pueblo. (Apunta la fotografía de Camilo)... El Real se llamaba, que ya no existe, no hay ni un cine en el pueblo. Veía Drácula, Frankestein. Pero no, no tenia miedo de eso, lo que si me hizo cagar las patas durante meses, no podia dormir de noche, era una película de guerra, Sin Novedades en el Frente, basado en una novela de Erich Maria Remarque.

No la conozco.
Sucede en las trincheras en la primer guerra mundial. Los alemanes avanzan, los esperan los franceses, tictictic, con la ametralladora pesada. Queda una pila de alemanes que te impide la vision del otro lado: todos muertos. Después llega el momento de los franceses de atacar, los esperan las pesadas alemanas, tiquitiquitiqui, la pila asi de franceses muertos, es terrible. Un oficial lo manda a un francés, "Vaya a la tierra de nadie para ver si hay algun movimiento enemigo". "Si, mi oficial". De repente no sé qué carajo le pasa, si le cayó una bengala que mando el enemigo en los ojos. Y viene diciendo: "Socorro compañeros, estoy ciego, estoy ciego…"... Oh viejo, qué lo parió: éeso es miedo. Ma' qué Drácula, qué miedo Drácula o Frankestein. Porque la guerra existe en serio: eso sí que es cagazo. O un asesino genial que va limpiando personas, puede pasar, de hecho ocurre, cuantos crímenes conocemos en el mundo. Entendes lo que te digo, es un espanto, eso es cagazo papa, no pavadas.


1 (Erich Segal, 1970, comedia romántica, adaptación de un guión, estrenado el 14 de febrero de 1970 (Día de Valentín), se convirtio en la obra de ficción más vendida de la década en Estados Unidos, y traducida a 20 idiomas)

martes, 28 de febrero de 2012

Se viene la reedición de Beber en rojo


1. ¿Hubo una persona o un hecho puntual que considere haya sido motor de su vocación de escritor?
La desesperación fue el motor de mi vocación. Mi padre, a quien he perdonado y lo quiero con todo amor, era un empecinado dictador y quería que estudiara ingeniería. Los libros de ciencia no me disgustaban del todo, pero no era lo mío. A mí me atraían Filosofía china, de Lin Yutang, o La peste, de Camus, por ejemplo. Así fue que, contra los mandatos de mi padre, largué todo, trabajé dos temporadas en las cosechas del interior y ya en Buenos Aires me desempeñé cuatro años como peón de limpieza. Una tía, que era muy buena, me dio una mano para trabajar en ENTEL, y muy lentamente todo empezó a mejorar. En ese momento, yo escribía mis primeros textos, y aunque lo hacía muy mal, no me quedaba otra que seguir adelante. Anticipándome a Mijail Sergueivich, me dije: “Ya no hay lugar dónde retroceder. No me queda otra cosa que ser genio”. A juzgar por esas primeras cosas, todo indicaba que lo mejor era dedicarme a otra actividad, pero con el tiempo comprendí que era un problema de bloqueo. Para escribir hay que liberarse de muchas cosas.
2. ¿Cómo elige el tema sobre el cual escribir?
A pesar de lo que decía Poe, al que admiro y quiero tanto, eso tiene que ver con los misterios del alma humana. ¿Qué nos lleva a escribir tal o cual cosa? No lo sé. A lo mejor uno recuerda qué detonó el inicio de una novela o un cuento, pero lo esencial está en nuestro subconsciente. Para responder a esta pregunta se necesitaría una vidente o, tal vez, un hipnotizador.
3. ¿Por qué escribe?
Te repito: eso está en el inconsciente. Puedo contarte, sí, que mi novela Los sorias nació de la impotencia. Mi padre me asfixiaba, daba órdenes contradictorias, era mi Hitler aun cuando no fuera de esa ideología, y a los 9 años, la única manera de palear la impotencia era entretenerme con lo que yo llamaba “el juego de las figuritas”: éste consistía en recortar hombrecitos de las revistas y de los diarios, para formar dos ejércitos, uno que atacaba un castillo, mientras que el otro lo defendía. Sin duda, esto fue el principio de Los sorias, con potencias que luchaban buscando el predominio. Allí estaba el problema del poder y qué hacer con él, además de la humanización del dictador, tema que vuelvo a abordar en Beber en rojo (Drácula), con la humanización del monstruo, y en el Manual sadomasoporno, con la humanización del masoquismo.
4. Si no fuese escritor sería...
Cuando salí de mi pueblo Camilo Aldao, en caso de que me fuera mal como escritor, tenía el Plan B de viajar a África del Sur para trabajar y hacerme rico. Era un delirio, ciertamente.
5. ¿Existe para usted una rutina a la hora de escribir? ¿Repentina inspiración o hábito sostenido?
Mi rutina es escribir cuando puedo, cuando tengo tiempo.
6. La literatura, ¿qué rol cumple en la actualidad?
El rol es cada vez menor y corre el riesgo de desaparecer a causa de internet, que hace que los chicos no lean. Es un instrumento muy peligroso, siempre digo que es un invento del Príncipe de los Tinieblas. Obviamente sé que no es así, pues facilita las comunicaciones, el estudio, el acceso a la información. La gente que tiene una formación clásica, que ha leído cuentos, novelas o poesías, aprovechará mejor esta herramienta. Pero la mayoría de los chicos de hoy no leen, y no pueden aprovechar los verdaderos beneficios de internet. Ojalá que esté equivocado en esta idea y el futuro me demuestre lo contrario.
7. Los críticos: ¿cómo define su rol?
Estoy a favor de la tarea de los críticos. A través de una de sus paradojas, Oscar Wilde dice que la crítica es más creadora que la creación. Afirma: “El mero espíritu creador no crea, sólo imita. Sólo el espíritu crítico permite acceder a la creación”. Tiene bastante razón. Por otra parte, debo decir que, en general, los críticos me han tratado muy bien, pero para que la literatura exista se necesitan lectores, y quién sabe qué pasará con ellos.
8. ¿Qué está escribiendo ahora?
Estoy releyendo mucho material sobre Vietnam, para escribir mi novela sobre esta guerra. Hace años que postergué su escritura, porque juzgaba que me faltaban conocimientos. Quizás me sigan faltando, pero debo hacerla: se la debo a mi juventud. Tengo la dedicatoria: “Dedico este libro a los veteranos de Vietnam, a los que estuvieron y a los que no pudieron estar”. En Vietnam, murieron 58 mil soldados. Al regreso se mataron 60 mil. Yo me ofrecí de voluntario. En la Embajada Norteamericana me sacaron volando, y hasta le mandé una carta a Johnson, pero nunca obtuve respuesta. Quería ir para sacarme el miedo. Por fortuna, no me convocaron, porque hoy tengo dos sospechas: primero, el miedo nunca se va, a lo sumo se transforma; y segundo, me hubieran matado y de muy mala manera.
9. ¿Cuál es la última línea que ha subrayado en un libro de otro autor?
Debería citar enteros los ensayos El crítico como artista y Sobre la decadencia de la mentira, de Oscar Wilde, y también su novela El retrato de Dorian Gray. Respecto a esta novela, le llovieron muchas críticas, una de las cuales lo acusaba de que de fuera demasiado paradojal, y él les respondió: “Acepto. Es una novela demasiado paradojal. Pero, a mí, me gusta ver la verdad en la cuerda floja”.
10. ¿Qué le diría a una persona que sueña con ser escritor?
Por un lado, le diría que tenga cuidado con la hipercrítica, que no es lo mismo que la necesaria autocrítica. La hipercrítica es un demonio que paraliza e impide el crecimiento. Por otro lado, Stephen King, a quien admiro pese a su militancia norteamericana que va empeorando con su vejez, escribió un libro maravilloso, que se llama Mientras escribo, que todo escritor o aspirante a escritor debería leer. Allí recomienda dos de las tres cosas que siempre sugiero en mis talleres: para ser escritor hay que leer más y escribir más. La tercera que no dijo King es: vivir más. Entonces, mi recomendación para aquel que sueña con ser escritor es leer más, escribir más y vivir más.


PING PONG

1. Un lugar: No quisiera vivir ni haber vivido en Estados Unidos, que es un país cada vez más violento e injusto. Con el agregado de que, tal vez, sus enemigos sean aún peores. Tuve la suerte de nacer en Argentina y no en Corea del Norte, por ejemplo. Aunque comparto la opinión y el sentimiento de la mayoría de los argentinos respecto a Inglaterra, pienso que si hubiera nacido allí mi obra se hubiera expandido más, e incluso me leerían más en Argentina, traducido por supuesto.
2. Una comida: sushi y sukiyaki.
3. Una bebida: la cerveza y el whisky.
4. Un disco: La tetralogía El anillo de los nibelungos, de Richard Wagner, compuesta por las óperas épicas El oro del Rin, La Valquiria, Sigfrido y El ocaso de los dioses, que trata del renunciamiento del amor por el poder, que en la vida se traduce en la discriminación, la obsesión por el dinero y otras pestes humanas. Debo aclarar que suelo decir que “Wagner es el Mozart de los músicos”. O sea: amo a Mozart.
5. Un libro: “El hundimiento de la Casa Usher”, la obra maestra de Edgar Allan Poe.
6. Un personaje: El Fantasma de la Ópera que, antes de sacarse la máscara ante su amada Christine Daaé (a quien tiene secuestrada), le dice: “Cada uno tiene las citas que puede”.
7. Una película: Nosferatu, de Herzog.
8. Un escritor: Oscar Wilde y Edgar Allan Poe.
9. Un sentimiento: el amor y el miedo.
10. Una palabra: conchaza.


