sábado, 28 de marzo de 2009

Extrañas formas de erotismo*

“Cuando el sexo se escribe” por Mauro Libertella
Revista Ñ/ Sábado 28 de marzo de 2009


Las mujeres tuvieron (y tienen) una importancia fundamental en mi existencia y en mi obra. Todo lo que hice está dedicado a ellas. Mi Manual Sadomasoporno, por ejemplo. Sin la que fue mi chica no lo hubiera escrito. Doloroso, por cierto. Yo hubiera preferido otra cosa: una obra triunfante y gozosa.
Sin la mujer no hay crecimiento ni vida. Qué es vivir, qué es ser un hombre y un escritor, sólo ellas te lo pueden enseñar.
El erotismo es el impulso básico. Sin erotismo uno no seguiría escribiendo. Y digo más: nunca hubiese escrito.
A veces el erotismo, en nosotros los escritores, adopta formas raras. Tal el caso de Berenice, de Edgard Allan Poe. Este es, de lejos, el cuento más espantoso que escribió. Egeus, el personaje principal, sabe que a su prima Berenice están por enterrarla viva y no hace nada por impedirlo. Antes al contrario: la desdichada ya lleva varias horas en la tumba y él la desentierra para arrancarle todos los dientitos con una pinza larga. “Treinta y dos piezas marfilinas” (sic, en el texto). A este cuento horrendo Poe lo escribió el día en que se casó con Virginia Clemm, su prima. Esto no le impidió ser en la vida real el más amante esposo. Por Virginia dejó de beber. Para que un borrachín deje de darle al trago tiene que querer mucho a una chica. Lo digo por experiencia. En la ficción, en cambio, se daba todos los gustitos perversos polimorfos. Así quedaba en paz para cuidar a su amada Virginia.
Yo, en la vida real, soy tan bueno como Poe. En la literatura soy horripilante. A la que peor traté (que yo recuerde) fue a Analía, de Sí, soy mala poeta pero... La pobre chica es enterrada viva, violada y después va a parar al manicomio donde un médico sádico le hace de todo (con la excusa de que son terapias). De todas maneras tenemos a un japonés enamorado de ella que la rescata. Como se ve la historia, aun con ser horrible, tiene final feliz.
La vida es tan espantosa que, al menos en la ficción, tenemos que rescatar un poco de alegría y amor.

Alberto Laiseca

*Columna de opinión.