lunes, 29 de octubre de 2012
Este fin de semana en Mendoza
Domingo 28: Durante la jornada del domingo Alberto Laiseca, que se encuentra actualmente escribiendo la novela “La puerta del viento”, adelantó en la Feria del Libro algunos fragmentos de la misma. Se trata de una novela sobre la guerra de Vietnam, una mirada muy particular del autor sobre esta larga guerra, con la que el escritor cautivó a los presentes.
lunes, 22 de octubre de 2012
Alberto Laiseca en Mendoza
Sábado 26 de ocutbre a las 21.30: Cuentos de terror [Sala Azul]
Domingo 27 de octubre a las 18.30: Lectura exclusiva de los dos primeros capítulos de la nueva novela de Alberto Laiseca, La puerta del viento [Sala Violeta]
Toda la info aquí!
sábado, 13 de octubre de 2012
viernes, 28 de septiembre de 2012
Revista Ñ: flora & fauna
El consultorio sentimental del Dr. Monstruo
jueves, 23 de agosto de 2012
Una reseña en Libros en estéreo
JUEVES, 23 DE AGOSTO DE 2012
El monstruo en el arte. Beber en rojo, de Alberto Laiseca.
El editor nos cuenta que: “Está vez, y de la mano de Jonathan Harker, presenta un texto primordial sobre la importancia del monstruo en el arte, que es la esencia y el corazón de esta novela. “¿Qué sería de los artistas sin los monstruos?”, se pregunta Laiseca-Harker para responderse: “El monstruo, en el arte, es una pieza fantástica que, en general, se usa como excusa para saltar a la alegoría (…) Son como máquinas de funcionamiento imaginativo continuo, que siguen brindando trabajo y energía en el mundo del arte y del pensamiento, aún siglos después de muerto su autor (…)”. (…) “Beber en rojo (Drácula) es un palimpsesto laisequiano del clásico de Bram Stoker, con música y decorados de Terence Fisher para la Hammer Production. Al igual que Laiseca, el Conde atesora una voluminosa biblioteca y una gran cantidad de películas con Bela Lugosi, Vincent Price, Peter Cushing y Christopher Lee, y entre otros paralelismos se dedica a la astrología, es politeísta y disfruta de las historias de terror.”.
Alberto Laiseca es el creador del realismo delirante. Él dice que usa al delirio como un proceso para ganar tiempo: “Si escribimos una cosa lineal también se puede decir lo que uno piensa pero ahorra tiempo el delirio, las distorsiones de la realidad y las exageraciones. Uno lo que hace es que a la realidad se la pueda ver con un fuerte foco, como con una lupa, entonces lo mío es delirio pero no solo, sino delirio delirante (…).”. (http://www.elortiba.org/laiseca.html).
En una de las entrevistas le preguntaron qué era lo que más le asustaba de la infancia, y él respondió: “El monstruo que vivía abajo de la cama. Ese era el peor de todos. Cosa curiosa o no tanto mi monstruo era in abstractum. Sí, porque era mi padre, tardé décadas en darme cuenta que era mi padre. El subconsciente no quiere deschavarse, no quiere admitir la realidad. "No, si papá es bueno, no puede ser el monstruo que vive abajo de la cama". Pero era él.”
(http://www.lacapital.com.ar/ed_senales/2009/4/edicion_26/contenidos/noticia_5041.html)
Esta revelación me trajo recuerdos de la infancia. Cuando tenía alrededor de 4 o 5 años, en lugar de pedirle a mi madre que me contara un cuento por las noches, antes de dormirme le exigía dos cosas: que dejara el velador prendido de su cuarto y que mirara debajo de las camas, para ver si había algo o alguien ¿?. Cuando venía a darnos el beso de las buenas noches, miraba debajo de la cama de mi hermana y la mía, para dejarnos tranquilas o, mejor dicho, para dejarme tranquila a mí, que era la mayor y la más miedosa. Recuerdo a mi madre arrodillarse entre ambas camas, levantar una manta-mirar debajo y, luego, levantar la otra y repetir la acción. Ese gesto me generaba paz. De todos modos, a medianoche, despertaba a los gritos y llorando llamaba a mis padres para que vinieran a buscarme, porque una mujer se me aparecía en el umbral de la puerta de la habitación y se quedaba allí, quieta, en silencio, observándome, con cartera en mano (no sé por qué, todavía se me viene a la mente ese dato). No visualizaba su rostro, ni las ropas, sólo veía la sombra del cuerpo mirándome. La sombra se extendía de forma alargada y afinada hacia el comedor, que era donde desembocaba mi cuarto, y llegaban hasta allí los destellos del velador de la habitación de mis padres. Lo fascinante es que en terapia surgió el tema de aquella mujer que me visitaba de noche, y resultó ser mi madre –al igual que el monstruo que vivía debajo de la cama de Laiseca.
miércoles, 18 de julio de 2012
Monstruo a la parrilla
viernes, 6 de julio de 2012
Noticias Editoriales
viernes, 15 de junio de 2012
Revista Comunica
Por Ezequiel Dellutri
Nota completa: revista comunica
sábado, 2 de junio de 2012
Manifiesto estético sobre el horror y el erotismo
martes, 24 de abril de 2012
By Max Aguirre
Los sorias, por Max Aguirre. Revista ADN (producción especial para la 38º Feria Internacional del Libro de Buenos Aires). Sábado 21 de abril de 2012.
lunes, 16 de abril de 2012
Vampiros en el eter
viernes, 13 de abril de 2012
Drácula reversionado
Laiseca y Drácula, a domicilio
La editorial Muerde Muertos ya comenzó a distribuir la nueva edición de Beber en rojo (Drácula),de Alberto Laiseca, con prólogo de José María Marcos. Además del tradicional sistema de librerías, puede pedirse a malpascal@yahoo.com.ar. Precio de tapa: $65. Importante:el envío en Capital Federal es sin cargo. Resto del país: recargo $10.Incluida en la Colección Muerde Muertos, la novela se editó con dos portadas diferentes: una que resalta el erotismo de la obra y otra que pone lo macabro en primer plano. El arte de tapa, titulado en ambos casos “Víctima tímida pero bien dispuesta”, pertenece a Mica Hernández sobre una idea del propio Alberto Laiseca, con la actriz Ana NievesVentura. http://www.muerdemuertos.blogspot.com.ar
viernes, 30 de marzo de 2012
Entrevista en rionegro.com.ar
Alberto Laiseca "No leo, cuento."