ÚLTIMAS PUBLICACIONES

Beber en rojo (Drácula) (Muerde Muertos, 2012)
Cuentos completos (Simurg, 2011)
El artista (Random House Mondadori, 2010)


Arte de tapa: Víctima tímida pero bien dispuesta.
Modelo: Ana Nievas Ventura. Arte: Mica Hernández.
Alberto Laiseca es creador del realismo delirante y ama los monstruos. Nacido en Rosario el 11 de febrero de 1941, vivió hasta su adolescencia en Camilo Aldao (Córdoba). Ha publicado más de veinte libros, incursionando en la poesía, el cuento, el ensayo y la novela, y fue protagonista del antológico programa de tevé Cuentos de Terror (I-Sat) y presentador del ciclo Cine de Terror (Retro). Su obra capital es Los sorias, que Ricardo Piglia considera “la mejor novela que se ha escrito en la Argentina desde Los siete locos, de Roberto Arlt”. En 2012, Muerde Muertos presenta Beber en rojo (Drácula), clase magistral e imprescindible sobre la mejor literatura fantástica, con prólogo y edición a cargo de José María Marcos.

jueves, 26 de enero de 2012

¡A escribir con el Monstruo!

¡Atención devotos con ganas de escribir!
En el mes de febrero arrancan los talleres de narrativa de Alberto Laiseca y la inscripción se abre ahora mismo. Grupos de lunes a jueves. Arancel $200 mensuales.
Informes e inscripción albertolaiseca@gmail.com
¡Cupo limitado!

miércoles, 30 de noviembre de 2011

"ESTOS CUENTOS SON UNA ESPECIE DE AUTOBIOGRAFIA"


Los "Cuentos Completos" de Alberto Laiseca reúnen más de cuarenta años de una narrativa inclasificable que abarca historia, ciencia, astrología, estudios esotéricos y estrategias de guerra, configurando un género literario que tiene nombre propio: realismo delirante.

"Mis cuentos se fueron haciendo más complejos con el paso del tiempo -dispara Laiseca a Télam-. Releyendo el libro me di cuenta de algo que no había pensado: además de ficción, estos cuentos son una especie de autobiografía de los momentos que viví escribiéndolos, empezando por el más viejo, `Mi mujer` (1973). Son cuarenta años de literatura a partir de ahí".

El volumen, publicado por ediciones Simurg, incluye trabajos de "Matando enanos a garrotazos"; "Gracias Chanchúbelo" y "En sueños he llorado", que se suman a los reunidos en antologías y a quince inéditos que testimonian, en conjunto, la extensa y particular producción cuentística del autor de "Los Sorias" (1998), una de las novelas más importantes -y la más larga- de la literatura argentina.

- ¿Cómo es el proceso de construcción del cuento, a diferencia del de la novela?
Una novela presenta otras complicaciones: es más larga, más compleja, hay que mantener un ritmo; por lo general, el cuento tiene menos exigencias. Escribir novelas es un trabajo de largo tiempo, entre estudios y revisión, pueden pasar años.
Esto nos lleva a la famosa pregunta de cuál es la diferencia entre novela y cuento, a la cual he respondido en muchas oportunidades: no sé. Sé que algo mío puede estar bien escrito, pero no sé por qué.

- ¿Hay alguna teoría del cuento que te interese?
Hay muchas teorías del cuento, pero no creo que funcione ninguna sin estimular la imaginación. A eso me dedico en mis talleres, hace más de 20 años: doy un tema que sirve como disparador, un punto de partida que quizás no se le ocurriría al alumno; no me pongo en papel de dictador, dejo trabajar, pero propongo una base.

- ¿Qué cuentos te han marcado?
En mi obra influyeron principalmente novelas, pero si de cuentos hablamos, voy a uno que siempre leo en mis clases del Centro Cultural Rojas: "La caída de la Casa Usher" (1839), de Edgar Allan Poe. Pero no solamente se los leo a mis alumnos; nos detenemos en cada aspecto del cuento; por ejemplo, en el uso de las comas, que remite, por su manejo del tiempo, a una composición de Johann Sebastián Bach. Poe nació, vivió y murió en la primera mitad del siglo XIX, y los primeros esbozos de arte abstracto nacieron en la segunda mitad: ese cuento anticipa obras venideras, como la composición atonal.

- ¿Y otros autores?
Oscar Wilde ha sido importante para mí, sus cuentos son muy completos, con un gran dominio de la paradoja. "Otra vuelta de tuerca" (1898), de Henry James, llegó relativamente tarde a mi vida; James era estadounidense, sin embargo, esa novela -que parece un cuento-, es absolutamente inglesa: ahí encontramos una gran estructura.
Las novelas de Tolstoi son, sin dudas, sus obras más fuertes, "Guerra y Paz" y "Anna Karenina"; sin embargo, tiene algunos cuentos increíbles como "¿Cuánta tierra necesita un hombre?" (1886); los he leído a todos, son obras maestras. Por eso no es algo incompatible, se puede ser un incomparable novelista y un incomparable cuentista".

A cada uno de mis cuentos los escribí en un período duro y trágico, así parecería que mi vida no ha tenido alegría, lo cual es falso; pero sin embargo, es verdad que cada partícula de felicidad la tuve que pelear sólo con un escudo y una masa con pinchos, de esas que usaban en la Edad Media. No hay un solo cuento que no tenga algún aspecto autobiográfico.

"Mi mujer" -escrito bajo el seudónimo de Dionisios Iseka-, es un cuento que siempre recuerdo, es algo que sólo puede escribir un solitario. Más adelante está "El Castillo de las secuestraditas, que es una especie de guión literario, tengo el sueño de que se lleve alguna vez al cine.

- ¿Qué opinión le merece la adaptación cinematográfica de su cuento "Querida voy a comprar cigarrillos y vuelvo"?
Me gusta mucho esa película, soy bien consciente de que le cambiaron muchas cosas, pero eso no me molesta; no soy de esos que ponen el grito en el cielo porque le cambiaron algo, al contrario, se enriqueció la obra; es muy buena la película.

- ¿Qué autores nacionales le interesan, nuevos o clásicos?
Me interesan Leonardo Oyola y Alejandra Zina, también Selva Almada, y Sebastián Pandolfelli, quien no ha publicado y tiene cosas geniales; Juan Guinot también. Después, los viejitos como yo, Aira, Piglia y Fogwill, que se nos murió, alguien inolvidable.

- Muchos comienzan a escribir y tienen inquietudes de cómo seguir, ¿Qué le diría Laiseca a todos ellos?
Stephen King escribió un libro genial que no es de ficción, "Mientras escribo" (2000), me sorprendió porque ahí dice dos de las tres cosas que siempre les digo a los que me preguntan sobre escritura; él dice que no hay ninguna isla llena de ideas a donde ir, la única solución es escribir más y leer más. A esas dos cosas yo le agrego una: vivir más".

Yo tuve mucho miedo a vivir, tanto que un día llegué a la conclusión de que me iba a morir de miedo, joven. Entonces me dije que mejor era morirme tratando de vencer día a día al miedo, haciendo una obra. En este mundo basta que quieras hacer realmente una cosa para que tengas a todos en tu contra. Hay que largarse a nadar sin saber nadar. En realidad, es una lucha que nunca termina, sólo cambia de forma.


Télam

viernes, 25 de noviembre de 2011

En el blog de Eterna Cadencia

El libro en la pizarra ::

Una copa de amontillado

Agradecemos a la editorial independiente 13 x 13 que nos cedió el prólogo de Alberto Laiseca a las cuatro obras de E. A. Poe reunidas en The Stylus: “A todas estas ‘humoradas repelentes’ (según el decir de ignorantes críticos) me las inspira el humor de Mr. Poe, naturalmente. Yo lo leí mejor que otros”.

