domingo, 20 de abril de 2008

Acción!

Exclusivo: Fogwill, Horacio González, Laiseca y León Ferrari, ahora actores de cine

Los “extras” menos pensados

En el rodaje de la película El artista, de Mariano Cohn y Gastón Duprat, los tres escritores y el artista plástico pasaron delante de cámaras para representar a un grupo de viejos en un geriátrico, embotados frente a un televisor.
Por Julián Gorodischer (leer nota completa)



León Ferrari, González y Fogwill hacen de compañeros de geriátrico de Laiseca, un “artista plástico genial".

jueves, 17 de abril de 2008

Décalogo para principiantes

1-Sadismo es amor.
2-Masoquismo es ternura.
3-Vampirismo es protección.
4-Por el culo no es incesto.
5-Una sola vez no preña (licencia poética).
6-El mismo que te abusa, el mismo que te arruina, es el propio que te cuida.
7-Más te arruino, más hay para arruinar. Cada día estás más linda.
8-El sádico le dice a su masoca: “Te voy a martirizar, humillar, violar, preñar y, por fin, abandonar”. Y la masoca le contesta a su sádico: “Abandoname, abandoname. Pero, por favor, nunca me abandones”. Ella es mi chica.
9-Me gusta decirle “puta”. Esto a los fines de vejarla, someterla, transformarla en piltrafita pateable, para que sienta toda la profundidad de mi desprecio. Sólo consigo que ella me mire con cara pícara y me conteste: “Sí. Yo tampoco puedo vivir sin vos”.
10-Te saco incluso el corpiño. Para castigarte mejor.

[Fragmento del Manual Sadomasoporno]

domingo, 30 de marzo de 2008

Catalepsia y corpiños

El Conde Láisek volvió en una perfecta tardecita gris que amenazaba tormenta.
Bajo la cúpula vidriada del bar de Eterna Cadencia, envuelto en una luz mortecina, Alberto Laiseca, metido en su traje de contador de historias, comenzó hablando de la revista Más allá. Editada en la década del 50 y de aparición mensual, se publicaron 48 números a lo largo de 4 años. Un Laiseca adolescente conoció la revista gracias a su tío Enrique que, cuando lo visitaba en Camilo Aldao, le traía los números que habían ido apareciendo en los meses sin verse. El Laiseca ya adulto, ya escritor, ya autor de Los Soria pudo reunir, hace pocos años, la colección completa luego de una ardua búsqueda en librerías de viejo y de coleccionistas. Los 48 números de la Más allá que guarda en algún estante de su inmensa biblioteca con todos y cada uno de sus libros forrados en papel blanco, es uno de sus tesoros más preciados.
Empieza hablando de la revista porque es de allí de donde proviene el relato que va a contar a continuación: una pieza rara de Héctor Oesterheld cuya publicación dio que hablar en las cartas de lectores que llegaban a la redacción de Más allá. Laiseca dice que se armó un gran alboroto con ese cuento y nos habla de la pacatería de la época, los conservadores años 50. ¿Qué fue lo que provocó rechazos y adherencias en partes iguales, comentarios de lectores indignados y furiosos con el contenido del relato, y de otros que defendían y celebraban su aparición? Pues que Oesterheld hablaba en su cuento de tetas y corpiños. "Inocente Maquiavelo reforzado" es un relato plagado de humor y de absurdo, una faceta menos conocida del autor de El Eternauta.
Luego del intervalo de rigor, de haberse fumado un cigarrillo en la vereda y de haber recargado su ración de whisky, Laiseca más Conde Láisek que nunca volvió para narrar a uno de sus autores favoritos, Edgar Allan Poe. Si antes el auditorio se había reído con la historia de dos fabricantes de corpiños y la invención de un gas que, rociado desde un satélite, hacía crecer desmesuradamente los pechos de las mujeres y las posaderas de los hombres, en la segunda parte, con "El enterramiento prematuro", llegó la hora de la inquietud, de enfrentarse con un temor que alguna vez todos hemos experimentado: despertarnos en un sitio oscuro, asfixiante, embutidos en una estrecha caja de madera, baja cuatro metros de tierra húmeda.
El próximo viernes, nuevos relatos.


Foto: Mica Hernández

Los cuentos del Conde láisek
Viernes 4 y 11 de abril
19 horas
Eterna Cadencia/Honduras 5574
Entrada $12

sábado, 1 de marzo de 2008

Laiseca x 2 en revista Ñ

Flora y fauna. Por Diego Erlan.