El famoso autor comenta a rionegro.com.ar sus experiencias en la escritura, en la vida, sus buenas y malas lecturas y el terror.
Por Guillermo Flores
Actualmente se encuentra escribiendo una continuación de la novela Manual Sadomaso Porno, dicta clases de escritura en el Centro Cultural Rojas, y en grupos a domicilio, y recorre los centros culturales y presentaciones interpretando cuentos suyos o de grandes autores clásicos; cuentos de terror que había ensayado en el programa emitido en I-Sat, hoy de acceso libre por Youtube para placer de todos los oyentes.
La entrevista duró una hora porque a las ocho llegaron sus alumnos para las clases particulares. Algunos de los que vendrán le administran el blog y el correo electrónico. (http://albertolaiseca.blogspot.com / albertolaiseca@gmail.com)
¿Qué opina cuando se dice que algo valorable es que usted es que no se vendió, ni cambió su estilo o modificó sus libros por razones comerciales o pubicitarias?
Bueno, lo agradezco. Pero yo me hubiera vendido de buena gana, sólo que nadie me queria comprar. (Risas) No es tan facil. Mira, hace veintitantos años estaba viviendo en Escobar, acababa de terminar Los Sorias (Simurg, 1998) y acababa de terminar tambien El jardin de las maquinas parlantes (Planeta, 1993), seguia viviendo en Escobar…dije estoy podrido de la pobreza, y lei de Segal, que escribió Love Story1. ¿Sabés cuanto ganó ese pibe por haber escrito una novela que no le debe haber llevado mas de un mes? 40 millones de dolares. No sólo el libros vendidos, eso es lo de menos. Traducciónes, derechos de la película. "Puta, tengo que pegar el golpe", decia yo. "Tengo que escribir un libro así" y me puse sinceramente, y me di cuenta que no podia. Para escribir algo como Love Story tenés que ser como el autor, es al pedo que vos quieras simular… te va a salir una mamarrachada, que no la va a comprar nadie, no va a ser bestseller.Claro, si vos querias un bestseller, sos un boludo. Yo soy longseller y me tengo que conformar con eso.
Usted es reconocido por su novela Los Sorias, con más de 1300 pàginas es una de las novelas argentinas más largas de la historia y es considerada como la novela máxima del período 1999 -2003 en nuestro país. Consideró alguna vez que existe alguna limitación en cuanto a la llegada al público.
Yo no quiero limitar. Las obras son escritas como tienen que ser escritas. Así como tienen el tamaño que tienen que tener. ¿Sabes porque ésto (Señala uno de sus últimos libros, Manual Sadomaso Porno, 76 páginas) no tiene el tamaño de Los Sorias? Porque no tenia que tenerlo: acá está lo que tenia que decir. Incluso hasta es más largo de lo que deberia haber sido. Por ejemplo, en el medio estan esas 16 opiniones. No tienen nada que ver ni con el sadismo, ni con el masoquismo, ni la pornografia: son opiniones sobre fisica, sobre economia. Como digo ahí, no tenia donde ponerlas, asi que las pongo ahí en el medio. Son cosas de las que he pensado muchisimo tiempo, de la fisica sobre todo. Y creo en todas y cada una. De todas maneras son opiniones. Un fisico teórico que las leyó, me dijo: "¿Qué pruebas tenes de todo esto?". Yo como soy un caballero no le quise contestar lo obvio: ¿y qué pruebas tenes vos de que el Big Bang sea cierto? Pero no le dije nada. "Es cierto", le digo, "ahí dijiste una gran verdad. Pruebas no tengo". Pero lo que no le dije es eso: "vos tampoco tenes pruebas. El Big Bang es un acto de fe -ustedes tienen fe, no pruebas- yo no. Creo que la curvatura del universo es mas clara a ciertas radiaciones, y a mayor curvatura, a mayor distancia, más son todas las radiaciones que tienden al azul, son más comprimidas, mas detenidas, y quedan solamente las rojas.
¿Y que otros autores le gustan?
Wilde me gusta mucho.
¿Qué es lo que más le gusta de Wilde?
Su única novela: El Retrato de Dorian Gray, que he leído muchas veces, es una mina de oro. Tiene montones de maravillas. Como aquella que cito de la diferencia entre el amor eterno y el capricho es que el capricho dura más. Ademas del retrato de Dorian Gray, es obligatorio leer dos obras de Oscar Wilde. Podes leerlo todo si se te antoja, pero sobre todo obligatorio: el retrato en primer lugar y después dos ensayos. Uno se llama El crítico como artista, que es formador hasta el carajo, y el otro es sobre La decadencia de la mentira. Los dos muy formadores. Henry Rider Haggard también, el autor de novelas de aventuras. Como She, Las minas del rey Salomón. Si vos leyeras She (Ella), de Rider Haggard, te caés de culo. Estos escritores de hoy dia que dicen que eso no se lee. "¿Ah, si? ¿A que no sos capaz de escribir una pagina con la imaginación de Rider Haggard? Porque hablás tanto con tanto desprecio, es porque no sos capaz…" Tienen que leer ese. También Julio Cesar es una de mis obras favoritas de Shakespeare. Los he leído todas, las obras liricas, algunas cosas muchas veces. Pero también leí montones de cosas que me malformaron. Para sacarme El lobo estepario de Hesse, que es una obra genial, pero muy oscura y muy jodida. Décadas demoré para sacarme de encima El lobo estepario. Es una obra malsana, es genial, yo lo lei por lo menos veinte veces, si, pero es malsana.
¿Como Dostoievski?
No, es distinto. Mira, Dostoievski era un tipo oscuro, pero era bastante buen tipo. Lo admiro mucho. Por supuesto, no estoy muy seguro de que podriamos ser amigos, no estoy muy seguro, pero era buen tipo. En cambio Hermann Hesse era un tipo muy intratable, vanidoso y arrogante, con todas ideas muy oscuras. Mira, Crimen y Castigo y Los Hermanos Karamázov, son un techado de luz al lado del lobo estepario. Noo el Lobo Estapario que parece una cosa tranquila, no, macana. Esa sí que es oscuridad, una oscuridad genial. Por algo lo lei tantas veces. Como es una obra genial también El Golem de Gustav Merim. Si, pero son obras con un trasfondo jodido, yo lo admiro muchisimo a Gustav Merim, muchisimo, pero el Golem es una obra de ontologia muy jodida, muy jodida…
¿Y los cuentos de terror? ¿Como es que se interesa por ese estilo?