Por Alberto Laiseca

the stylus

Es para mí un misterio la razón por la cual el humor de Poe no tuvo continuadores. Se me dirá: “Cada escritor tiene su propio sentido del humor. Caso contrario nos andaríamos imitando unos a otros”. Cierto. Pero podrían existir aproximaciones, afinidades. No las hay. Al contrario: el sentido del humor de Edgar Allan Poe despierta hostilidad. Para muchos (y lo incluyo yo a Julio Cortázar) lo suyo no es más que muecas horripilantes o sonrisas de calavera.
Escribe Cortázar en sus comentarios a El Rey Peste: “Shanks ha visto aquí ‘una bufonada increíblemente estúpida e ineficaz’. Quizá cupiera ver también un gran fracaso; la primera mitad del relato es excelente, y la descripción de Londres bajo la peste parece digna de cualquiera de los buenos cuentos de Poe; pero hay algo de callejón sin salida al final…”. También cita Don Julio a Stevenson, archienemigo del humor de Poe: “Para R. L. Stevenson, ‘el ser capaz de escribir El Rey Peste había dejado de ser humano”. Un poco exagerado, ¿verdad?
Me llama mucho la atención que si bien la poesía y los cuentos de terror del Maestro son hoy universalmente admirados (a sus ensayos, incluso, si bien se los discute se los respeta), casi toda su obra satírica y humorística es vigorosamente negada. ¿Cuál es el motivo? Para averiguar las profundas razones yo debería ser Sigmund Freud. No lo soy, claro está, de modo que no aventuraré hipótesis psicológicas. Pero que el rechazo masivo me desagrada mucho es cosa clara.

Volviendo al Rey Peste. Los críticos parecen no comprender que precisamente en la segunda parte del relato Poe ha creado unos monstruitos originalísimos y deliciosos. Mi bestia preferida es la Archiduquesa Ana Peste: esa chica joven y horriblemente hermosa, en el último extremo de la tisis y la anorexia. Tiene, además, una nariz tan larga que le llega por debajo del labio inferior. ¡Una joya erótica! Yo, por mi parte, la tendría desnuda y atada por la nariz a una de las patas de mi cama, como si fuese un gallo rojo para que me proteja en mis sueños[i]. Por la mañana la desato y comienza su esclavitud sexual. Porque es mucho el placer que puede proporcionar una chica que no tiene nada que perder y sí mucho que ganar. Una piltrafita pateable, en suma.
A todas estas “humoradas repelentes” (según el decir de ignorantes críticos) me las inspira el humor de Mr. Poe, naturalmente. Yo lo leí mejor que otros.
Malevolencia y distracción en la lectura. R. S. Stevenson (según Cortázar) se enoja muchísimo con Poe porque en El pozo y el péndulo “el personaje no ose decir lo que vio en el fondo del pozo”. “Veía en eso ‘una impostura, un audaz e imprudente escamoteo”. ¡Pero si lo dice! De manera sutil, claro. Las ratas que pululan por la celda y que tienen su cuartel general en el fondo del Pozo son alimentadas por los monjes de carne humana. El horror del personaje al mirar en el fondo de ese abismo es porque comprende que los inquisidores lo han condenado a ser devorado vivo.
Supongo que debemos perdonar a Mr. Stevenson su incomprensión y mala lectura, porque después de todo es el autor de La isla del tesoro y de El extraño caso del hombre y la bestia. Pero lo perdonamos apenas. No deberíamos.
Por otra parte, a quien no le guste el sutil humor e ironía de Nunca apuestes tu cabeza al diablo ¿qué podríamos decirle? Nuestros labios enmudecen porque no se puede explicar el arte. El sabor tan particular del cuento es como el placer que proporciona una copa de amontillado. Yo, por mi parte, soy sumamente tolerante. A quien no le guste esta magnífica narración me limitaré a enterrarlo prematuramente. Quizá el filoso péndulo. O tal vez precipitarlo de cabeza en un torca repleta de ratas; otrosí (como diría un legista) podemos llenarla de gatitos negros hambrientos, que se harán con él un festín. Shaka zulu…
La filosofía de la composición. Nadie le ha creído a Poe cuando nos asegura que creó El cuervo de una manera absolutamente reglada, calculada, matemática. Yo tampoco le creo. Por cierto mucho de lo que dice es verdad. Todos tenemos, antes de empezar una obra, un plan de trabajo. Este sufre las modificaciones que necesite. Gran parte de las transformaciones se deben a nuestro pasado (que enriquece) y a los impulsos subconscientes. Estos, por su parte, son imposibles de reglar. Si se pretendiera dirigir lo que surge abajo, sólo lograremos destruirlo.
A todo esto Poe no debió ignorarlo. Entonces, ¿por qué escribió lo que escribió? Para contestar esto debemos examinar al autor y a sus contemporáneos. Poe era muy poco comprendido en la Norteamérica de aquel entonces. De no ser por un francés (Baudelaire) quizá la obra de este Maestro no hubiese llegado a nosotros. O como dice La Odisea: “Llegarás a Itaca, pero tarde y mal”.
La negación y la continua pobreza pueden afectar a un genio. La impotencia social suele producir arranques de omnipotencia literaria. Es como si él nos dijera: “Sepan que yo soy el Jefe Supremo de todo lo mío”. ¿Quién tiene la culpa de tales arranques? La sociedad estúpida que desgasta y aísla al supremo talento.
De todas maneras La filosofía de la composición está estupendamente escrito, enseña mucho porque no siempre se equivoca, y bien vale la pena leer estas páginas disponiéndose al placer.
Berenice. Quizá sea el cuento más espantoso de Poe. Será por eso que me gusta tanto. El autor decidió quitarle un fragmento para las sucesivas ediciones, cosa que es vigorosamente aprobada por Cortázar. Según él, al restarle ese trozo, el cuento mojoró mucho. Yo no opino así. Por el contrario la obra pierde. En el original, antes de la mutilación, Egeus se acerca al ataúd donde Berenice está siendo velada. El personaje ve que la “muertita” mueve uno de sus deditos. Se calla la boca y deja que la entierren viva. Es un pasaje importantísimo. En cuanto al morbo del fragmento suprimido: no me asusta, es parte del tono de obra y, como todo lo que escribía nuestro genio, memorable.
El final de Berenice es horripilante, como las memorias del burro parlante. No puedo hablar de esto, por desgracia, porque privaría al lector de una agradable sorpresa sádica. Sólo una cosa y aquí paro: cuando Egeus arranca el sudario de la muertita, ella, por consiguiente, queda “desnudiya”. Pero está tan bien escrito y con tanto disimulo, que uno puede pasar décadas antes de comprenderlo.
¿Y por qué la desnuda a su primita? A quien se atreva a efectuarme esa pregunta le contesto muy enojado: usted es un caso perdido desde el punto de vista de la virtud perverso/polimorfa. Lo hace para que las horribles cosas que piensa efectuarle a continuación sean más eróticas. ¿Pero es que acaso tengo que explicar todo? Joderse, dijo el Virrey (como decía mi tío Enrique).




[i] Cuenta García Márquez que el dictador Anastasio Somoza jamás se iba a dormir si antes no ataban a su cama a un gallo de ese color.

martes, 1 de noviembre de 2011

El viernes 4 de noviembre en Rosario

Diario La Capital, de Rosario
Laiseca y una noche de terror

Una cita con el miedo. Eso es lo que promete el Centro Cultural Bernardino Rivadavia para el próximo viernes a las 20.30, cuando Alberto Laiseca regresará a Rosario para ofrecer Cuentos de Terror, un espectáculo donde el gran escritor presentará sus versiones de "La caída de la casa Usher", el clásico de Edgar Allan Poe, y de "La madre y la muerte", cuento tradicional alemán.

Nacido en Rosario el 11 de febrero de 1941, Laiseca pasó su infancia en Camilo Aldao, en el límite entre las provincias de Córdoba y Santa Fe. Según dice en "la guarida del monstruo", su blog, "trabajó en diferentes oficios en distintas provincias: fue cosechero, empleado telefónico, corrector de pruebas de galera en el diario La Razón". El ciclo Cuentos de Terror, que hizo en I-Sat, y la monumental novela Los Sorias lo constituyeron en un autor de culto, además de sus diecinueve títulos, que incluyen la reciente edición de Cuentos completos.

"Poe estaba convencido de que su mejor relato era Ligeia. Disiento con él en este aspecto: su obra mayor es Usher, que es una pieza maravillosa, colmada de imágenes, detalles y símbolos, y con un clima único", dijo Laiseca, a propósito de uno de los relatos que presentará en el Bernardino Rivadavia, con entrada libre y gratuita.

sábado, 17 de septiembre de 2011

Un café con Usher


El pasado 16 de septiembre Alberto Laiseca inauguró la nueva temporada del Café de la SEA (Sociedad de Escritoras y Escritores de la Argentina), con el comentario y posterior narración de La caída de la casa Usher de Edgar Allan Poe. "Poe estaba convencido de que su mejor relato era Ligeia. Disiento con él en este aspecto: su obra mayor es Usher, que es una pieza maravillosa, colmada de imágenes, detalles y símbolos, y con un clima único”, destacó el autor de Beber en rojo (Drácula), antes de la recreación del cuento. La actividad se desarrolló en el auditorio Francisco Madariaga de la sede de la SEA (Bartolomé Mitre 2815), y en la ocasión leyeron Ana Arzoumanian y Liliana Heer.