Luces y sombras
-Contar un cuento en vivo es como que te tiren en paracaídas desde un avión.
-¿No se sabe dónde uno va a caer?
-Exacto.
El escritor Alberto Laiseca está sentado en la vereda de la librería Eterna Cadencia, en Palermo, y habla en voz baja. La tarde lluviosa es ideal para escuchar un cuento de terror del Conde, como lo llaman sus alumnos. Y en esta segunda fecha del ciclo, que continuará en marzo, Laiseca contará "Amargo final", de Eric Frank Russell y "Algo repelente", de William Nolan. En un salón repleto con personas sentadas en el piso, en las escaleras, de pie en la barra, Laiseca comienza a relatar esas historias con un vaso de whisky en la mano y su bigote que araña un micrófono latoso. Laiseca cambia de ritmo, eleva la voz, se queda en silencio. Sus dedos repiquetean en la mesa y sus ojos enloquecen. Hasta que en un momento, las luces comienzan a titilar, bajan su intensidad hasta que todo se convierte en una tarde gris. Laiseca se queda sin micrófono y pregunta si quieren que siga. El público asiente y se prepara para una puesta en escena perfecta.


Reseñas y artículos sobre otros libros
El sexo no cura la mediocridad
¿Tiene sentido dedicar un libro a narrar la estupidez? Esto se pregunta Alberto Laiseca ante la novela de Crace.

Seis, de Jim Crace
Emecé. Lengua Franca. 246 páginas.

Decía Descartes que el movimiento es indestructible. Yo diría que la mediocridad también. Esta novela podría ser considerada un tratado sobre la reproducción de tales engendros. Sin duda Crace es muy bueno para desenmascarar esto. Los “peligrosos” extremistas del café, los revolucionarios de boliche, son sus víctimas predilectas. No falta la mujer histérica (pero dominante) como centro sexual del grupo.
Para las aventuras de sus personajes el autor nos ha fabricado una ciudad imposible de identificar. Por momentos es París, pero tiene algo de Praga y del “destape” español post franquista. Lo hace a propósito, naturalmente. A punto tal que la novela termina con estas palabras: “Pero esto podría suceder en cualquier parte, pensarán ustedes. Así es”.
En este libro hay relaciones sexuales reales, no ficticias. Sin embargo, a causa de la histeria y la cobardía de hombres y mujeres, de “lo hice sin querer queriendo”, del Chavo del Ocho de la televisión mexicana, todo se desvirtúa, nada significa y aun lo físico termina convirtiéndose en una cabalgata de hazañas sexuales imaginarias.
Aquí tenemos mujeres que se acuestan con el primer idiota que encuentran, para recuperar la confianza en sí mismas (bonita manera de lograrlo). Otras que hierven de narcisismo: “… él nunca fue el objeto magnético e irresistible de los deseos de Freda. Ella misma era el objeto de su propio deseo. Estaba completamente deslumbrada consigo misma”.
Los tipos evadidos de la realidad (en el café o en la cama) pululan como las fastidiosas moscas de la fruta. Vidas vacías y desprovistas de coraje personal: “Lix había advertido este hecho vergonzante cuando no era más que un adolescente: el coraje es un recurso natural finito, tan poco renovable como el petróleo, y él ya había agotado sus propias reservas. Desde que tenía dieciséis o diecisiete años, sintió que le esperaban años timoratos”.
Hay un momento en el que los (momentáneamente, al menos) personajes centrales son víctimas de una inundación: “… revelan que alguna vez había sido –hasta el día anterior- tierra seca y hogar de comadrejas, ratas y zorros, todos ellos ahogados hacía tiempo porque jamás habían aprendido a nadar, a trepar ni a volar”. Ya nos percatamos de que los infortunados bicharracos aquí mencionados son, en realidad, estos mismos personajes humanos de vidas anodinas.
En apariencia a Lix (nuestro antihéroe) lo acompaña una maldición: su exceso de fertilidad. Al menor descuido sus chicas quedan embarazadas. En realidad el autor insiste tanto en esto que uno termina por creerle, hasta que al fin uno descubre que el supuesto campo gravitatorio de los embarazos, a causa de lo usuales que son los personajes, resultan lo menos determinante del fin de las relaciones: “… dormían separados, ya sea divididos por un hueco lleno de rabia en la cama o aislados en habitaciones separadas” “`Nadie duda, al menos nadie que lo haya sentido alguna vez, que de las torres de nuestra ciudad´, explicaba Don Juan, mientras pasaban los tranvías, `el amor es la más frágil de todas, está destinada a caer, pues fue construida sólo para ser derribada´”.