Mira de lo que a mi me gusta leer, el primer terror que conoci aparte de las viejitas de mi pueblo que contaban historias espantosas -"mira, ahí esta, esta es la plaza", señala una foto de una plaza con palmeras, me lo regalo la municipalidad de Camilo". Aparte de las historias de las viejas cuando yo era pibe, me cagaba de miedo pero me hacian crecer esas historias.
¿Edgar Allan Poe?
Edgar Allan Poe, sí.. Hoffman por ejemplo, el aleman, llegó tarde a mi vida. "El hombre de la arena", o "Vampirismo", todas esas obras maravillosas de Hoffman, yo las conoci mucho después, no cuando niño o adolescente siquiera, sino en mi primera juventud. Allan Poe, sí. De muy chico. Te diria en el terror me formó Poe. Me llamaba la atención cómo era. Lo leía a escondidas de mi padre, que no quería que leyese a Poe. Lo leía de prepo, a escondidas, me llamaba la atención cómo estaba escrito, el lenguaje que utilizaba, no me parecía posible que un autor usase esas palabras. Por ejemplo, el gato negro.
Una historia de terror.
Si, pero si vos me preguntas si yo sentí terror con alguna de las historias de Poe, te contesto que no, nunca. Lo que sí he sentido, es admiración, y crecimiento, pero no terror. Es otra cosa lo que me ocurrió con Poe que lo admiro tanto.. No, terror he sentido con alguna novela policial, donde no hay un sólo hecho sobrenatural, nada adentro. O en el cine. Yo veía películas en el unico cine de mi pueblo. (Apunta la fotografía de Camilo)... El Real se llamaba, que ya no existe, no hay ni un cine en el pueblo. Veía Drácula, Frankestein. Pero no, no tenia miedo de eso, lo que si me hizo cagar las patas durante meses, no podia dormir de noche, era una película de guerra, Sin Novedades en el Frente, basado en una novela de Erich Maria Remarque.
No la conozco.
Sucede en las trincheras en la primer guerra mundial. Los alemanes avanzan, los esperan los franceses, tictictic, con la ametralladora pesada. Queda una pila de alemanes que te impide la vision del otro lado: todos muertos. Después llega el momento de los franceses de atacar, los esperan las pesadas alemanas, tiquitiquitiqui, la pila asi de franceses muertos, es terrible. Un oficial lo manda a un francés, "Vaya a la tierra de nadie para ver si hay algun movimiento enemigo". "Si, mi oficial". De repente no sé qué carajo le pasa, si le cayó una bengala que mando el enemigo en los ojos. Y viene diciendo: "Socorro compañeros, estoy ciego, estoy ciego…"... Oh viejo, qué lo parió: éeso es miedo. Ma' qué Drácula, qué miedo Drácula o Frankestein. Porque la guerra existe en serio: eso sí que es cagazo. O un asesino genial que va limpiando personas, puede pasar, de hecho ocurre, cuantos crímenes conocemos en el mundo. Entendes lo que te digo, es un espanto, eso es cagazo papa, no pavadas.
1 (Erich Segal, 1970, comedia romántica, adaptación de un guión, estrenado el 14 de febrero de 1970 (Día de Valentín), se convirtio en la obra de ficción más vendida de la década en Estados Unidos, y traducida a 20 idiomas)
martes, 28 de febrero de 2012
Se viene la reedición de Beber en rojo
2. ¿Cómo elige el tema sobre el cual escribir?
A pesar de lo que decía Poe, al que admiro y quiero tanto, eso tiene que ver con los misterios del alma humana. ¿Qué nos lleva a escribir tal o cual cosa? No lo sé. A lo mejor uno recuerda qué detonó el inicio de una novela o un cuento, pero lo esencial está en nuestro subconsciente. Para responder a esta pregunta se necesitaría una vidente o, tal vez, un hipnotizador.
3. ¿Por qué escribe?
Te repito: eso está en el inconsciente. Puedo contarte, sí, que mi novela Los sorias nació de la impotencia. Mi padre me asfixiaba, daba órdenes contradictorias, era mi Hitler aun cuando no fuera de esa ideología, y a los 9 años, la única manera de palear la impotencia era entretenerme con lo que yo llamaba “el juego de las figuritas”: éste consistía en recortar hombrecitos de las revistas y de los diarios, para formar dos ejércitos, uno que atacaba un castillo, mientras que el otro lo defendía. Sin duda, esto fue el principio de Los sorias, con potencias que luchaban buscando el predominio. Allí estaba el problema del poder y qué hacer con él, además de la humanización del dictador, tema que vuelvo a abordar en Beber en rojo (Drácula), con la humanización del monstruo, y en el Manual sadomasoporno, con la humanización del masoquismo.
4. Si no fuese escritor sería...
Cuando salí de mi pueblo Camilo Aldao, en caso de que me fuera mal como escritor, tenía el Plan B de viajar a África del Sur para trabajar y hacerme rico. Era un delirio, ciertamente.
5. ¿Existe para usted una rutina a la hora de escribir? ¿Repentina inspiración o hábito sostenido?
Mi rutina es escribir cuando puedo, cuando tengo tiempo.
6. La literatura, ¿qué rol cumple en la actualidad?
El rol es cada vez menor y corre el riesgo de desaparecer a causa de internet, que hace que los chicos no lean. Es un instrumento muy peligroso, siempre digo que es un invento del Príncipe de los Tinieblas. Obviamente sé que no es así, pues facilita las comunicaciones, el estudio, el acceso a la información. La gente que tiene una formación clásica, que ha leído cuentos, novelas o poesías, aprovechará mejor esta herramienta. Pero la mayoría de los chicos de hoy no leen, y no pueden aprovechar los verdaderos beneficios de internet. Ojalá que esté equivocado en esta idea y el futuro me demuestre lo contrario.