Enviado especial José María Marcos

martes, 13 de septiembre de 2011

En la SEA



El viernes 16 de septiembre Alberto Laiseca cuenta La caída de la casa Usher, de E.A. Poe, en la Sociedad de Escritoras y Escritores de la Argentina, a las 19.00 [Bartolomé Mitre 2815, 2°Piso, Of. 227].

martes, 30 de agosto de 2011

Hoy en La Voz del Interior

Alberto Laiseca, experto en miedos

Alberto Laiseca viene a hacer una de las cosas que mejor le salen: leer cuentos de terror. La cita con el destacado escritor es el jueves, en la presentación de “Ciudad X”.

Por Javier Mattio
Las sombras, el bigote, el humo tenebroso del cigarrillo y el relato que avanza inclemente, sin efectismos ni sobrecargas: eran mínimos los recursos de los que se servía Cuentos de terror, el ciclo en I.sat que protagonizaba Alberto Laiseca, para cautivar al espectador. Aunque su obra literaria ya era profusa, el programa televisivo sirvió para proyectar la curiosa figura del escritor argentino hacia un público diverso, desplazamiento audiovisual que coronó con su papel genial y balbuceante en la película El artista.

Este jueves, como si se tratara de un singular bonus-track de Cuentos de terror, Laiseca vendrá a narrar en vivo y en directo al Centro Cultural España Córdoba (Entre Ríos 40) una de sus ficciones de horror favoritas, acompañando la presentación de Ciudad X.

Y no hay dudas de que hay algo primitivo y visceral en ese arte de “contar un cuento”, práctica que trasciende la lectura y la escritura para desplazarse hacia terrenos más “teatrales”, sin abandonar el hechizo hipnótico que despierta cualquier narración; más aún si ese relato es La caída de la casa Usher, de Edgar Allan Poe. “Es una obra maestra –opina Laiseca–. Es la mejor de las obras de Poe, a pesar de que él creía que Ligeia ocupaba ese lugar”.

Si bien el imaginario del terror ha ido renovando sus pesadillas decimonónicas, Laiseca advierte que el género siempre acusó un aura universal: “Yo admiro muchísimo a Stephen King, él es moderno, contemporáneo, pero el terror es siempre clásico. El Resplandor transcurre en una casa encantada, el Overlook Hotel, y tiene los mismos lineamientos de cuando se contaban historias sobrenaturales sin saber leer ni escribir, alrededor de la fogata. El terror es un regreso a las fuentes, al susto primigenio”, comprueba.

¿Y qué hay de su alter ego, el Conde Laisek? ¿Ayudó a cimentar una imagen oscura de Laiseca? “Yo embromo diciendo que soy el Conde Laisek, es parte de la imagen, del cartel –dice–. Soy un tipo sencillo, no me gusta hacer sufrir a la gente ni que me hagan sufrir, a pesar de haber escrito El manual sadomasoporno. Eso fue más bien un juego,Tal devoción por lo lúdico es lo que lleva a Laiseca a ser autor y actor, sin filtros ni afanes “experimentales”. “No hay ninguna contradicción en ser ambas cosas –opina–, yo siempre he dicho que si el escritor es bueno, es actor aunque no lo sepa. Es actor en sus personajes, al escribirlos. De la literatura a la actuación hay un paso muy cortito. Hay que animarse a darlo, nada más”.

Una larga historia
Aparte de sus recientes incursiones extraliterarias, Laiseca es un emblema de culto gracias a su monumental novela Los Soria, descubierta y apadrinada en su momento por Fogwill, César Aira y Ricardo Piglia. Fue gracias a ellos, dice Laiseca, que el libro (y el mito) se puso en marcha.

Hoy, la novela brilla como una solitaria hazaña maximalista, en tiempos en que la narrativa argentina se torna cada vez más breve. ¿Tiene su autor explicación para ese fenómeno de compresión textual? “Tal vez por la ausencia de lectores”, aventura. Y se explaya: “Hoy, ya sea por el uso de Internet o por los juegos electrónicos, los pibes, que son nuestros herederos, leen cada vez menos, y eso es preocupante para el arte y la imaginación”.

“Los escritores se desaniman y tratan de escribir cosas cortas”, sigue. “Pero se equivocan. Las novelas tienen que tener el tamaño que deben tener. Si usted tiene una cosmovisión, sin duda va a necesitar muchas páginas para expresarla. ¿Por qué cree que escribí una novela de 1.300 páginas? No podía desarrollarla con menos. Hoy, mucha gente carece de una cosmovisión”.

Laiseca acude a esa sabiduría de largo aliento para brindar sus talleres, de los que han surgido nuevos nombres que él reivindica: “Hay gente muy excepcional que ha salido de ellos, como Leonardo Oyola, Alejandra Zina o Selva Almada, a quien le presenté Una chica de provincias”.

–¿De dónde sale su vocación por la literatura “bastarda”?
–Leyéndola cuando era chico, advertí que en esa literatura bastarda había mil cosas geniales. Pero también he escrito novelas clásicas como la mujer en la muralla o La hija de Keops o Las cuatro torres de Babel. Los Soria sería una mezcla entre lo clásico y el rescate de lo bastardo.

–¿Qué rol cumple la historieta en esa “mezcla”?
–La historieta ha tenido una importancia enorme en mi vida. Cuando era chico leía algunas completamente delirantes, como Ocalito y Tumbita, que salían en la vieja Billiken, en la época en que la fundó Constancio C. Vigil. Era sobre unas ratitas que estaban en los zócalos y vivían aventuras que no tenían nada que ver con las historias que pasaban arriba, entre los hombres.

–¿A qué se dedica en estos días?
–A ganarme el peso. Mi novela sobre la guerra de Vietnam está detenida hace mil años, desde la baja Edad Media. No la puedo escribir por falta de tiempo, eso me tiene mal. Cada vez las cosas están más caras, y hay que trabajar el doble para ganar la mitad. Eso jode a la literatura.

–Usted se crió en Camilo Aldao, en Córdoba. ¿Tiene vínculos con el lugar?
–Sí, estuve hace poco. Es un pueblito de 5.000 habitantes al sudeste de la provincia, lo adoro. No es un lugar turístico, así que a nadie le recomiendo que vaya, porque ni siquiera tenemos hotel. De todos modos, la mayor parte de mi vida la viví en Buenos Aires.

domingo, 28 de agosto de 2011

Terror en Córdoba



El jueves 1 de setiembre, a las 19.30, Alberto Laiseca y sus cuentos de terror en vivo. En la ciudad de Córdoba [Entre Ríos 40], con entrada libre y gratuita.

martes, 23 de agosto de 2011

Monstruo suelto en Morón


Este viernes 26 de agosto, a las 19.30, Alberto Laiseca participará del Festival junto a la escritora Florencia Abbate. Concejo Deliberante, Alte. Brown 910, Morón.

viernes, 22 de julio de 2011

Hoy en ADN/ La Nación

Laiseca, el delirio al poder

La reunión en un solo volumen de todos los cuentos del desmesurado narrador argentino permite vislumbrar los alcances de una obra original y clarividente.


Por Martín Lojo
LA NACION

En el capítulo 131 de Los Sorias (1998), los linyeras del país de Tecnocracia, considerados "animales mágicos" por el tirano Monitor, emprenden la titánica edificación de un "Falso Bayreuth", de mayores proporciones que el teatro original, en el que representarán la tetralogía wagneriana. Como es lógico tratándose de crotos, sus "haraposidades" utilizan chatarra, telas, arpillera, estopa, cajones para vino, velas y todo tipo de descartes. La empresa se lleva a término pero, por la precariedad de los materiales, el teatro se incendia por completo en la primera representación, al finalizar El ocaso de los dioses . Ese episodio es una metáfora precisa de los artilugios del "realismo delirante" acuñado por Alberto Laiseca (Rosario, 1941). Sus relatos toman como materia prima tanto obras canónicas literarias y musicales (Poe, Joyce, Mozart, Wagner) como "desechos" de la cultura: el cine clase B (el terror, la ciencia ficción, el policial), los best sellers, la pornografía, los dibujos animados, las historietas de superhéroes, los lugares comunes del habla y de la música populares, la divulgación científica, el ocultismo. Un punto de partida que comparte con numerosos autores locales que encontraron en el delirio un modo de escapar de la monotonía narrativa. Pero a diferencia del control que brinda el experimento vanguardista en que se amparan obras como la de César Aira, la escritura de Laiseca se pierde sin reparos en la búsqueda de una obra total y desmesurada, en la que cada acierto es el resultado de un avance arduo a través de sus obsesiones. Cuentos completos , que reúne sus esenciales tres primeros libros del género, Matando enanos a garrotazos (1982), Gracias Chanchúbelo (2000) y En sueños he llorado (2001), y agrega relatos más ligeros publicados en diversos medios o inéditos, ofrece un panorama exhaustivo de esa escritura que produce por igual la carcajada y el espanto, la fascinación y el desconcierto.