sábado, 23 de febrero de 2008

Palermo Horror II

La tardecita estaba ideal: gris y con lluvias intermitentes que empañaban el techo de vidrio de Eterna Cadencia. Ideal para que alguien te cuente un cuento. Ideal para una ronda de relatos de terror en la voz y el cuerpo del Conde tremendo. Habrá sido por eso que en la sala no entraba un alfiler y unos cuantos se quedaron afuera.
Sombrío, Láisek arrancó con "Amargo final", de Eric Frank Russel. Histriónico, con cambios de voces y gestos para cada personaje, siguió con "Algo repelente", de William Nollan. En el medio del relato se cortó la luz (sí, en Palermo Hollywood también hay crisis energética!), luego de parpadeos amenazantes que apagaban y encendían las numerosas arañas del bar. Nadie se quejó, al contrario: nunca un corte de luz fue aceptado de tan buen grado porque qué mejor que terminar el día bajo las sombras de un crepúsculo lluvioso oyendo historias espantosas? Cerró con "El pequeño Johgny", del Teniente Coronel Oscar Estes y, acordes con el parte meteorológico, los espectadores despidieron al Conde con una lluvia de aplausos.



Revista ADN/Sábado 23 de febrero
Gritos y susurros
De qué habla la gente de la cultura cuando casi nadie la escucha

Laiseca y sus personajes

sábado, 16 de febrero de 2008

Palermo Horror


Tengo que salir de esta lluvia.


La garra del monstruo.


Las víctimas, chochas.

En su primera presentación en vivo en Eterna Cadencia, el Conde Láisek les puso los pelos de punta a sus oyentes con espléndidas versiones de "La lluvia" de Ray Bradbury y "La tercera mano" de George P. Mann. Y para que nadie se fuera lo suficientemente tranquilo los despidió con un delicioso cuento chino de demonios.
El próximo viernes nuevos relatos, más escalofríos.

Página 12/Viernes 15 de febrero

Literatura/Entrevista al escritor Alberto Laiseca
Las maravillas del Conde Láisek
El autor de Los Soria “actuará” en Eterna Cadencia. Narrará en vivo los cuentos que durante años estremecieron a grandes y a chicos. “El miedo te hace más fuerte”, dice, y hay que creerle. (Ver nota completa)

"El escritor es un actor, aunque no lo sepa", plantea Laiseca.

lunes, 11 de febrero de 2008

Reseñas y artículos sobre otros libros

Diccionario/ Revista de Letras (Córdoba-Argentina)