7. Los críticos: ¿cómo define su rol?
Estoy a favor de la tarea de los críticos. A través de una de sus paradojas, Oscar Wilde dice que la crítica es más creadora que la creación. Afirma: “El mero espíritu creador no crea, sólo imita. Sólo el espíritu crítico permite acceder a la creación”. Tiene bastante razón. Por otra parte, debo decir que, en general, los críticos me han tratado muy bien, pero para que la literatura exista se necesitan lectores, y quién sabe qué pasará con ellos.
8. ¿Qué está escribiendo ahora?
Estoy releyendo mucho material sobre Vietnam, para escribir mi novela sobre esta guerra. Hace años que postergué su escritura, porque juzgaba que me faltaban conocimientos. Quizás me sigan faltando, pero debo hacerla: se la debo a mi juventud. Tengo la dedicatoria: “Dedico este libro a los veteranos de Vietnam, a los que estuvieron y a los que no pudieron estar”. En Vietnam, murieron 58 mil soldados. Al regreso se mataron 60 mil. Yo me ofrecí de voluntario. En la Embajada Norteamericana me sacaron volando, y hasta le mandé una carta a Johnson, pero nunca obtuve respuesta. Quería ir para sacarme el miedo. Por fortuna, no me convocaron, porque hoy tengo dos sospechas: primero, el miedo nunca se va, a lo sumo se transforma; y segundo, me hubieran matado y de muy mala manera.
9. ¿Cuál es la última línea que ha subrayado en un libro de otro autor?
Debería citar enteros los ensayos El crítico como artista y Sobre la decadencia de la mentira, de Oscar Wilde, y también su novela El retrato de Dorian Gray. Respecto a esta novela, le llovieron muchas críticas, una de las cuales lo acusaba de que de fuera demasiado paradojal, y él les respondió: “Acepto. Es una novela demasiado paradojal. Pero, a mí, me gusta ver la verdad en la cuerda floja”.
10. ¿Qué le diría a una persona que sueña con ser escritor?
Por un lado, le diría que tenga cuidado con la hipercrítica, que no es lo mismo que la necesaria autocrítica. La hipercrítica es un demonio que paraliza e impide el crecimiento. Por otro lado, Stephen King, a quien admiro pese a su militancia norteamericana que va empeorando con su vejez, escribió un libro maravilloso, que se llama Mientras escribo, que todo escritor o aspirante a escritor debería leer. Allí recomienda dos de las tres cosas que siempre sugiero en mis talleres: para ser escritor hay que leer más y escribir más. La tercera que no dijo King es: vivir más. Entonces, mi recomendación para aquel que sueña con ser escritor es leer más, escribir más y vivir más.
1. Un lugar: No quisiera vivir ni haber vivido en Estados Unidos, que es un país cada vez más violento e injusto. Con el agregado de que, tal vez, sus enemigos sean aún peores. Tuve la suerte de nacer en Argentina y no en Corea del Norte, por ejemplo. Aunque comparto la opinión y el sentimiento de la mayoría de los argentinos respecto a Inglaterra, pienso que si hubiera nacido allí mi obra se hubiera expandido más, e incluso me leerían más en Argentina, traducido por supuesto.
2. Una comida: sushi y sukiyaki.
3. Una bebida: la cerveza y el whisky.
4. Un disco: La tetralogía El anillo de los nibelungos, de Richard Wagner, compuesta por las óperas épicas El oro del Rin, La Valquiria, Sigfrido y El ocaso de los dioses, que trata del renunciamiento del amor por el poder, que en la vida se traduce en la discriminación, la obsesión por el dinero y otras pestes humanas. Debo aclarar que suelo decir que “Wagner es el Mozart de los músicos”. O sea: amo a Mozart.
5. Un libro: “El hundimiento de la Casa Usher”, la obra maestra de Edgar Allan Poe.
6. Un personaje: El Fantasma de la Ópera que, antes de sacarse la máscara ante su amada Christine Daaé (a quien tiene secuestrada), le dice: “Cada uno tiene las citas que puede”.
7. Una película: Nosferatu, de Herzog.
8. Un escritor: Oscar Wilde y Edgar Allan Poe.
9. Un sentimiento: el amor y el miedo.
10. Una palabra: conchaza.
Beber en rojo (Drácula) (Muerde Muertos, 2012)
Cuentos completos (Simurg, 2011)
El artista (Random House Mondadori, 2010)
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| Arte de tapa: Víctima tímida
pero bien dispuesta. Modelo: Ana Nievas Ventura. Arte: Mica Hernández. |
jueves, 26 de enero de 2012
¡A escribir con el Monstruo!
En el mes de febrero arrancan los talleres de narrativa de Alberto Laiseca y la inscripción se abre ahora mismo. Grupos de lunes a jueves. Arancel $200 mensuales.
Informes e inscripción albertolaiseca@gmail.com
¡Cupo limitado!
miércoles, 30 de noviembre de 2011
"ESTOS CUENTOS SON UNA ESPECIE DE AUTOBIOGRAFIA"
"Mis cuentos se fueron haciendo más complejos con el paso del tiempo -dispara Laiseca a Télam-. Releyendo el libro me di cuenta de algo que no había pensado: además de ficción, estos cuentos son una especie de autobiografía de los momentos que viví escribiéndolos, empezando por el más viejo, `Mi mujer` (1973). Son cuarenta años de literatura a partir de ahí".
El volumen, publicado por ediciones Simurg, incluye trabajos de "Matando enanos a garrotazos"; "Gracias Chanchúbelo" y "En sueños he llorado", que se suman a los reunidos en antologías y a quince inéditos que testimonian, en conjunto, la extensa y particular producción cuentística del autor de "Los Sorias" (1998), una de las novelas más importantes -y la más larga- de la literatura argentina.
- ¿Cómo es el proceso de construcción del cuento, a diferencia del de la novela?
Esto nos lleva a la famosa pregunta de cuál es la diferencia entre novela y cuento, a la cual he respondido en muchas oportunidades: no sé. Sé que algo mío puede estar bien escrito, pero no sé por qué.
- ¿Hay alguna teoría del cuento que te interese?
- ¿Qué cuentos te han marcado?
- ¿Y otros autores?