En un texto de 1983, Fogwill atribuía a la obra de Laiseca las propiedades de un fractal: una forma hipercoherente en la que todos los niveles reproducen la misma estructura. Una misma morfología se repetiría en el léxico y la sintaxis, en la acción y la descripción. Tales características pueden comprobarse en un texto como "Terriblemente, ferozmente, horriblemente", en el que el autor de Matando enanos a garrotazos responde a la mítica admonición que se le adjudica a Borges sobre ese libro ("¿qué se puede esperar de un tipo que empieza en gerundio el título de su obra?") con una declaración de guerra: "Dedicando, entonces, éste, un mi cuento, a los enemigos de siempre. Aquí les ofrezco no sólo gerundios los tales, sino adverbios, frases germanizadas, comas antes de verbo, rimas, hiatos y disonancias de las más pura y clásica cepa roman atonal". Con tal propuesta beligerante, Laiseca borra los límites de la "mala escritura" y crea la extrañeza de un ritmo "exótico" (cuentos hindúes, arábigos, chinos), afecto a producir colisiones semánticas como el encuentro, en un mismo párrafo, de nombres como Biko Peter Gabriel, Gancho Gelatinoso Formol y Robert McNamara. El resultado es la creación de una lengua lujuriosa y barroca "a garrotazos", la forma ideal para narrar historias prodigiosas.

Laiseca reescribe leyendas populares como la mujer sepultada viva de "La verdadera historia de la Mujer de Blanco" o el perro-rata de "El Bobi"; escribe, en "El cuarto tapiado", un cuento de terror total que incluye fantasmas y mansiones góticas, científicos locos, tumbas egipcias y golems; crea una religión hindú de ratas mafiosas en "El poeta Charán" y mezcla casos policiales y zombis en "Perdón por ser médico". Pero algunas de sus obsesiones se destacan y evidencian que su búsqueda va más allá de la mera hipérbole humorística. Discípulo industrioso de Sade, el maestro Lai explora torturas extremas y perversiones que estremecerían a los lectores más osados. Es ejemplar "La isla de los cuatro juguetes", en el que una joven sometida a la represión de su madre se venga convirtiéndola en su esclava sexual, con la complicidad de su padrastro, violador y amante. Como aclara en "Trilogía misógina", no se trata tanto de sadomasoquismo como de "horror y desesperación", y la violencia de estos "cuentos edificantes" tiene un fondo de justificación moral que desenmascara la represión como origen de la crueldad.

Las obsesiones que ocupan sus mejores relatos son, no obstante, las del poder, la guerra, la ciencia y la técnica, las fuerzas de la civilización que hacen al hombre víctima de sus deseos. Entre sus gigantografías, Laiseca imagina la construcción de máquinas de guerra, un tanque y un buque-ciudad-torre de tales dimensiones -más de mil metros de largo y más de quinientos de ancho- que precisan más de treinta mil hombres para ponerlas en funcionamiento y resultan, por supuesto, completamente inútiles por su incapacidad operativa. Inventa una máquina para viajar en tornado que pulveriza a su tripulante en el viaje inaugural. Narra rebeliones militares obstinadas que condenan a la autodestrucción. Una expedición a la tumba de Tutantchaikovsky despierta la ira de la momia de Mozart, y la "escalación de la gran madera" descubre que el gigantesco monolito emplazado en una llanura arenosa no es el resto de una civilización perdida ni un artefacto extraterrestre, sino "simplemente, un lugar a medio hacer".

Cuando narra el fracaso de proyectos colosales, Laiseca logra sus páginas de mayor belleza plástica. Tal es la última visión del tripulante de la nave de "Viaje en tornado": "En cierto momento pasó por un estanque lleno de peces color sangre, y llevóse toda el agua y su contenido. Los animales ahora giraban junto al cuerpo del titán. No habían tenido tiempo de morir y circulaban por su nuevo elemento siguiendo las trayectorias de las líneas de fuerza, como glóbulos rojos marchando en torrente por las venas". Algo semejante ocurre con la explosión de forma y color de las plantas mutantes de "El jardín de los monstruos magnetofónicos".

Como dice el croto Moyaresmio Iseka, el objetivo es "vislumbrar la verdad a través del dislocamiento de las exageraciones". La carcajada crispada que despierta el delirio de Laiseca es el reconocimiento de que su lógica absurda, apenas aumentada por un lente deformante, es idéntica a la de los inútiles esfuerzos de toda civilización por dominar el destino y vencer la muerte.

El humor es un exorcismo contra el triunfo seguro de la entropía y el Anti-ser. En el cuento "Los santos", los habitantes de una ciudad alcanzan la gracia divina dedicando su vida a actividades inútiles, pero realizadas con minucia religiosa. Uno recopila hechos insólitos, otro estudia la magia teórica, otro lee enciclopedias; uno construye, solo, la Gran Muralla China; otro, la Gran Pirámide. El guardián de la ciudad explica al visitante: "El error consiste en tomar a estos hombres como excepciones. Es tarea común a los humanos, sólo que tales trabajos por lo general son parciales e invisibles. Le hablé de lo poderoso de la tentación. Aun así dominarla no resulta irrealizable: basta con rechazar el espejismo desértico para que la arena deje de crecer a costa de la tierra. Sin trabajo interior el hombre se convierte en santo automáticamente. No porque esto sea lo natural, sino a causa de que hoy el mundo está lleno de incentivos y catalizadores en esa dirección". Este relato resume la ambición de la obra de Laiseca: captar tanto el horror como la belleza de los vanos, amorales e irracionales esfuerzos de la humanidad por extender los límites de su dominio. "Más allá: la nada, con todos sus abismos."

ADN LAISECA

Los Sorias, su legendaria novela de 1323 páginas, tardó dos décadas en ser publicada. El derrotero editorial de Alberto Laiseca (Rosario, 1941) tuvo una suerte errática, aunque con los años su populosa obra fue viendo la luz. Entre sus novelas se cuentan La mujer en la muralla (1990), El jardín de las máquinas parlantes (1993) y El gusano máximo de la vida misma (1999). También publicó Poemas chinos (1987) y el ensayo Por favor, ¡plágienme! (1991).


Cuento: "El jardín de los monstruos magnetofónicos". En este relato, originalmente publicado en Matando enanos a garrotazos, Laiseca pone en escena un alucinante experimento con ecos kafkianos.


viernes, 15 de julio de 2011

Laiseca en el Clarín de hoy

"Yo siempre respeté la realidad: es lo único que tenemos"

El creador del realismo delirante festejó la edición con risas y sala llena.

PorGabriela Cabezón Cámara





MAESTRO CONTENTO. ALBERTO LAISECA, EN SU PRESENTACION DEL MARTES.

"Nunca tuve un alumno tan malo como era yo cuando empecé” dice Laiseca, con los ojitos achinados y los bigotazos casi pegados a las orejas de tan sonriente, impecable y feliz: es martes a la noche, está en la Casa de la Lectura y está presentando sus Cuentos Completos (Simurg) ante una sala llena. Sigue, con esa forma de hablar tan suya, en la que se interroga, “¿Por qué te dedicaste a la literatura entonces, Laiseca?”, y se contesta, “Se lo dijo Mijail Sergeievich, el último premier soviético, al pueblo ruso: ‘ya no tenemos lugar a donde retroceder’. Sin saberlo, acuñé la frase antes que Gorbachov. ‘No tenés más remedio que ser genio’, me dije”. Es que dejó todo para dedicarse a la literatura: la carrera de ingeniería, la mensualidad paterna, la posibilidad de volver a casa. Terminó de cosechero, en Mendoza. Y ahí empezó un camino largo y tan original como la obra que logró construir: ya en Buenos Aires, fue personal de maestranza en un banco. Y se hizo amigos. Entre ellos, un escritor en las antípodas de su estética, Osvaldo Soriano. “El me ayudó mucho a mí, a publicar mi primera novela, Su turno , por ejemplo. Nos admirábamos mutuamente, pero ninguno influyó en la obra del otro. Sin embargo, cuando leí Una sombra ya pronto serás , vi que habíamos llegado a lo mismo: ese tipo con traje y valija en el medio de la desolación, “como un error de la naturaleza”, dice el Gordo, esos tres militares que se dan órdenes entre ellos porque no tienen ejército, ni balas, ni nada: eso es realismo delirante”.

El realismo delirante es un invento de Laiseca, el modo en que define su literatura. “Siempre respeté mucho la realidad: es lo único que tenemos. El delirio debe estar al servicio de la realidad. Cuando a Oscar Wilde le publicaron El retrato de Dorian Gray , hubo quien lo acusó de ser excesivamente paradojal. El tipo dijo, ‘bueno, tiene razón, soy paradojal en exceso: sucede que me gusta ver la verdad en la cuerda floja, para ver cómo funciona’. Y yo podría decir lo mismo del realismo delirante, es cómo poner la realidad un poco sobre la cuerda de Wilde, para ver cómo funciona”. Para eso estudió, y ahí están las raras erudiciones de Laiseca: sabe, mucho, de poesía china. De física teórica, de teoría de la guerra, de astrología, de mecánica, de historia antigua, de películas de terror y pornográficas, de cuentos de hadas y de química.