Ayesha

Ayesha. Este es el nombre del personaje de Henry Rider Haggard, en su novela Ella (She): una chica muy mala, soberana de los amajaguers, a quien todos (muertos de miedo) llamaban Quien debe ser obedecida.
Pocos autores han tenido la dicha de fabricar un monstruo absolutamente original. En la antigüedad teníamos a las Gorgonas petrificantes, la Hidra de siete cabezas, a la Esfinge de Tebas y a otros pocos. Pero los más originales son recientes: Drácula, el muñeco de Frankenstein, el zombi, el gólem, cyborg (y robot) y la momia. En realidad, si nos fijamos, veremos que el panteón de las bestias está superpoblado por seres híbridos, mezcla de hombres con alegres bicharracos que ya existen en la realidad. Un purista objetaría incluso a la Esfinge, porque tiene cabeza humana y cuerpo de león. Lo mismo cabe decir del hombre lobo.
Ahora bien, ¿Qué significa la palabra monstruo? Según el diccionario es “el ser único en su especie”. Fijarse que no necesariamente ha de ser feo. Pues esto es lo que ocurre en la novela de H. R. Haggard: Ayesha es tan hermosa que los hombres enloquecen por ella. Para no verse obligada a matarlos, las pocas veces que sale de sus pétreas habitaciones lo hace por completo velada, como chica talibán. Hasta las manos debe cubrirse, puesto que ellas solas bastan para el hechizo amoroso (por cierto, no buscado).
Pese a ser contemporánea de Alejandro Magno vive y hace de las suyas en pleno siglo XIX, fresca como una lechugácea. En su momento se bañó en el fuego de la vida y ello le brindó no sólo sobrenatural (monstruosa) belleza, sino también poderes mágicos y algo muy parecido a la inmortalidad. Quien debe ser obedecida vive en un reino sombrío, en las profundidades de África, protegido por pantanos pestilentes. Cruzarlos significa una muerte segura y el paludismo un premio por buen comportamiento, al lado de todo lo que podría ocurrirte. Por de pronto como (y como decía Jorge Luz en “África ríe”) hay “unos mosquitos grandes así, que te sacan el pedazo y se lo van a comer arriba del árbol”.
Ayesha, como ya dijimos, gobierna con mano de hierro a la tribu de los amajaguers, seres primitivos y bestiales que tienen una costumbre deliciosa: a los extranjeros los depositan en un lugar cómodo, donde ya no sientan un dolor ni una necesidad de nada. Eso sí: previamente les ponen de sombrero una vasija calentada al rojo blanco a fin de freírles los sesos. Luego cocinan también el resto y al todo se lo comen. No me parece tan terrible. ¿Acaso ustedes no comen vacas y chanchitos? La antropofagia puede parecer deplorable, así a primera impresión, pero a fin de cuentas es tan solo una costumbre.
Ella, además de una obra maestra, es la novela más original y alucinante que he leído en mi vida. Quien debe ser obedecida es “muy remalísima” (como decía mi hija cuando era chica). Tiene toda la crueldad de una sultana de Las mil y una noches. Si se enoja contigo podría llegar a ordenar, por ejemplo: Cortadle las frutales y verdes frondas. Tronchadlas y metedlas en un frasco de boca ancha, que fue de aceitunas, con ron cubano antiguo, de siete años, a fin de preservar para la historia a sus elípticamente mencionadas partes pudendas.
Proceded ya mismo sin falta. Ahorita. Diría esto mismo, en efecto, sólo que con un lenguaje bastante más ascético.
Sin embargo Ayesha no es mala chica del todo. Tiene mal carácter, es lo que pasa. ¿Pero quién no tiene algún que otro defecto? Sucede en las mejores familias, como decía mi padre.
Nuestra linda y peligrosa monstrua vive con su pueblo en una enorme montaña acribillada de salas y túneles. Miles de años atrás el sitio era el lugar donde los habitantes de Kor, ya desaparecidos, depositaban sus muertos. Seguían un proceso de embalsamamiento único: los difuntos nada tienen que ver con las apergaminadas momias egipcias. Las carnes, los rostros, tienen apariencia de frescura. Como si hubiesen fallecido hoy. Sin embargo son muy inflamables; dichosa circunstancia que es aprovechada por los amajaguers cada vez que necesitan teas para iluminar sus festines antropofágicos. Sus muertitas predilectas son las de pelo largo, porque por ahí arden mejor. Largan llamaradas que recrean la vista. Lo que voy a decir es antiarqueológico, lo sé, pero ¿cómo no entusiasmarse cuando a las difuntáceas les salen chorros de fuego por las orejas, ojos y boca? No lo dice Haggard pero estoy seguro de que también les brotan chorros ígneos de las tetitas. Esta, al menos, es mi expresión de deseos. Si a ello sumamos los alaridos de las víctimas cuando son “envasijadas” veremos que la fiesta es completa. Dejaremos ya de considerar seres primitivos a los amajaguers cuando comprendamos que sus acciones tienen expresión. Y como dijo Oscar Wilde, Príncipe Consorte de la Estética, “Es tan sólo la expresión la que da realidad a las cosas”.
A Haggard le tocaron las generales de la ley respecto a los escritores populares, sean de aventuras o de terror: e l desprecio de la crítica “seria”. El único escritor consagrado que no vaciló en llamarlo genio fue, precisamente, Oscar Wilde, en Sobre la decadencia de la mentira. Un escritor que amo, George Orwell (1984, Rebelión en la granja), dijo (por ejemplo) que los de Haggard eran “buenos libros malos” (Cazando un elefante).
Idéntica cosa le ocurre hoy a Stephen King. No sé que suerte de hechizo maléfico, prejuicio subnormal, pende sobre los escritores de entretenimiento. Supongo que yo, como cualquiera, valoro y admiro a Harold Pinter. ¿Y qué tiene que ver? La imaginación pura es exactamente la mitad del buen arte. Si alguna vez el mundo perece será, precisamente, por falta de imaginación.