Las novelas de Tolstoi son, sin dudas, sus obras más fuertes, "Guerra y Paz" y "Anna Karenina"; sin embargo, tiene algunos cuentos increíbles como "¿Cuánta tierra necesita un hombre?" (1886); los he leído a todos, son obras maestras. Por eso no es algo incompatible, se puede ser un incomparable novelista y un incomparable cuentista".
"Mi mujer" -escrito bajo el seudónimo de Dionisios Iseka-, es un cuento que siempre recuerdo, es algo que sólo puede escribir un solitario. Más adelante está "El Castillo de las secuestraditas, que es una especie de guión literario, tengo el sueño de que se lleve alguna vez al cine.
- ¿Qué opinión le merece la adaptación cinematográfica de su cuento "Querida voy a comprar cigarrillos y vuelvo"?
- ¿Qué autores nacionales le interesan, nuevos o clásicos?
- Muchos comienzan a escribir y tienen inquietudes de cómo seguir, ¿Qué le diría Laiseca a todos ellos?
Yo tuve mucho miedo a vivir, tanto que un día llegué a la conclusión de que me iba a morir de miedo, joven. Entonces me dije que mejor era morirme tratando de vencer día a día al miedo, haciendo una obra. En este mundo basta que quieras hacer realmente una cosa para que tengas a todos en tu contra. Hay que largarse a nadar sin saber nadar. En realidad, es una lucha que nunca termina, sólo cambia de forma.
viernes, 25 de noviembre de 2011
En el blog de Eterna Cadencia
Una copa de amontillado
Por Alberto Laiseca
Es para mí un misterio la razón por la cual el humor de Poe no tuvo continuadores. Se me dirá: “Cada escritor tiene su propio sentido del humor. Caso contrario nos andaríamos imitando unos a otros”. Cierto. Pero podrían existir aproximaciones, afinidades. No las hay. Al contrario: el sentido del humor de Edgar Allan Poe despierta hostilidad. Para muchos (y lo incluyo yo a Julio Cortázar) lo suyo no es más que muecas horripilantes o sonrisas de calavera.
Escribe Cortázar en sus comentarios a El Rey Peste: “Shanks ha visto aquí ‘una bufonada increíblemente estúpida e ineficaz’. Quizá cupiera ver también un gran fracaso; la primera mitad del relato es excelente, y la descripción de Londres bajo la peste parece digna de cualquiera de los buenos cuentos de Poe; pero hay algo de callejón sin salida al final…”. También cita Don Julio a Stevenson, archienemigo del humor de Poe: “Para R. L. Stevenson, ‘el ser capaz de escribir El Rey Peste había dejado de ser humano”. Un poco exagerado, ¿verdad?
Me llama mucho la atención que si bien la poesía y los cuentos de terror del Maestro son hoy universalmente admirados (a sus ensayos, incluso, si bien se los discute se los respeta), casi toda su obra satírica y humorística es vigorosamente negada. ¿Cuál es el motivo? Para averiguar las profundas razones yo debería ser Sigmund Freud. No lo soy, claro está, de modo que no aventuraré hipótesis psicológicas. Pero que el rechazo masivo me desagrada mucho es cosa clara.
Volviendo al Rey Peste. Los críticos parecen no comprender que precisamente en la segunda parte del relato Poe ha creado unos monstruitos originalísimos y deliciosos. Mi bestia preferida es la Archiduquesa Ana Peste: esa chica joven y horriblemente hermosa, en el último extremo de la tisis y la anorexia. Tiene, además, una nariz tan larga que le llega por debajo del labio inferior. ¡Una joya erótica! Yo, por mi parte, la tendría desnuda y atada por la nariz a una de las patas de mi cama, como si fuese un gallo rojo para que me proteja en mis sueños[i]. Por la mañana la desato y comienza su esclavitud sexual. Porque es mucho el placer que puede proporcionar una chica que no tiene nada que perder y sí mucho que ganar. Una piltrafita pateable, en suma.
A todas estas “humoradas repelentes” (según el decir de ignorantes críticos) me las inspira el humor de Mr. Poe, naturalmente. Yo lo leí mejor que otros.
Malevolencia y distracción en la lectura. R. S. Stevenson (según Cortázar) se enoja muchísimo con Poe porque en El pozo y el péndulo “el personaje no ose decir lo que vio en el fondo del pozo”. “Veía en eso ‘una impostura, un audaz e imprudente escamoteo”. ¡Pero si lo dice! De manera sutil, claro. Las ratas que pululan por la celda y que tienen su cuartel general en el fondo del Pozo son alimentadas por los monjes de carne humana. El horror del personaje al mirar en el fondo de ese abismo es porque comprende que los inquisidores lo han condenado a ser devorado vivo.
Supongo que debemos perdonar a Mr. Stevenson su incomprensión y mala lectura, porque después de todo es el autor de La isla del tesoro y de El extraño caso del hombre y la bestia. Pero lo perdonamos apenas. No deberíamos.
Por otra parte, a quien no le guste el sutil humor e ironía de Nunca apuestes tu cabeza al diablo ¿qué podríamos decirle? Nuestros labios enmudecen porque no se puede explicar el arte. El sabor tan particular del cuento es como el placer que proporciona una copa de amontillado. Yo, por mi parte, soy sumamente tolerante. A quien no le guste esta magnífica narración me limitaré a enterrarlo prematuramente. Quizá el filoso péndulo. O tal vez precipitarlo de cabeza en un torca repleta de ratas; otrosí (como diría un legista) podemos llenarla de gatitos negros hambrientos, que se harán con él un festín. Shaka zulu…
La filosofía de la composición. Nadie le ha creído a Poe cuando nos asegura que creó El cuervo de una manera absolutamente reglada, calculada, matemática. Yo tampoco le creo. Por cierto mucho de lo que dice es verdad. Todos tenemos, antes de empezar una obra, un plan de trabajo. Este sufre las modificaciones que necesite. Gran parte de las transformaciones se deben a nuestro pasado (que enriquece) y a los impulsos subconscientes. Estos, por su parte, son imposibles de reglar. Si se pretendiera dirigir lo que surge abajo, sólo lograremos destruirlo.
A todo esto Poe no debió ignorarlo. Entonces, ¿por qué escribió lo que escribió? Para contestar esto debemos examinar al autor y a sus contemporáneos. Poe era muy poco comprendido en la Norteamérica de aquel entonces. De no ser por un francés (Baudelaire) quizá la obra de este Maestro no hubiese llegado a nosotros. O como dice La Odisea: “Llegarás a Itaca, pero tarde y mal”.