Podemos decir que sus realidades delirantes funcionan de una manera deslumbrante: si alguien duda, lea estos Cuentos Completos . O Los Soria , la mítica novela donde el escritor pone en cuestión el poder. Un tema que atraviesa toda su obra y se relaciona con el único relato que hace que se le caigan los bigotes: su infancia sin mamá, sometida a la indiferencia del padre y al sadismo de algunas “sirvientas malas”. Pero los bigotazos vuelven a subir cuando cuenta la única batalla que le ganó a una de ellas, la que, cuando se enojaba, le pegaba y le gritaba: “Pero qué te has créido ”. El era chico, pero notó el cambio de la acentuación y se burló: “Pero Mária , ¿qué me decís?”, gritó a su vez. Y ella se avergonzó y lo dejó ir en paz.

miércoles, 13 de julio de 2011

Hoy presentación de los Cuentos Completos





Ediciones Simurg y Casa de la Lectura
invitan a la presentación de los

Cuentos Completos
de
Alberto Laiseca

a cargo de Walter Iannelli y el autor

Miércoles 13 de julio, 19.30 hs
Casa de la Lectura
Lavalleja 924
(entre Jufré y Lerma, Barrio de Palermo)

martes, 14 de junio de 2011

La Gaceta de Tucumán

"Internet es un invento del Príncipe de las Tinieblas"

Laiseca, uno de los más originales escritores de la literatura argentina y el autor de la novela más larga que haya publicado un narrador de nuestro país, advierte los riesgos de la "red de redes" sobre los niños pero destaca las posibilidades que ofrece la televisión. Ataca el prejuicio que afecta a los best sellers, rescata a Stephen King y afirma que a Borges le faltó vivir.
Por Martín Mazzuco, para LA GACETA - TUCUMAN.

Cuando uno se topa con una imagen de Alberto Laiseca, piensa que ese hombre de figura imponente y bigote protagonista: debe ser un pescador de salmones en un fiordo noruego, que lucha contra bravos mares y gélidos vientos; o un escritor. Y uno no se equivoca, porque Alberto Laiseca es lo segundo. Y en el sentido estricto del término: es un escritor, un narrador, un hombre que batalla con las palabras y la sintaxis hasta crear un mundo que, por lejos, es de los más originales en la literatura argentina. Ya sabemos que la originalidad no es un mérito en sí misma, pero en el caso de Laiseca, cubre como una mantilla celosa tanto la genialidad como el trabajo, que sí son encomiables. Pactamos una entrevista telefónica. Va a realizarse durante tres noches. No serán tantas como las de Sherezade en Oriente, pero tendrán también su encanto. Yo preguntaré desde la noche en Tucumán, y él me responderá desde su departamento en Buenos Aires, con voz de megalito, de dragón pacífico. En medio de ambos, su obra y sus ideas. Entre otras cosas, hablaremos de Los Sorias. Para quien no esté al tanto, es su obra maestra: un monumento de 1.500 páginas que tardó varios años en publicarse. Una novela que recorre los temas típicos de la literatura, pero bajo formas tan propias, que demuestra al lector una cosa: no sólo es el contenido; en la forma está también la belleza. En la iglesia del barrio se adora a Cristo, como en la Catedral de Chartres, pero no podemos negar que la segunda tiene una belleza inalcanzable para la primera. Con Los Sorias pasa lo mismo: ya hemos leído sobre el poder, el amor, la humanidad, pero nunca en estos moldes. Nota completa aquí.

lunes, 13 de junio de 2011

Laiseca, el hermano delirante de Borges



En la selva de los gerundios

Oportuna, una edición de los Cuentos completos de Alberto Laiseca no sólo pone al alcance de nuevos lectores una obra que viene proliferando por el mundo subterráneo de la literatura argentina, sino que permite ver en perspectiva la coherencia de su desarrollo. El hermano más delirante de Borges empezó un largo camino con Matando enanos a garrotazos, camino que se volvió laberinto, pasadizo y selva de palabras.


Por Damian Huergo

El primer libro de cuentos de Alberto Laiseca, Matando enanos a garrotazos, publicado en 1982, arranca con un nota de autor que recomienda a los lectores “tomad un hierro (un garrote de fresno, un trinchante o cualquier otra cosa), y penetrad alegremente en las selvas de estos trece cuentos”. Por azar o por un acierto de edición, la misma nota sirve de preámbulo para los Cuentos Completos que acaba de publicar Simurg. Sin embargo, a poco de andar, el lector presiente que la nombrada selva apenas es el árbol que cubre más de seiscientas páginas de flora y fauna salvajes. Y, por lo tanto, atisba que para avanzar en esa jungla –donde, entre muchos otros personajes, acechan un bey que emparedó vivas a sus amantes, una gorda suicida que busca asesino sádico por Internet y demonios con múltiples máscaras humanas– deberá procurarse de un armamento mayor al indicado; o, en el mejor de los casos, tan sólo de un cómodo sillón, buena luz y tiempo para darse un viaje –ya sea lisérgico o como espacio temporal– por el planeta Laiseca.

En uno de los relatos compilados en este volumen, dos escritores crotos debaten sobre el título que uno de ellos le pondrá a su primer volumen de cuentos. Luego de varias posibilidades donde se burlan y celebran –por igual– a gran parte de la literatura y el cine occidental del siglo XX, ambos acuerdan en llamarlo Matando enanos a garrotazos. La escena hace hincapié en la redondez del título del primer libro de cuentos de Laiseca. Allí, en la sintaxis que forman sólo cuatro palabras, como si fuese una píldora que condensa una decena de propiedades, pueden rastrearse las claves de su literatura: uso de gerundios, argumentos absurdos, una moral que desborda el cinto de la norma y el sembradío de pistas falsas que no contribuyen, en el sentido clásico, a la historia que se está contando. Tal como sucede en su primer libro, donde desfilan viejas vejadas, milicos torturadores, crotos dandies, pero –pese al título– ningún enano, ni duro en el jardín ni con la cabeza abollada a garrotazos.

Su siguiente libro de cuentos, Gracias Chanchúbelo, fue publicado en el 2000, luego de que hubiera pasado mucha agua y muchas páginas (en ese lapso publicó, por ejemplo, la monumental novela Los Sorias) bajo el puente. A pesar del tiempo transcurrido, entre ambos libros hay más continuidades que rupturas. Por ejemplo, la postura misógina iniciada en el políticamente incorrecto “El Checoslovaco”, donde el protagonista quiere matar a su mujer utilizando todos los artilugios de la violencia simbólica, es retomada en “Jack el Olvidador” por el –supuesto– asesino serial que atemoriza y desespera a las mujeres apretando sólo el gatillo de la indiferencia. En estos cuentos, al igual que en los que integran la Trilogía misógina, Laiseca entra en el terreno delicado y susceptible de la feminidad. Lo hace con un tono chistoso e hilarante que, como si fuese su caballo de Troya, le sirve para introducir en el seno del campo literario bien pensante ideas macabras, como que ciertas mujeres prefieren ser descuartizadas a ignoradas, o gags cínicos a lo Groucho Marx del estilo “ella había perdido su silueta. Encontró otra, pero más gorda”.
La literatura de Laiseca parece utilizar los moldes vacíos que dejó la extinción de Borges y los rellena a su antojo, como si fuese un hermano maldito que disfruta al burlarse de su semejante. La similitud se percibe en la estructura de los cuentos largos de En sueños he llorado, su tercer libro del género, y en el modo en que –ambos– inventan personajes de historias apócrifas, paralelas a la Historia con mayúscula. La diferencia está en el uso de los saberes enciclopédicos de cada uno. Allí donde Borges utiliza sus conocimientos literarios y filosóficos, Laiseca agrega teorías científicas, arqueología egipcia, magia negra, óperas de Wagner, cuentos de terror, cine porno sadomasoquista y delirio paranoico a granel. A la vez, otra diferencia se percibe en cómo conciben la organización del mundo. Si en la literatura de Borges es por medio de fuerzas cósmicas y ocultas, en la obra de Laiseca esos poderes salen de la sombra y exhiben sus artimañas tortuosas y complejas, tal como sucede en el magnifico “El poeta Charán” o en “La serpiente Kundalini”.

Cuentos Completos incluye el resto de la producción cuentística de Laiseca, desde “Mi Mujer”, publicado en el diario La Opinión en 1971, hasta el flamante “La verdadera historia de la Mujer de Blanco”, pasando por un puñado de inéditos y otros cedidos a diferentes antologías. Leídos en conjunto resalta el eje temático formado por el triángulo mujer-amor–dinero, como si fuesen elementos contaminantes que al relacionarlos borran todo atisbo de pureza posible. El tema es una constante en sus cuentos iniciales, como “Fábula del pobre y la bolsa”, y en recientes como “Querida, voy a comprar cigarrillos y vuelvo”, llevado al cine por los directores Cohn y Duprat.