Alberto Laiseca

domingo, 10 de febrero de 2008

Reseñas y artículos sobre otros libros

Revista Ñ/ Sábado 2 de Febrero de 2008

AMRITA
Banana Yoshimoto
Fábula. Tusquets Editores. 346 páginas.

Yoshimoto es tan exquisita como un té. Llama la atención el estilo severo, despojado, de la autora. Pese a la aparente simplicidad del lenguaje logra revelaciones deslumbrantes del alma de la mujer japonesa. Los hombres, en cambio, no son tan claros. Resultan por lo menos sospechosos. Salvo los niños.
Sakumi, la protagonista principal, ha recibido un golpe en la cabeza que le ha hecho perder la memoria. A todo lo va recuperando muy de a poco. En ningún momento se dice (este no es un libro para leer distraído), pero la tragedia de Sakumi es la del propio Japón después de pérdida la guerra: cómo seguir siendo japonés luego de semejante “golpe en la cabeza”. ¿Dónde está mi identidad?.
El hermanito menor de Sakumi quiere ser escritor. Esto, en la familia, no parece “normal”. Sobre todo porque admira a Akutagawa, autor de Rashomón, que se suicidó. Cosa curiosa: Mishima, que también se quitó la vida, no da miedo porque él lo hizo por el viejo Japón, que está terminado. Akutagawa, en cambio, es temible por una cuestión de identidad. Se negó a adaptarse.
En ese país hay tres maneras de suicidarse. Una es subirse a un avión “zero” y estrellarse contra el portaaviones Saratoga (es una manera de hablar). Mishima, de alguna manera simbólica, así lo hizo. Otra es seguir vivo pero “normal”. La normalidad es la traición, pero es la única manera de escapar al síndrome Akutagawa. Esto es tan serio que si sacamos a las palabras “sano” y “normal” como factor común, esta novela queda mucho más chica. El horror a ser distinto es constante.
Sakumi tenía una hermanita actriz que se mató. Dice de ella: “Puede ser que, a fuerza de esconder su propia fragilidad simulando en escena una fuerza ficticia, se hubiera formado en ella una identidad llena de remiendos”. ¿Pero no será esto, también, el propio pueblo japonés de hoy?
Unas pocas frases de la novela darán cuenta de a qué peligros (según la autora) se enfrentan los que allí buscan su identidad: “Por la noche, la cocina es un lugar peligroso si se está solo: el pensamiento puede llegar a un punto sin retorno. No hay que quedarse en ella demasiado tiempo. No se puede encerrar en ella a una madre, una mujer, una hija. Los propósitos homicidas, el bortsch más exquisito, el alcoholismo de las amas de casa, todo nace aquí”. “Es un milagro que todos mis conocidos y todas las personas a las que quiero hayan conseguido llegar al final de su jornada sanos y salvos pese a manejar un gran número de instrumentos enormemente peligrosos”. “Todavía hoy, cada vez que se muere una persona que conozco, cada vez que asisto a los llantos y al sufrimiento de los que quedan, pienso, por supuesto, en lo terrible que es acabar así. Sin embargo, la muerte me parece menos sorprendente que el hecho milagroso de que esa persona haya conseguido sobrevivir hasta entonces”.
Cuatro últimas citas: “El aroma del pan recién sacado del horno suscita en mí, no sé por qué, un sentimiento desgarrador”. “En la calle, hacía frío y los transeúntes iban envueltos en sus abrigos, pero en los rayos del sol se respiraba un ligero olor a primavera. Algo nuevo, dulce, brillaba apenas. Quizás estas cosas tan imperceptibles sólo seamos capaces de reconocerlas los japoneses”. “En Japón, la puesta del sol, a diferencia de la de Saipan, tan espectacular, es tenue, frágil, infinitamente delicada, hasta el punto de que si no se tienen los sentidos bien despiertos es difícil verla con claridad”. “El aire puro de un día de invierno en Japón no es ninguna tontería”.
Yoshimoto no toma partido en absoluto por la vieja manera de ver las cosas ni, mucho menos, por las brutalidades cometidas durante la guerra. Antes al contrario. Sólo intenta explicarnos qué difícil es ser raza de islas volcánicas. Parece decirnos: junto a lo malo desapareció lo bueno. ¿Y ahora qué hacemos? ¿Cuál es el camino? ¿Cuál es nuestra identidad?
La sensibilidad exquisita ante el temblor de invierno, o de una puesta de sol que casi no se ve, da una sensación de extrañamiento. El “golpe en la cabeza” cambió todo y hay presión bajo nuestros pies.
Novela más que recomendable.