La negación y la continua pobreza pueden afectar a un genio. La impotencia social suele producir arranques de omnipotencia literaria. Es como si él nos dijera: “Sepan que yo soy el Jefe Supremo de todo lo mío”. ¿Quién tiene la culpa de tales arranques? La sociedad estúpida que desgasta y aísla al supremo talento.
De todas maneras La filosofía de la composición está estupendamente escrito, enseña mucho porque no siempre se equivoca, y bien vale la pena leer estas páginas disponiéndose al placer.
Berenice. Quizá sea el cuento más espantoso de Poe. Será por eso que me gusta tanto. El autor decidió quitarle un fragmento para las sucesivas ediciones, cosa que es vigorosamente aprobada por Cortázar. Según él, al restarle ese trozo, el cuento mojoró mucho. Yo no opino así. Por el contrario la obra pierde. En el original, antes de la mutilación, Egeus se acerca al ataúd donde Berenice está siendo velada. El personaje ve que la “muertita” mueve uno de sus deditos. Se calla la boca y deja que la entierren viva. Es un pasaje importantísimo. En cuanto al morbo del fragmento suprimido: no me asusta, es parte del tono de obra y, como todo lo que escribía nuestro genio, memorable.
El final de Berenice es horripilante, como las memorias del burro parlante. No puedo hablar de esto, por desgracia, porque privaría al lector de una agradable sorpresa sádica. Sólo una cosa y aquí paro: cuando Egeus arranca el sudario de la muertita, ella, por consiguiente, queda “desnudiya”. Pero está tan bien escrito y con tanto disimulo, que uno puede pasar décadas antes de comprenderlo.
¿Y por qué la desnuda a su primita? A quien se atreva a efectuarme esa pregunta le contesto muy enojado: usted es un caso perdido desde el punto de vista de la virtud perverso/polimorfa. Lo hace para que las horribles cosas que piensa efectuarle a continuación sean más eróticas. ¿Pero es que acaso tengo que explicar todo? Joderse, dijo el Virrey (como decía mi tío Enrique).
martes, 1 de noviembre de 2011
El viernes 4 de noviembre en Rosario
Una cita con el miedo. Eso es lo que promete el Centro Cultural Bernardino Rivadavia para el próximo viernes a las 20.30, cuando Alberto Laiseca regresará a Rosario para ofrecer Cuentos de Terror, un espectáculo donde el gran escritor presentará sus versiones de "La caída de la casa Usher", el clásico de Edgar Allan Poe, y de "La madre y la muerte", cuento tradicional alemán.
Nacido en Rosario el 11 de febrero de 1941, Laiseca pasó su infancia en Camilo Aldao, en el límite entre las provincias de Córdoba y Santa Fe. Según dice en "la guarida del monstruo", su blog, "trabajó en diferentes oficios en distintas provincias: fue cosechero, empleado telefónico, corrector de pruebas de galera en el diario La Razón". El ciclo Cuentos de Terror, que hizo en I-Sat, y la monumental novela Los Sorias lo constituyeron en un autor de culto, además de sus diecinueve títulos, que incluyen la reciente edición de Cuentos completos.
"Poe estaba convencido de que su mejor relato era Ligeia. Disiento con él en este aspecto: su obra mayor es Usher, que es una pieza maravillosa, colmada de imágenes, detalles y símbolos, y con un clima único", dijo Laiseca, a propósito de uno de los relatos que presentará en el Bernardino Rivadavia, con entrada libre y gratuita.
sábado, 17 de septiembre de 2011
Un café con Usher

El pasado 16 de septiembre Alberto Laiseca inauguró la nueva temporada del Café de la SEA (Sociedad de Escritoras y Escritores de la Argentina), con el comentario y posterior narración de La caída de la casa Usher de Edgar Allan Poe. "Poe estaba convencido de que su mejor relato era Ligeia. Disiento con él en este aspecto: su obra mayor es Usher, que es una pieza maravillosa, colmada de imágenes, detalles y símbolos, y con un clima único”, destacó el autor de Beber en rojo (Drácula), antes de la recreación del cuento. La actividad se desarrolló en el auditorio Francisco Madariaga de la sede de la SEA (Bartolomé Mitre 2815), y en la ocasión leyeron Ana Arzoumanian y Liliana Heer.
Enviado especial José María Marcos
martes, 13 de septiembre de 2011
En la SEA
martes, 30 de agosto de 2011
Hoy en La Voz del Interior
Alberto Laiseca viene a hacer una de las cosas que mejor le salen: leer cuentos de terror. La cita con el destacado escritor es el jueves, en la presentación de “Ciudad X”.
Por Javier Mattio
Las sombras, el bigote, el humo tenebroso del cigarrillo y el relato que avanza inclemente, sin efectismos ni sobrecargas: eran mínimos los recursos de los que se servía Cuentos de terror, el ciclo en I.sat que protagonizaba Alberto Laiseca, para cautivar al espectador. Aunque su obra literaria ya era profusa, el programa televisivo sirvió para proyectar la curiosa figura del escritor argentino hacia un público diverso, desplazamiento audiovisual que coronó con su papel genial y balbuceante en la película El artista.
Este jueves, como si se tratara de un singular bonus-track de Cuentos de terror, Laiseca vendrá a narrar en vivo y en directo al Centro Cultural España Córdoba (Entre Ríos 40) una de sus ficciones de horror favoritas, acompañando la presentación de Ciudad X.
Y no hay dudas de que hay algo primitivo y visceral en ese arte de “contar un cuento”, práctica que trasciende la lectura y la escritura para desplazarse hacia terrenos más “teatrales”, sin abandonar el hechizo hipnótico que despierta cualquier narración; más aún si ese relato es La caída de la casa Usher, de Edgar Allan Poe. “Es una obra maestra –opina Laiseca–. Es la mejor de las obras de Poe, a pesar de que él creía que Ligeia ocupaba ese lugar”.
Si bien el imaginario del terror ha ido renovando sus pesadillas decimonónicas, Laiseca advierte que el género siempre acusó un aura universal: “Yo admiro muchísimo a Stephen King, él es moderno, contemporáneo, pero el terror es siempre clásico. El Resplandor transcurre en una casa encantada, el Overlook Hotel, y tiene los mismos lineamientos de cuando se contaban historias sobrenaturales sin saber leer ni escribir, alrededor de la fogata. El terror es un regreso a las fuentes, al susto primigenio”, comprueba.