Otra de las obsesiones del creador del realismo delirante es el desvelo de los escritores por lograr la obra magna. Como en su novela Aventuras de un novelista atonal vuelve al tema en los cuentos “Los Santos” y en “Gracias Chanchúbelo”, donde a un joven escritor se le cumple el deseo de escribir su obra máxima a costa de pagar el precio de que “nadie pueda leerla ni saber que exista”, como si fuese una metáfora de lo que le costó al mismo Laiseca publicar Los Sorias, su mítica novela de más de mil trescientas páginas.

Los cuentos de Laiseca están comunicados por túneles y calles oscuras con el resto de sus novelas y poemas. Los personajes saltan con naturalidad de un formato a otro como si estuviesen habitando las habitaciones de una misma casa. Cuentos Completos, al igual que la mansión donde se desarrolla el genial “El cuarto tapiado”, tiene pasadizos secretos y selváticos que llevaran al lector por distintos siglos y estilos. Se recomienda que vaya atento pero despreocupado. Y se le desea, como alienta la nota que inaugura el libro: ¡buena caza!

RADAR Libros, domingo 12 de junio de 2011.

martes, 7 de junio de 2011

En el suplemento Cultura, de Perfil, este domingo

"Yo delirio pero con realismo"
El autor de la novela más larga de la literatura argentina (Los Sorias) acaba de publicar sus Cuentos completos, que incluye quince textos inéditos. En esta entrevista habla de su vida, de la creación literaria, y de la influencia social de la literatura.

Por Fernando Molle


La morada del narrador. Por estos días, el escritor está buscando un nuevo departamento donde mudarse junto a sus dos perros, dos gatos y su particular biblioteca, cuyos volúmenes están todos forrados de la misma manera.

Desde sus dos metros de altura, Alberto Laiseca se inclina, saluda y hace pasar a una pequeña y no muy luminosa planta baja, con un patio en donde dos perros akita están echados con impasibilidad oriental. Gran biblioteca de libros forrados junto a la cama, donde dos gatas –madre e hija– sueñan ronroneando indiferentes al cronista. Una mesa grande, sobre la que se levanta una montaña literal de papeles donde cuesta apoyar el grabador. Se acaban de editar (en Simurg) sus Cuentos completos, que incluye los libros Matando enanos a garrotazos, Gracias Chanchúbelo y En sueños he llorado. Un aluvión cuentístico que cumple cuarenta años de vida, inaugurado con Mi mujer (publicado en La Opinión en 1971), y con la yapa de quince inéditos, algunos terminados este año. Al origen de esta voluntad de contar hay que rastrearlo en Camilo Aldao, el pueblo de Córdoba en donde Laiseca vivió sus primeros años. Una vida pueblerina desbordante de historias que complicaban el sueño. Laiseca dixit: “Yo me escapaba por las noches a lo de unas viejitas que vivían muy cerca. Y estas viejitas contaban cosas espantosas que según ellas eran verídicas. Que la luz mala, que el chancho sin cabeza. Y uno creía todas esas historias y se cagaba de miedo. Fue mi primer contacto con el terror”. Su padre no sólo le prohibía esos encuentros: también le escamoteaba los libros de Edgar Allan Poe, la otra gran revelación para el impresionable Alberto. “A mí nunca me asustó Poe; sí me fascinó siempre. Ha sido mi maestro. Nota completa aquí!

viernes, 27 de mayo de 2011

La voz del interior




El más amable de los monstruos, por Emanuel Rodríguez para La voz del interior

"Son las memorias del Conde", dice Alberto Laiseca acerca de sus Cuentos Completos. Su voz en el teléfono suena grave y cavernosa, como un eco un tanto impostado y divertido de una jocosa ultratumba. "Y usted sabe qué clase de conde soy". Laiseca juega con su nombre: es el Conde Laisek cuando cuenta cuentos, cuando adquiere esa especial caracterización de oscuro encantador, cuando juega con los claroscuros de su bigote. Para leer la nota completa aquí.

domingo, 15 de mayo de 2011

El editor


Laiseca y Gastón Gallo en la Feria del Libro



[Foto: Mica Hernández]

viernes, 13 de mayo de 2011

Laiseca en la Feria del Libro




El Monstruo charlando con el artista plástico Jorge Garnica, ilustrador de Cuentos Completos




Laiseca junto a Jorge Garnica, el editor Gastón Gallo y su bella esposa



[Las fotos son gentileza de María Soledad, a través de Garnica.]

domingo, 8 de mayo de 2011

Con la firma del Monstruo

Hoy Laiseca seguirá firmando libros en la Feria. A partir de las 17.00 en el Pabellón Azul, calle 7, stand 424. Excelente oportunidad para llevarse los Cuentos Completos dedicados por el autor.

La prensa sigue diciendo

Página/12, domingo 8 de mayo de 2011


La fábula del beduino y el mediocre

Por Juan Pablo Cinelli

El nuevo trabajo de la dupla constituida por los directores Mariano Cohn y Gastón Duprat (aunque virtualmente se trate de un trío: todas sus películas de ficción han sido escritas por Andrés Duprat, hermano de Gastón), Querida, voy a comprar cigarrillos y vuelvo, igual que las dos anteriores –El artista (2008) y El hombre de al lado (2009)–, trae nuevamente mucha sal en los bolsillos y tela para cortar. En sus trabajos anteriores, Cohn y Duprat presentaron algunos tópicos interesantes que no pasaron inadvertidos, y su tercera ficción renueva esa costumbre. Si en El artista se planteaba el problema de los límites del arte y los artistas, y en El hombre de al lado las preguntas eran sobre todo materia social, en su nuevo film insisten con un juego entre creación, creador y criatura, que no parece inocente. Una de las discusiones potenciales puede resumirse sencillamente: qué responsabilidad tienen un escritor, un pintor o, para el caso, un director de cine sobre sus personajes. ¿Son responsables de las circunstancias que atravesarán sus criaturas una vez liberadas a esos mundos de papel o celuloide? ¿Hasta dónde pueden permitirse intervenir en los hechos que vivirán o el modo en que van a hacerlo? Querida, voy a comprar cigarrillos... comienza en un lugar y quizá una época remota, con la historia de un mercader que es alcanzado y muerto por un rayo en el desierto. Por milagro, y refutando las leyes meteorológicas que indican que un rayo jamás cae dos veces en el mismo punto, el hombre es revivido por otra descarga. Igual que ocurría con Christopher Walken en La zona muerta, ese ir hacia la luz y volver le dejará un don. Pero lejos de Cronenberg, este hombre entre perverso y juguetón (como un chico) no vivirá ese poder como un castigo, ni lo usará con prudencia, sino para divertirse de manera anónima a costa de otros (la vieja diferencia entre “reírse de” o “reírse con”).

Hay quienes creen que el trabajo del artista es el de mero amanuense, un médium, la herramienta indispensable para que las historias pasen del limbo a la materia –un mal necesario–, y que mientras menos se note su presencia, más perfecta será la obra. Enfrente están los que creen que es un demiurgo omnipotente, entre cuyas prerrogativas se encuentra la de poder tener a sus personajes para el cachetazo, sólo por el capricho de contar una historia a gusto. Aquí se ubica el beduino revivido y también los directores. Como se les criticó a los hermanos Coen más de una vez, o a ellos mismos en El hombre de al lado, estos otros hermanos (los Cohn-Duprat) usarán a su personaje para dar con otro, Ernesto, el protagonista de Querida, voy a comprar cigarrillos..., y por su intermedio manipularlo y demolerlo no con uno sino con varios destinos crueles. Ernesto es un hombre aplastado por más de 60 años de una vida rica en frustraciones, a la que los directores, a través de un narrador –Alberto Laiseca, actuando magistralmente de sí mismo–, se permiten calificar de mediocre. Que es cierto: tal vez su vida y Ernesto mismo sean mediocres pero que, también tal vez, sea una conclusión a la que el espectador podría llegar por sí mismo. Claro que la calificación abierta de mediocridad permite un desborde de humor negro y áspero al respecto, y aquí es donde se sospecha el abuso. Como si el juego fuera maltratarlo, aquel beduino del comienzo encuentra a Ernesto en su pueblo y le propone regresar en el tiempo, a la fecha que él desee, para volver a vivir 10 años de su vida de la manera que mejor le parezca. En ese lapso, en la actualidad apenas se demorará lo que tarde en ir a comprar cigarros al quiosco (de ahí el título). A cambio recibirá un millón de dólares. Ernesto volverá a distintos pasados, siempre dando muestras de ineptitud, cobardía y otros defectos. Pero lejos de no tener salida, pareciera que fueran los propios directores quienes se las esconden con malicia, sólo para disfrutar con sus derrotas: es una burla y no una crítica a la mediocridad.