Alberto Laiseca

viernes, 25 de enero de 2008

Diario Perfil/Domingo 23 de diciembre

"La URSS se hundió por falta de imaginación". [Ver nota completa]

Cultor del realismo delirante, acaba de publicar “Manual sadomasoporno”. En esta entrevista, el escritor que pudo llegar a una audiencia masiva gracias a la televisión habla de la utilidad de la literatura y las falencias de los escritores más jóvenes, y confiesa que se necesita suerte además de talento y trabajo para ser publicado. Reconocimiento, relaciones de poder y la preocupación por que la obra se olvide luego de su muerte, “como le pasó a Marechal”.

Entrevista realizada por Sonia Budassi para Diario Perfil.

martes, 1 de enero de 2008

Libros publicados








· Su turno para morir (1976)
· Aventuras de un novelista atonal (1982, 2002)
· Matando enanos a garrotazos (1982, 2004)
· Poemas chinos (1987, 2005)
· La hija de Kheops (1989, 2006)
· La mujer en la muralla (1990, 2002)
· Por favor ¡plágienme! (1991)
· El jardín de las máquinas parlantes (1993)
· Los sorias (1998, 2005)
· El gusano máximo de la vida misma (1999)
· En sueños he llorado (2001)
· Gracias chanchubelo (2002)
· Cuentos de terror (con video) (2003)
· Las aventuras del profesor Eusebio Filigranati (2003)
· Beber en rojo (2004)
· Las cuatro torres de Babel (2005)
· Sí, soy mala poeta pero... (2006)
· Manual Sadomasoporno (2007)








































viernes, 14 de septiembre de 2007

LA GIRA DEL CONDE POR LA PATAGONIA

Entre el jueves 2 y el domingo 5 de septiembre, Alberto Laiseca hizo lo conocido y lo desconocido, lo esperable y lo inesperado, dejando catalépticas a las ciudades de Trelew y Puerto Madryn.

El cometido principal de la invitación al Conde a la Patagonia fue la presentación del tercer número de la Colección Patagonia Ficción, dirigida por Hernán Bergara y producida por la editorial Tela de Rayón, que posibilitó todas las actividades que se desarrollaron en la zona, incluidas la invitación a Puerto Madryn y su participación en la 6ta Ferifiesta del libro y la lectura en Trelew.

El arribo de Alberto Laiseca al aeropuerto madrynense fue aprovechado por la iniciativa de José Figueras y Quemehuencho, quien entrevistó, en la sede de la Casa de la Cultura y cubierto televisivamente por Archivo Cultural, al Conde durante dos horas a sala llena.

Esa misma noche, ya en la ciudad de Trelew, a sesenta kilómetros de Puerto Madryn, Laiseca deslumbró a todos los presentes, que se apiñaron en el hall central del Colegio Nº 714, sede de la 6ta Ferifiesta del libro y la lectura, para presenciar un acontecimiento: el relato del cuento “La caída de la casa Usher”, de Edgar Allan Poe. Cuarenta hipnóticos minutos retuvieron al público más heterogéneo, desde público habitué de los encuentros culturales hasta adolescentes y estudiantes universitarios. Ni siquiera el mismísimo Miguel Rep, otro de los invitados de honor en la Ferifiesta, pudo sustraerse a la acción. La ovación final fue atípicamente extensa. Allí, sin dudas, hubo un mensaje y una intención, que el Conde leyó adecuadamente, con una felicidad infantil y una gratitud a la altura de la respuesta del público.

El viernes fue una jornada histórica para el proyecto editorial de la Tela de Rayón (más información en: http://www.teladerayon.com/Catalogo.aspx). En el auditorio del diario Jornada, y después de brindar una entrevista exclusiva para Canal 3 Antaxus, se llevó a cabo una verdadera e irónica “noche de gala” para la presentación del tercer número de la Colección Patagonia Ficción, que reúne, en cada entrega, textos de distintos autores bajo temas particulares. Este número, que incluyó a Laiseca, reunió textos porno-eróticos. La presentación constó de la lectura de fragmentos del Manual sadomasoporno por parte del Monstruo, dramatizada por la audaz interpretación corporal de la bailarina y actriz Irupé Barrera, quien, con medias de red y látigo, entabló una simbiosis entre texto y representación que resultó revolucionario dentro de ese género en ocasiones harto solemne como lo es el de la presentación de libros. La escenografía estuvo a cargo de Gustavo Pérez con la participación especial de obras de la escultora Silvia Solís. De fondo, música de Wagner y una proyección de películas de Bettie Page y afines. La representación, inédita incluso para el propio Conde, abarrotó el auditorio y estuvo seguida de canapés porno (fálicos, culáceos, tetuzcos).