¿Y qué hay de su alter ego, el Conde Laisek? ¿Ayudó a cimentar una imagen oscura de Laiseca? “Yo embromo diciendo que soy el Conde Laisek, es parte de la imagen, del cartel –dice–. Soy un tipo sencillo, no me gusta hacer sufrir a la gente ni que me hagan sufrir, a pesar de haber escrito El manual sadomasoporno. Eso fue más bien un juego,Tal devoción por lo lúdico es lo que lleva a Laiseca a ser autor y actor, sin filtros ni afanes “experimentales”. “No hay ninguna contradicción en ser ambas cosas –opina–, yo siempre he dicho que si el escritor es bueno, es actor aunque no lo sepa. Es actor en sus personajes, al escribirlos. De la literatura a la actuación hay un paso muy cortito. Hay que animarse a darlo, nada más”.
Una larga historia
Aparte de sus recientes incursiones extraliterarias, Laiseca es un emblema de culto gracias a su monumental novela Los Soria, descubierta y apadrinada en su momento por Fogwill, César Aira y Ricardo Piglia. Fue gracias a ellos, dice Laiseca, que el libro (y el mito) se puso en marcha.
Hoy, la novela brilla como una solitaria hazaña maximalista, en tiempos en que la narrativa argentina se torna cada vez más breve. ¿Tiene su autor explicación para ese fenómeno de compresión textual? “Tal vez por la ausencia de lectores”, aventura. Y se explaya: “Hoy, ya sea por el uso de Internet o por los juegos electrónicos, los pibes, que son nuestros herederos, leen cada vez menos, y eso es preocupante para el arte y la imaginación”.
“Los escritores se desaniman y tratan de escribir cosas cortas”, sigue. “Pero se equivocan. Las novelas tienen que tener el tamaño que deben tener. Si usted tiene una cosmovisión, sin duda va a necesitar muchas páginas para expresarla. ¿Por qué cree que escribí una novela de 1.300 páginas? No podía desarrollarla con menos. Hoy, mucha gente carece de una cosmovisión”.
Laiseca acude a esa sabiduría de largo aliento para brindar sus talleres, de los que han surgido nuevos nombres que él reivindica: “Hay gente muy excepcional que ha salido de ellos, como Leonardo Oyola, Alejandra Zina o Selva Almada, a quien le presenté Una chica de provincias”.
–¿De dónde sale su vocación por la literatura “bastarda”?
–Leyéndola cuando era chico, advertí que en esa literatura bastarda había mil cosas geniales. Pero también he escrito novelas clásicas como la mujer en la muralla o La hija de Keops o Las cuatro torres de Babel. Los Soria sería una mezcla entre lo clásico y el rescate de lo bastardo.
–¿Qué rol cumple la historieta en esa “mezcla”?
–La historieta ha tenido una importancia enorme en mi vida. Cuando era chico leía algunas completamente delirantes, como Ocalito y Tumbita, que salían en la vieja Billiken, en la época en que la fundó Constancio C. Vigil. Era sobre unas ratitas que estaban en los zócalos y vivían aventuras que no tenían nada que ver con las historias que pasaban arriba, entre los hombres.
–¿A qué se dedica en estos días?
–A ganarme el peso. Mi novela sobre la guerra de Vietnam está detenida hace mil años, desde la baja Edad Media. No la puedo escribir por falta de tiempo, eso me tiene mal. Cada vez las cosas están más caras, y hay que trabajar el doble para ganar la mitad. Eso jode a la literatura.
–Usted se crió en Camilo Aldao, en Córdoba. ¿Tiene vínculos con el lugar?
–Sí, estuve hace poco. Es un pueblito de 5.000 habitantes al sudeste de la provincia, lo adoro. No es un lugar turístico, así que a nadie le recomiendo que vaya, porque ni siquiera tenemos hotel. De todos modos, la mayor parte de mi vida la viví en Buenos Aires.
domingo, 28 de agosto de 2011
Terror en Córdoba
martes, 23 de agosto de 2011
Monstruo suelto en Morón
viernes, 22 de julio de 2011
Hoy en ADN/ La Nación

En el capítulo 131 de Los Sorias (1998), los linyeras del país de Tecnocracia, considerados "animales mágicos" por el tirano Monitor, emprenden la titánica edificación de un "Falso Bayreuth", de mayores proporciones que el teatro original, en el que representarán la tetralogía wagneriana. Como es lógico tratándose de crotos, sus "haraposidades" utilizan chatarra, telas, arpillera, estopa, cajones para vino, velas y todo tipo de descartes. La empresa se lleva a término pero, por la precariedad de los materiales, el teatro se incendia por completo en la primera representación, al finalizar El ocaso de los dioses . Ese episodio es una metáfora precisa de los artilugios del "realismo delirante" acuñado por Alberto Laiseca (Rosario, 1941). Sus relatos toman como materia prima tanto obras canónicas literarias y musicales (Poe, Joyce, Mozart, Wagner) como "desechos" de la cultura: el cine clase B (el terror, la ciencia ficción, el policial), los best sellers, la pornografía, los dibujos animados, las historietas de superhéroes, los lugares comunes del habla y de la música populares, la divulgación científica, el ocultismo. Un punto de partida que comparte con numerosos autores locales que encontraron en el delirio un modo de escapar de la monotonía narrativa. Pero a diferencia del control que brinda el experimento vanguardista en que se amparan obras como la de César Aira, la escritura de Laiseca se pierde sin reparos en la búsqueda de una obra total y desmesurada, en la que cada acierto es el resultado de un avance arduo a través de sus obsesiones. Cuentos completos , que reúne sus esenciales tres primeros libros del género, Matando enanos a garrotazos (1982), Gracias Chanchúbelo (2000) y En sueños he llorado (2001), y agrega relatos más ligeros publicados en diversos medios o inéditos, ofrece un panorama exhaustivo de esa escritura que produce por igual la carcajada y el espanto, la fascinación y el desconcierto.