Cohn y Duprat se suben al vértice de una pirámide de depredadores, dedicándose a ver y disfrutar de la paja en el ojo ajeno. Debajo de ellos viene el narrador, que no duda en reírse de la mediocridad de Ernesto, pero también del beduino, quienes, con poder en sus manos, también ellos sólo atinan a maltratar a los demás. El resucitado abusará de Ernesto y éste, de todos aquellos a quienes crea que han colaborado en el pasado para castigarlo con un presente infeliz. El resultado es una comedia efectiva, pero amarga (amarguísima), en la que los directores vuelven a lucirse, sacando a actores como Emilio Disi y Darío Lopilato (quienes interpretan a Ernesto en diferentes etapas de su vida) de sus estereotipos televisivos, para redondear interpretaciones muy interesantes. Mención aparte para las conocidas dotes histriónicas de don Alberto Laiseca, que con su tono entre rural y sádico consigue contar con gracia las crueldades más arbitrarias.

viernes, 6 de mayo de 2011

Dijo la prensa:

"Cohn y Duprat siguen siendo de lo más originales"
Pablo Scholz, Diario Clarín

"Una película audaz, llena de búsquedas e ideas"
Diego Battle, Otroscines.com

"La dupla de directores se consolidó a fuerza de creatividad"
Oscar Ranzani, Diario Página/12

"Una comedia efectiva, en la que los directores vuelven a lucirse"
Juan Pablo Cinelli, Diario Página/12

"Un film con muy buenas ideas"
Gustavo Castagna, Diario Tiempo Argentino

"Un estilo y tono para aplaudir de pie"
Emilio Basile, Escribiendocine.com

"Una película un poco triste y divertidísima"
Marcelo Panozzo, Revista El Amante

jueves, 5 de mayo de 2011

Hoy sensacional estreno



Clarín Espectáculos

Hoy es nota de tapa el estreno de Querida, voy a comprar cigarrillos y vuelvo, dirigida por Mariano Cohn y Gastón Duprat, protagonizada por Eusebio Poncela, Emilio Disi, Darío Lopilato y Alberto Laiseca, autor del cuento original.



Para leer la nota principal y las notas complementarias pinche aquí.

martes, 3 de mayo de 2011

Al cine con Lai

Este jueves se estrena la película Querida, voy a comprar cigarrillos y vuelvo, dirigida por Mariano Cohn y Gastón Duprat, basada en un cuento de Laiseca quien, además, participa en el film. En esta entrevista más detalles (click).


lunes, 18 de abril de 2011

Monstruo completo



Alberto Laiseca publicó su primer cuento, "Mi mujer", bajo el seudónimo de Dionisios Iseka en el diario La Opinión el 19 de agosto de 1973, aunque su escritura estaba fechada casi dos años antes (29 de Octubre. 1971). Las páginas que el suplemento cultural le dedicó al joven escritor incluyen el anticipo de dos capítulos de la novela Su turno (que, por razones de mercado, fue publicada por decisión del editor con el título ampliado de Su turno para morir) y una nota de presentación sin firma que reproducimos a continuación, antes de "Mi mujer", rescatado en hemeroteca para el volumen de Cuentos Completos que Simurg distribuye en estos días en librerías de todo el país. El volumen, merecido homenaje a uno de los escritores más originales de la literatura contemporánea, recopila todos los cuentos que integran sus tres colecciones anteriores (Matando enanos a garrotazos, Gracias Chanchúbelo, En sueños he llorado), otros publicados en antologías y quince inéditos escritos en los últimos años. Una tirada de cabecera de tan solo cuarenta ejemplares, acompañados de un trabajo original del reconocido plástico argentino Jorge Garnica, se imprime especialmente para bibliófilos. Estos libros, numerados y firmados por Alberto Laiseca, tienen encuadernación artesanal y son vendidos únicamente en la sede de la editorial.

Más en www.elblogdesimurg.blogspot.com


martes, 15 de marzo de 2011

Oíd, ánimas y mortales... nuevo horario!

¿Qué mejor marco para contar y escuchar cuentos de terror que un cementerio? Este no es cualquier camposanto, claro, si no el de la Recoleta donde reposan los huesos de próceres y otra gente célebre... aunque, al fin y al cabo, también están muertos.
Alberto Laiseca y el ciclo Noches de luna y misterio se despiden este sábado 19 de marzo, a las 22.30, en el hall del cementerio de la Recoleta. Entrada gratis [se retira media hora antes del comienzo de la función].

Repertorio
La máscara de la muerte roja, de E.A.Poe
El almohadón de plumas, de Horacio Quiroga
La verdadera historia de la mujer de blanco, de Alberto Laiseca

jueves, 17 de febrero de 2011

Monstruo suelto en el éter!

Hoy
Alberto Laiseca en El arca de Mónica
de 18 a 19
FM Cultura 97.9
También se puede escuchar por internet www.fmradiocultura.com.ar

lunes, 14 de febrero de 2011

Aúlla, que hay luna llena!

Este viernes 18 de febrero vuelve el ciclo "Noches de luna y misterio", organizado por el GCBA, en el Jardín Botánico, a las 21.00.
Alberto Laiseca causará espanto acompañado por el murmullo del viento en los árboles y el maullido de los gatos, dueños y señores del parque.
Las entradas (gratis) se retiran a partir de las 20.30. El cupo es limitado.

viernes, 11 de febrero de 2011

La fiesta del Monstruo


¡Feliz cumpleaños, querido Lai!

miércoles, 9 de febrero de 2011

Con letra de molde

Literatura narrada
Noches de luna y misterio
Julieta Molina, para La nación
Foto: Emiliano Lasalvia

Los jardines del Museo Enrique Larreta, en Belgrano, fueron el escenario perfecto para la velada inaugural. Un violinista ofició de anfitrión y acompañó con su música el ingreso de los espectadores. La noche de verano era alumbrada con numerosas velas acomodadas cerca del pasto, en los pasillos de canto rodado. El cielo estrellado, una gran luna llena y un aire húmedo aportaron más misterio al ambiente. Aunque no hiciera falta.
Así comenzó en el Larreta (Vuelta de Obligado 2155) el ciclo "Noches de luna y misterio", organizado por la Secretaría de Inclusión y Derechos Humanos de la Ciudad, que se repetirá todas las lunas llenas del verano.
El programa es una invitación a asustarse y a deleitarse con historias de plumas como Edgar Allan Poe, Horacio Quiroga y el escritor argentino Alberto Laiseca, que también ofició de narrador.

Sombras inquietantes

Un centenario ombú de fondo, un pequeño escritorio, una botella, un par de vasos y un micrófono fue todo el escenario. Laiseca le puso su voz a los cuentos de horror y misterio y deslumbró a los presentes. El pozo y el péndulo , de Edgar Allan Poe; La gallina degollada , de Horacio Quiroga y La venganza de la mulata , del propio Laiseca, fueron las historias elegidas en esa oportunidad.
La voz profunda del relator y sus pausas en la narración atraparon a la audiencia, mientras las sombras trazaban inquietantes perfiles a su alrededor. En una puesta modesta, el violín fue también protagonista cuando cada cuento llegaba a su fin.
"Vivimos cerca, nos gusta Laiseca y decidimos venir. Me parece fantástica la propuesta, que sea al aire libre y una conjunción de arte, música y literatura", dijo a La Nacion Florencia, de 28 años, que fue acompañada por su pareja y está embarazada.
Pablo Mourier, de 50 años, acudió a la cita junto a su esposa y a sus dos hijos: "A mi hijo de nueve años le encantó el cuento de Horacio Quiroga. Está muy bueno... relatos de terror en este ámbito, y Laiseca maneja muy bien los tiempos y las inflexiones de la voz", detalló.
Esta original propuesta cultural se repetirá en las próximas noches de luna llena: el viernes 18 de febrero en el Jardín Botánico y el sábado 19 de marzo en la puerta de ingreso del Cementerio de la Recoleta. Con entrada gratuita y cupo limitado.

martes, 8 de febrero de 2011

¡Luz, cámara, acción!


La película Querida, voy a comprar cigarrillos y vuelvo, dirigida por Gastón Duprat y Mariano Cohn, protagonizada por Eusebio Poncela (foto), Emilio Disi y Darío Lopilato, finalizó su rodaje internacional en las ciudades de Marrakesh y Essaouira de Marruecos, y en Paris, Francia. Los directores y los protagonistas estuvieron los primeros días de enero en África rodando el principio y el final de la película, en varias locaciones de Marruecos ambientadas en el año 1800. A continuación se trasladaron a París, Francia, donde realizó un rodaje en locaciones como la Universidad de la Sorbona y algunas calles del Barrio de Montparnase.

Querida, voy a comprar cigarrillos y vuelvo transcurre en múltiples épocas y países y cuenta la historia de un agente inmobiliario (Emilio Disi) que a través de un pacto con una persona con poderes sobrenaturales (Eusebio Poncela) tiene la posibilidad de viajar a su propio pasado y vivir de nuevo su juventud (Darío Lopilato personifica a Emilio Disi joven).

El film está basado en un cuento inédito de Alberto Laiseca, que también oficia de narrador en off.

El estreno está previsto para mayo de 2011.