El sábado, invitado por el Centro de Estudiantes de la Universidad Nacional de la Patagonia San Juan Bosco (conducido por FUICH) y por Delegación Zonal, con el Mg. Pablo Blanco al frente, Laiseca leyó, en el comedor universitario Luis Yllana, el relato inédito “Se la comió el sapo”, lectura que fue seguida por una charla abierta en la que hubo altísima participación de los concurrentes, y en la que, sobre el cierre, se sortearon cuatro ejemplares de Colección Patagonia Ficción firmados por el propio Conde, además de donarse dos ejemplares más, uno la biblioteca de la Universidad y el otro a la biblioteca del asentamiento trelewense Dignidad, ejemplo vivo de resistencia popular frente a los abusos y a la indiferencia flagrante de las autoridades municipales y provinciales.

Movilizante, inolvidable paso del Monstruo más bueno que nos ha dado la literatura argentina. Un Monstruo colmado, hasta el borde, de amor y responsabilidad. Y, sin que quepa ninguna duda, uno de los más grandes escritores que nos han dado jamás nuestras letras, y que espera, realista, no delirante, el reconocimiento que merece. La Patagonia le pide que se repita, y deja bien abierta, para su retorno, la puerta del viento.

martes, 28 de agosto de 2007

Prólogo a Cuentos sódicos, de Marcia Lo Feudo

No tengo problemas en decir que estos son cuentos geniales, de una extraordinaria sensibilidad. Para mí es un honor prologarlos. Marcia Lo Feudo nos obliga al respeto como mujer y como artista.
Cuando una escritora denuncia el machismo (actitud de muchos hombres que siempre detesté), yo, sin embargo, me pongo en guardia. No sea que caigamos en el feminismo, que es la otra cara de la misma moneda diabólica. Pero aquí no es así. Hay honestidad y dolor de mujer. Si alguien ha padecido el desamor debe decirlo y en esta forma.
El primero de estos cuentos, sin embargo, no trata sobre este tema. Como Roberta todavía nos habla del primer paquete de desilusiones, siendo niña (luego vendrán otros, así, hasta la desilusión final, que es la muerte). Por ahora vemos la contradicción entre lo imposible y lo posible. Sólo nuestra fantasía nos hace poderosos siendo niños. En el cuento la protagonista, en el peor momento (todo auguraba felicidad para ese día), queda violentamente transportada a la horrible tierra de nadie que significa ser mujer de golpe cuando aún todo clama por seguir siendo niña.
El afilador tiene como protagonista al demonio en persona, quien da fin a la utopía del amor mutuo para que dé comienzo al canibalismo social.
Lógicamente, así, la felicidad no es posible ni viable.
Taller de pintura es el primero de los trabajos de Lo Feudo contra el machismo. Queda claro que esta clase de tipos ve provocaciones sexuales inexistentes, sólo porque desean verlas para poder actuar las órdenes del anti-ser. Una piba hermosa e inofensiva es elegida (los que actúan no son conscientes del todo) para construir con ella la obra maestra: volver la juventud, la belleza y la vida al caos. Que se mezcle la sangre con otros colores. Seguir y seguir con lo monstruoso hasta borrar la estética del cuerpo y su expresión.
La noche del silencio o Los patines. La inocencia siempre muere con sangre. Sangre o semen. El fin de la inocencia es un leit motiv reiterado en esta autora.
Triangular. Como prologuista me veo en la difícil situación de hablar tangencialmente de la maravilla pero sin revelarla. De eso se van a encargar los lectores.
De este cuento, por ejemplo, sólo les leo el final:
“Qué lástima la boca.
Qué lástima el amor.
Qué lástima”.
Sí: qué lástima el amor, sobre todo porque este es el centro de toda la tragedia humana.
Piedad láctea. Que en este mundo hay muy poco amor ya lo sabíamos. Sin embargo, la autora logró sorprenderme con un cuento de pornografía delirante, que contiene denuncia espiritual y social. Tenemos aquí a la María Magdalena que con sus tetas redime a la humanidad.