En un texto de 1983, Fogwill atribuía a la obra de Laiseca las propiedades de un fractal: una forma hipercoherente en la que todos los niveles reproducen la misma estructura. Una misma morfología se repetiría en el léxico y la sintaxis, en la acción y la descripción. Tales características pueden comprobarse en un texto como "Terriblemente, ferozmente, horriblemente", en el que el autor de Matando enanos a garrotazos responde a la mítica admonición que se le adjudica a Borges sobre ese libro ("¿qué se puede esperar de un tipo que empieza en gerundio el título de su obra?") con una declaración de guerra: "Dedicando, entonces, éste, un mi cuento, a los enemigos de siempre. Aquí les ofrezco no sólo gerundios los tales, sino adverbios, frases germanizadas, comas antes de verbo, rimas, hiatos y disonancias de las más pura y clásica cepa roman atonal". Con tal propuesta beligerante, Laiseca borra los límites de la "mala escritura" y crea la extrañeza de un ritmo "exótico" (cuentos hindúes, arábigos, chinos), afecto a producir colisiones semánticas como el encuentro, en un mismo párrafo, de nombres como Biko Peter Gabriel, Gancho Gelatinoso Formol y Robert McNamara. El resultado es la creación de una lengua lujuriosa y barroca "a garrotazos", la forma ideal para narrar historias prodigiosas.
Laiseca reescribe leyendas populares como la mujer sepultada viva de "La verdadera historia de la Mujer de Blanco" o el perro-rata de "El Bobi"; escribe, en "El cuarto tapiado", un cuento de terror total que incluye fantasmas y mansiones góticas, científicos locos, tumbas egipcias y golems; crea una religión hindú de ratas mafiosas en "El poeta Charán" y mezcla casos policiales y zombis en "Perdón por ser médico". Pero algunas de sus obsesiones se destacan y evidencian que su búsqueda va más allá de la mera hipérbole humorística. Discípulo industrioso de Sade, el maestro Lai explora torturas extremas y perversiones que estremecerían a los lectores más osados. Es ejemplar "La isla de los cuatro juguetes", en el que una joven sometida a la represión de su madre se venga convirtiéndola en su esclava sexual, con la complicidad de su padrastro, violador y amante. Como aclara en "Trilogía misógina", no se trata tanto de sadomasoquismo como de "horror y desesperación", y la violencia de estos "cuentos edificantes" tiene un fondo de justificación moral que desenmascara la represión como origen de la crueldad.
Las obsesiones que ocupan sus mejores relatos son, no obstante, las del poder, la guerra, la ciencia y la técnica, las fuerzas de la civilización que hacen al hombre víctima de sus deseos. Entre sus gigantografías, Laiseca imagina la construcción de máquinas de guerra, un tanque y un buque-ciudad-torre de tales dimensiones -más de mil metros de largo y más de quinientos de ancho- que precisan más de treinta mil hombres para ponerlas en funcionamiento y resultan, por supuesto, completamente inútiles por su incapacidad operativa. Inventa una máquina para viajar en tornado que pulveriza a su tripulante en el viaje inaugural. Narra rebeliones militares obstinadas que condenan a la autodestrucción. Una expedición a la tumba de Tutantchaikovsky despierta la ira de la momia de Mozart, y la "escalación de la gran madera" descubre que el gigantesco monolito emplazado en una llanura arenosa no es el resto de una civilización perdida ni un artefacto extraterrestre, sino "simplemente, un lugar a medio hacer".
Cuando narra el fracaso de proyectos colosales, Laiseca logra sus páginas de mayor belleza plástica. Tal es la última visión del tripulante de la nave de "Viaje en tornado": "En cierto momento pasó por un estanque lleno de peces color sangre, y llevóse toda el agua y su contenido. Los animales ahora giraban junto al cuerpo del titán. No habían tenido tiempo de morir y circulaban por su nuevo elemento siguiendo las trayectorias de las líneas de fuerza, como glóbulos rojos marchando en torrente por las venas". Algo semejante ocurre con la explosión de forma y color de las plantas mutantes de "El jardín de los monstruos magnetofónicos".
Como dice el croto Moyaresmio Iseka, el objetivo es "vislumbrar la verdad a través del dislocamiento de las exageraciones". La carcajada crispada que despierta el delirio de Laiseca es el reconocimiento de que su lógica absurda, apenas aumentada por un lente deformante, es idéntica a la de los inútiles esfuerzos de toda civilización por dominar el destino y vencer la muerte.
El humor es un exorcismo contra el triunfo seguro de la entropía y el Anti-ser. En el cuento "Los santos", los habitantes de una ciudad alcanzan la gracia divina dedicando su vida a actividades inútiles, pero realizadas con minucia religiosa. Uno recopila hechos insólitos, otro estudia la magia teórica, otro lee enciclopedias; uno construye, solo, la Gran Muralla China; otro, la Gran Pirámide. El guardián de la ciudad explica al visitante: "El error consiste en tomar a estos hombres como excepciones. Es tarea común a los humanos, sólo que tales trabajos por lo general son parciales e invisibles. Le hablé de lo poderoso de la tentación. Aun así dominarla no resulta irrealizable: basta con rechazar el espejismo desértico para que la arena deje de crecer a costa de la tierra. Sin trabajo interior el hombre se convierte en santo automáticamente. No porque esto sea lo natural, sino a causa de que hoy el mundo está lleno de incentivos y catalizadores en esa dirección". Este relato resume la ambición de la obra de Laiseca: captar tanto el horror como la belleza de los vanos, amorales e irracionales esfuerzos de la humanidad por extender los límites de su dominio. "Más allá: la nada, con todos sus abismos."
Los Sorias, su legendaria novela de 1323 páginas, tardó dos décadas en ser publicada. El derrotero editorial de Alberto Laiseca (Rosario, 1941) tuvo una suerte errática, aunque con los años su populosa obra fue viendo la luz. Entre sus novelas se cuentan La mujer en la muralla (1990), El jardín de las máquinas parlantes (1993) y El gusano máximo de la vida misma (1999). También publicó Poemas chinos (1987) y el ensayo Por favor, ¡plágienme! (1991).
Cuento: "El jardín de los monstruos magnetofónicos". En este relato, originalmente publicado en Matando enanos a garrotazos, Laiseca pone en escena un alucinante experimento con ecos kafkianos.