Reina de camilla. Es la historia de un patito feo que tiene la “dicha” de transformarse en muñeca inflable. El Dr. Yepetto (no es casualidad que se llame igual que el padre de Pinocho) sabe “abrir la puerta para ir a operar”. Pero no para ir a jugar, es cosa clara.
Cuestión de piel. Una chica es despojada de su bolso, con sus cosas más íntimas. Pero como está harta de su vida, el detonante callejero del bolso sirve para que, voluntariamente, se saque de encima todo lo que no le gusta. Queda en tetas en Constitución. Juro no revelar tanto de la trama en los próximos cuentos. Pero éste pudo más que yo.
Orgasmo y abandono. También podría haberse titulado “La loca de las medibachas”. Vivir hace sudar. Como en un eterno verano excesivo. Se trabaja casi siempre al pedo y de manera infortunada.
Pese a que, como en todas las obras de la autora, este es un drama, me reí muchísimo. El castigado personaje femenino decide convertirse en un sebo irresistible y mortal para los machistas.
Pero esto no me hizo reír: la falta de solución en el amor lleva al mutuo asesinato en serie.
Eva de nada. Por su exageración el cuento parece no tocarnos. Pero no es así: Lo Feudo lleva hasta las últimas consecuencias el vacío de la mayoría de las personas. Eva, por lo demás, significa “madre de los hombres”. Si le agregamos “de nada” sabemos que quiere decir “de nadie, de ninguno”.
Reinaldo y la bicicleta. “Tengo catorce años y estoy atrapado. Atrapado en un cuerpo que no me pertenece, en una familia que aborrezco, en una escuela que repudio, en un mundo que me produce náuseas”.
Reinaldo quiso crecer en bicicleta. De momento falló pero ya veremos. Crecer es durísimo y, a veces, uno muere en el intento. Si eso quiso decirnos la autora, a través de las desventuras de Reinaldo, sepa que le creemos. Que me lo digan a mí que, salvo pequeños y dichosos intervalos, viví en una cárcel soviética.
El primer comentario que se me ocurre para el relato La mujer feto y el tren es: qué bien escrito y qué riqueza de imágenes. Lo segundo (y esto a nivel ontológico) es la historia del bebé eterno. La madurez cada vez más lejos, sin importar tu edad. La impresión desagradabilísima de que, a veces, uno involuciona.
Mancha estatua. Ante la falta de humanidad en general, los únicos que sienten, como la Diosa Venus (ya carente de adoradores), se transforman en estatuas.
La oscuridad sabe. El comienzo del cuento puede interpretarse como el fin de una relación: “un todo de descomposición y olvido”. En realidad es así pero no de la manera usual. El personaje femenino vive en pareja y –al menos de momento- no piensa en separarse. Pero sí esto: “…residuos de una cena, de un momento que ya no está, que será tragado por el agujero de esa pileta…” “Todas las mujeres del mundo, en ese mismo minuto en que han finalizado sus quehaceres, en el umbral del descanso nocturno, observamos el peregrinaje redondo de los despojos de la pileta. Y nos dejamos ir, agotados la mente y el cuerpo, tras todo un día de labores en que nuestras manos resolvieron tantas cosas que al final resultan obvias y hasta invisibles para el otro”.
Por fin la protagonista es ayudada por otra mujer (ésta no lo sabe), tanto o más necesitada de ayuda que ella.
Espero que la autora no haya querido significar: “Sólo una mujer ayudará a otra mujer”. Espero que no porque sería una inocentada de su parte. No digo que este tipo de ayuda no exista a veces, pero es excepcional. Generalmente para una mujer no hay nada peor que otra mujer. Por desgracia. Qué más quisiera yo que fuese al revés. Nos beneficiaríamos todos.
Pero más allá de cualquier objeción: el genio es el genio y estos cuentos lo tienen.
Si la literatura sobrevive (cosa nada segura en estos tiempos de Internet) Marcia Lo Feudo tendrá un lugar destacadísimo.
ALBERTO LAISECA
Buenos Aires, 4 de Mayo de 2009

jueves, 4 de enero de 2007

sábado, 11 de noviembre de 2006

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